7. Sus ojos...

1664 Words
Kyra La habitación era amplia, más de lo que necesitaba. Una cama impecablemente tendida, cortinas largas que dejaban pasar una luz suave. La ventana tenia vista al jardin, me encanta. Olía a madera pulida y a ese perfume sutil que parecía impregnar toda la casa. Me quedé un momento observando a un punto fijo fuera del jardín, la casa es hermosa y está habitación es más grande que la que yo comparto con Camille. Recorrí el armario, donde ya habían colgado algunas perchas vacías para mi ropa. En la mesita de noche había un libro, quizá era de la antigua niñera o solo era decoración. Lo único cierto es que ese lugar no tenía nada mío, y de pronto sentí la necesidad de hacerlo un poco más… mío. Sacudí la cabeza. ¿En que estaba pensando?. No estaba aquí para decorar, sino para cuidar a un niño. Deje mi bolso en el armario y salí a cumplir con mi trabajo, me dirigí a la habitación de Bastián, abrí la puerta cuidando de no hacer mucho ruido. Él ya estaba despierto aun estaba en pijama, su mirada me encontró y le sonreí, pero él estaba muy serio. Con pasos sigilosos me acerque a él. —¿Puedo? —pregunté señalando la cama para sentarme al borde. Bastián no respondió, solo asintió con la cabeza. Se miraba muy tierno, así rodó despeinado. —¿Estas bien? ¿Te apetece que bajemos a desayunar? —levante mi mano para acariciar su cabello y se movió un poco. ¿Qué había pasado? ¿Por qué de repente me sentía rechazada?. —¿Te quedarás en casa? —pregunto y asentí. —Asi es, tu padre me eligió como tu nueva niñera —respondí con una sonrisa. —A mi no me gustan las niñeras, soy grande y quiero trabajar con papá —dijo cruzando los brazos sobre su pecho. Así que aquí es donde me lo pondrá difícil. —Si eres muy grande, yo se que eres muy capaz de trabajar y ayudar a tu padre, pero por ahora debes divertirte y lo haremos juntos ¿si?. —¿De verdad quieres divertirte conmigo? —pregunta con un brillo especial en sus ojos. —Sí, me encanta la diversión —dije animada. —Tengo hambre. Sonreí al verlo un poco mas tranquilo. —Bien, entonces preparémonos y vamos con Margot. Minutos después salimos de la habitación y lo lleve hasta la cocina. —Buenos días Margot —saludo Bastián. —Buenos dias mi niño, el desayuno estará listo en un momento —le dijo sonriente. —¿Puedo ayudarte en algo? —pregunté. —Esta todo listo no te preocupes —respondió. Asentí y ayude a Bastián a sentarse y me senté a su lado. Me sentía un poco extraña, sobre todo con Margot después de lo que me dijo, sus palabras no salen de mi mente. No vi a Xavier de una manera diferente, solo estaba nerviosa. Bastián desayunó en silencio, yo tomé un café intentando disimular la incomodidad. Cuando terminó, lo miré y sonreí. —Bueno, joven señor —dije en tono juguetón—, es hora de ponerte guapo para el día. —¿Por qué? Hoy no voy al cole —respondió, ladeando la cabeza. —Porque aunque no vayas al cole, vamos a hacer muchas cosas y hay que estar listos. Además, hueles a sueños y travesuras —bromeé. Me miró con una mezcla de sorpresa y risa contenida. Lo llevé hasta su habitación y le pedí que eligiera la ropa que quería ponerse. Escogió unos pantalones cortos y una camiseta con un dinosaurio. —Buena elección —comenté—, pero antes… baño. —¿Ahorita? —frunció el ceño. —Sí, así empezamos el día frescos. Encendí el agua y comprobé la temperatura antes de ayudarlo. Él protestó un poco, pero poco a poco comenzó a relajarse, jugando con la espuma que se formaba. —¿Tú también haces burbujas cuando te bañas? —preguntó con curiosidad. —Claro, soy experta en burbujas —le guiñé un ojo. Se rió, una risa que me alegro el día. Lo estas haciendo bien Kyra. Cuando terminamos, lo ayudé a secarse, peinar su cabello rebelde y vestirlo. Al mirarlo, no pude evitar sonreír. —Listo para un gran día, Bastián. —¿Qué vamos a hacer? —preguntó, con esa chispa de entusiasmo que no había visto al despertar. —Lo descubrirás después de que recojamos tu habitación —dije, alargando el misterio. Y así empezó nuestra primera mañana juntos. Sé que a veces será difícil tratar con él, pero quiero entenderlo; cada momento cuenta para ganar su cariño. Empezaré observándolo y, con el tiempo, sabré todo lo que le gusta. Sé que mi trabajo es cuidar de él, solo eso y nada más. No sé si Margot se encarga absolutamente de todas las tareas, pero durante el tiempo que he trabajado como niñera he aprendido muchas cosas: cada pequeño es diferente, cada uno lleva un mundo de sueños en su mente. En ese mundo no debería haber nada más que imaginación, amor y risas. Algo que me gusta hacer es enseñarles a ser responsables. Sé que Bastián es muy pequeño aún, pero todo empieza poco a poco, y siempre busco que sea divertido para que disfrute hacerlo. Recogimos su habitación juntos. No fue fácil al principio —Bastián intentaba esconder los juguetes bajo la cama en lugar de guardarlos—, pero terminé convirtiéndolo en un juego: por cada juguete que colocara en su lugar, yo haría un sonido extraño. —¡Tic-tac de rana! —dije la primera vez, y él soltó una carcajada tan fuerte que casi se le cae el dinosaurio de las manos. Es la Espero que el señor Xavier no se moleste por esto. Bastián me dijo que era Margot quien ordenaba todos sus juguetes, pero él se divirtió mucho. Al menos eso me indico la bella sonrisa en su rostro. Cuando todo estuvo en orden, me quedé pensando qué podríamos hacer. Afuera, el cielo estaba despejado, un día perfecto para no quedarse dentro. —¿Te gustan las aventuras? —pregunté. —Sí. Pero de las de verdad, no las de mentira. —Perfecto, porque conozco una misión que requiere un explorador experto como tú. Lo llevé al jardín con una pequeña caja que encontré en la cocina, dentro puse lupas de juguete, una libretita, un lápiz y un par de galletas “por si el viaje era largo”. Le dije que teníamos que encontrar tres cosas especiales: una hoja diferente a todas las demás, una piedra con forma rara y algo que huela muy bien. Durante una hora corrimos por el jardín, este lugar en verdad era muy grande, él inspeccionaba cada rincón mientras yo anotaba sus hallazgos como si fuera su ayudante oficial. Me sorprendió lo observador que era; encontró una hoja con puntas rojas, una piedra que decía que parecía un cohete y unas flores que olían tan dulce que casi nos mareamos. Cuando lo miraba así tan concentrado en lo que hacía deseaba tener mi cámara y poder sacarle una foto, creo que cuidar niños me lleva a mi infancia, me convierto en esa niña soñadora que era cunado estoy con ellos y creo que eso me hace más fácil esto. La niña que llevo dentro sale cuando estoy con los niños y disfruto lo que ellos hacen así como también imagino el mundo tal y como ellos lo imaginan. Al final, nos sentamos en el césped con nuestras “pruebas” y las dibujamos en la libreta. —Me agradas Kyra, ya jugaste conmigo muchas veces—me dijo con una seriedad que me hizo sonreír. —Me alegra eso, eres un explorador increíble. Creo que haremos un gran equipo. Después de la exploración, fuimos a la cocina. Margot nos dio pan con mermelada y un poco de leche. Cuando nos sentamos a comer, pensé que, aunque todavía me sentía extraña en esta casa, ese niño ya me estaba abriendo una puerta que valía la pena cruzar y esperaba que Xavier estuviera satisfecho con mi trabajo. Xavier Odio los lunes. Son agotadores y este, en particular, parece más largo que cualquier otro. No puedo dejar de mirar el reloj; aún me faltan varios asuntos por resolver y detesto llegar tarde a casa. Pero hoy, especialmente, me siento ansioso por regresar. Es el segundo día en que Kyra pasa con Bastián y quiero saber cómo ha ido todo. Quiero que mi hijo, por fin, se sienta cómodo con alguien. Margot ya tiene suficiente ocupándose de la casa; no puedo esperar que también se encargue de él, aunque él quiera mucho a Margot. Espero que con Kyra no ocurra lo mismo que con las anteriores. Algo me dice que no será así… ella transmite algo distinto. Esta mañana, al verla, sentí algo extraño. Sus ojos… hubo algo en ellos que me atrapó sin darme cuenta. No sé cómo explicarlo, pero por un instante recordé a Afrodita, esa conexión silenciosa que tuvimos cuando nuestras miradas se encontraron aquella noche. Me sentí un idiota por comparar a dos mujeres tan distintas, y sin embargo, el verde de sus ojos me arrastró a ese recuerdo. Ni siquiera estoy seguro de qué color son realmente los de Afrodita. Sacudí la cabeza, intentando borrar la idea. Quizá sea absurdo, pero hay una similitud en sus miradas que no puedo ignorar. Me gustaría ver a Afrodita bajo una luz distinta… aunque, al fin y al cabo, compararlas no tiene sentido. No conozco realmente a ninguna de las dos. Al final no consigo concentrarme más en el trabajo y decido irme a casa quiero ver a mi pequeño, su sonrisa y su mirada logran hacer que me olvide del mal día que he pasado. Todo vale la pena cuando regreso a casa y lo escucho llamarme con emoción. Quiero que me cuente como ha ido su día con Kyra.
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