Xavier
No suelo frecuentar estos lugares. Nunca he tenido tiempo para perder entre luces bajas, humo de cigarro y copas derramadas sobre barras brillantes. Pero esta noche… Víctor mi amigo insistió tanto que no pude negarme más. Además de que Meredith también insistió para que saliera de mi rutina, cada fin de semana ella pide que le lleve a Bastián para que yo pueda quedar solo y disfrutar.
Agradezco lo que hace, porque se preocupa por mi a pesar de como me comporte antes con ella. Ella es la única que se preocupa por mi y a quien podría confiarle mi hijo si algo llegase a pasarme.
El club es muy ruidoso para mi gusto, hace mucho que no salgo. Me enfoque en mi trabajo y en ser un buen padre para mi hijo.
Víctor no dejaba de hablar por encima de la música, me decía lo mucho que le habían recomendado este lugar.
Fue entonces cuando la vi.
Las luces se atenuaron, la música cambió, y todo el lugar enmudeció como si supiera que algo importante estaba por ocurrir. En el centro del escenario, entre sombras y neón, apareció ella.
Afrodita… así fue como la llamaron y debo decir que el nombre es digno de ella.
No sé si fue su forma de moverse, como si no pisara el suelo sino que lo dominara, o esa mirada altiva y segura tras el antifaz que cubría parte de su rostro. No era vulgar, no era provocadora de la manera en que muchas lo intentan… pero es que sin intentarlo derrocha sensualidad, sus movimientos atraen y provocan sin que ella lo desee.
Su baile es arte envuelto en sensualidad
Por ese instante, olvidé respirar.
Mis dedos se tensaron en el vaso. Deje escuchar la voz de mi amigo, las risas en la mesa de al lado se desvanecieron. Solo quedábamos ella…. Y yo…
No sé qué demonios me pasó, pero cuando su mirada se cruzó con la mía, algo en mí se encendió. Un destello fugaz, una chispa que no había sentido en años. Como si ese simple gesto me desnudara más de lo que yo podría desnudarla a ella. No fue lujuria. Fue intriga. Misterio. Fuego.
¿Quién era esa mujer?
Y sobre todo, ¿por qué me sentí como si la hubiese visto antes, aunque esté seguro de que jamás olvidaría a alguien como ella?
La música terminó, y ella desapareció tras las cortinas como un sueño que no quieres que termine. Me quedé sentado, inmóvil, con el corazón golpeando contra mi pecho como si acabara de correr kilómetros. Algo me decía que esa mujer… iba a significar un problema.
Un muy delicioso y maldito problema.
—Xavier… ¡Xavier! —la voz de Víctor me saco de la nube en la que me había quedado soñando— hermano te quedaste perdido. Es muy hermosa… si te gustó pide un privado o algo más —dijo elevando sus cejas y sonriendo mientras lleva su vaso a sus labios.
Algo más…
Por un momento se me olvidaba la clase de lugar que es este.
—No me interesa —dije llevando mi vaso a mis labios, me tome todo el contenido de un trago.
—Vamos Xavier, la mujer esta muy buena —dijo, su comentario me causó incomodidad.
Observé a mi alrededor y la chica que había bailado hace un momento no estaba por ningún lado, es obvio solo daba su show y luego se marchaba a cumplir con su trabajo tras bambalinas.
No podía sacarla de mi mente, la forma en que bailo, ella capto mi atención desde el segundo en que apareció en el escenario. Es como si cada de sus movimientos me hubiera hechizado y su mirada, hubiera querido ver a un mejor sus ojos.
Víctor se puso de pie, dijo que iría por más tragos. Regreso con una botella, no pienso emborracharme pero parece que él si.
—Malas noticias, Afrodita tiene agenda apretada. Es una lastima —informó cuando tomó asiento.
—¿Piensas acostarte con una de estas mujeres? —cuestione.
«Eres el menos indicado para juzgar a una persona»
Guarde silencio y no espere su respuesta, sabia que sería un si, mi amigo era un libertino, por así decirlo. No se como fue que se volvió mi amigo, pero es una de las personas más cercanas a mi, después de mi hermana y Margot quien lleva trabajando para mi durante años, ella ha durado más que las niñeras.
—Debes salir más seguido para que cojas ambiente, nadie se atrevería a acercarse a ti —comentó, con esa sonrisa burlona que me irrita.
—Mucho mejor para mí —contesté con desdén.
—Vamos, hermano, piensas morir en el celibato.
—¿Quieres cerrar la boca o quieres que lo haga yo? —advertí.
Levantó las manos en señal de rendición.
—No pensabas besarme para cerrarme la boca… ¿o sí? Porque de ese lado yo no bateo.
Casi escupo la bebida. Si mi mirada matara, ya estaría muerto.
—Eres un idiota.
—Un poco, pero sé que así me quieres.
—Cierra la boca o no vuelvo a salir contigo —amenacé.
—No estamos en una cita, Xavier.
Será imbécil, levanto mi mano tentado a darle un puñetazo para que cierre la boca de una vez pero no lo hago, eso crearía un alboroto aquí o quizás nadie lo note.
Nos quedamos un poco más observando a otras mujeres bailar, pero ninguna transmitía lo que Afrodita transmitía. No sé qué tiene ella, pero me hizo desear verla bailar por horas… y estoy seguro de que no me cansaría.
En cambio, las demás solo buscaban que miraras las partes de su cuerpo que tenían al descubierto, invitándote con eso a algo más.
Afrodita es magnetismo, pasión y fuego.
Y yo debo dejar de pensar en ella.
—Me voy —dije poniéndome de pie.
—Pero, Xavier…
—Si quieres, quédate, pero yo ya estuve suficiente tiempo aquí. Nos vemos el lunes en la oficina —dejé unos billetes para su cuenta y me alejé.
—¡Carajo, Xavier! —lo escuché renegar, pero no me detuve.
Algo en mí quería quedarme, pero sabía que si lo hacía, Afrodita no saldría de mi mente.
Y no sirvió de nada. Aún sigo pensando en su forma de bailar, aún la veo en el fondo de mi mente, en ese escenario con las luces bajas. Todavía puedo sentir su mirada conectando con la mía.
…
Recogí a Bastián al día siguiente por la tarde. Mer me hizo preguntas sobre cómo había ido mi noche.
Mal. No pude dormir pensando en esa mujer. No debí haber salido; necesitaba más dormir que ver a una mujer.
Claramente, no le dije eso a mi hermana. Solo respondí que me la había pasado bien. Ella sonrió, satisfecha.
Regresé con mi hijo a casa esa misma tarde. Margot nos tenía preparada la merienda. Vimos algunas películas y jugué un poco con mi pequeño.
Meredith suele decir que a veces merecemos darnos una oportunidad y permitirnos conocer a personas nuevas. A ella no le gusta verme solo. Pero yo no lo estaba: tenía a mi hijo, y era lo único que me importaba.
Ya tenía el amor puro de mi hijo. Yo soy su héroe, su amigo. No creía merecer que él me viera de esa forma… y aun así lo tenía, y eso bastaba.
No quiero vivir esas estupideces de regalar flores y conquistar a alguien sin saber qué esperar. No creo que merezca amor. No después de todo lo que pase.
Cuando Bastián se durmió lo lleve a su cama, me quedé observándolo sonreí. El es lo más hermoso que pude tener en la vida, no se como pude merecerlo, me siento culpable por el hecho de que ahora él crezca sin una madre que lo mime y lo adore. Bastián es muy inteligente y curioso, muchas veces me ha preguntado por su mamá y la conoce por medio de fotografías, pero no sabe la verdad… él cree que ella lo amo aunque yo no se lo haya dicho y la verdad no es así, me duele recordarlo pero su madre nunca lo amo…
—Descansa campeón —dejo un beso en su frente y salgo de la habitación y me dirijo a la mía.
Suelto un suspiro, todo fue difícil después de que me quede solo con Bastián, pero creo que he hecho un buen trabajo y todo ha merecido la pena.
Haz hecho algo bueno en tu vida Xavier…
Kyra
Después de que Xavier estuvo en el club, no quise volver a salir a bailar. Afortunadamente, solo tuve que hacer unos bailes privados. Aun así, cada vez que entraba en esas habitaciones temía encontrarme con él. Sé que no me reconoció, porque si lo hubiera hecho ya estaría desempleada. No ha habido ni una sola llamada de su parte, pero cada vez pienso que será más difícil seguir viviendo así: Afrodita algunas noches… y Kyra de día.
—Cuídate mucho, cariño, y no te olvides de llamarme. Ven siempre que puedas… estaré esperándote, mi niña —la voz de mi madre se quebró. No quería dejarlas, pero esta era una muy buena oportunidad para nosotras. Esperaba durar mucho tiempo con este empleo.
—Llámame si se presenta algo. Vendré siempre que me necesites, mamá… vendré siempre que pueda —la abracé con fuerza, conteniendo las lágrimas a pesar del nudo doloroso en mi garganta—. Cuida de mamá, Camille. No la hagas enfadar… y no llores, que no me voy para siempre. Solo pasaré unos días fuera y regresaré.
—Te voy a extrañar —sollozó mi hermana.
—Ven aquí, llorona —la abracé y besé su frente.
—¿Llevas todo? —preguntó mamá.
Asentí.
—Sí… y si se me olvida algo, no estoy muy lejos. Todo estará bien, mamá.
Fue muy doloroso despedirme de ellas. No las veré en mi desayuno ni en las noches, pero esto lo hago por ellas… por mí.
…
Respiré hondo al llegar a la mansión Leroy, abrazando mi bolso con fuerza. No tenía muchas pertenencias, así que empacar fue rápido.
—Buenos días, señorita Laurent. Bienvenida —me saludó Margot con una sonrisa.
—Buenos días, Margot.
—Buenos días, señorita Laurent… qué puntual —la voz de Xavier resonó en ek lugar y el apareció detrás de Margot. Lo vi ajustando su reloj en su muñeca.
El aire me faltó por un segundo. Su mirada magnética era la misma que aquella noche en el club. Frunció el ceño mientras me observaba, y pude escuchar los latidos acelerados de mi corazón. Por un instante creí que él también podía oírlos. Lo vi negar levemente con la cabeza antes de acercarse a la mesa de la entrada.
—Creo que mi asistente ya le envió los detalles de todo, ¿cierto?
Asentí, incapaz de pronunciar palabra.
—Bien. En ese caso, ya todo está claro. Si algo ocurre con mi hijo, quiero ser el primero en saberlo. Su único trabajo aquí es encargarse de Bastián. Margot se ocupa de lo demás. Mi hijo es su prioridad, Kyra —dijo con firmeza.
Un escalofrío me recorrió desde la nuca hasta los pies cuando me llamó por mi nombre.
No me reconoció… si lo hubiera hecho, ya lo habría mencionado. Será mejor que deje de comportarme como una tonta.
—Entendido, señor Leroy —logré decir, intentando que mi voz sonara firme.
—Bien. Margot le mostrará su habitación. La veré más tarde, señorita —dijo antes de salir de la casa.
Me quedé de pie junto a Margot, intentando que los latidos de mi corazón se normalizaran.
—Al señor Leroy le gusta que lo vean únicamente como jefe, no de otra manera… así que cuidado con eso, muchacha —comentó Margot—. Ven, te mostraré tu habitación.
¿De otra manera? Yo solo estaba nerviosa porque no me reconociera… aunque, ahora, no sé si realmente podría hacerlo. ¿Verdad?