10. Privado...

1969 Words
Kyra No cerré los ojos como solía hacer para protegerme del público. No esta vez. Mientras la música sonaba y me movía en el escenario, lo buscaba entre las sombras. Sentía que mis pasos eran guiados hacia él. Sus ojos me seguían con una intensidad que me hizo olvidar la coreografía por un instante. La música vibraba a mi alrededor, pero yo solo escuchaba el latido en mi pecho. Me repetía que debía centrarme, pero no podía. Mi mirada se mantuvo clavada en la suya durante gran parte del show. ¿Qué buscas en mis ojos, Xavier? Afrodita puede verte sin miedo, pero Kyra… Kyra teme que la descubras. Cuando la música estaba por terminar, me detuve en el centro del escenario, moví mis caderas, acaricié mis piernas y no dejé de verlo. Sus ojos me hicieron temblar, una corriente me recorrió y, sin saber de dónde, saqué el valor para sostenerle la mirada hasta el final. Me retiré, no sin antes regalarle un último vistazo. Los aplausos retumbaron, pero yo solo escuchaba el vértigo en mis venas. A escondidas lo observé ponerse de pie. Imposible ignorar su porte, tan sereno, tan dueño de sí mismo, con esa frialdad elegante que parecía envolverlo como un traje invisible. Lo vi caminar hacia la barra, hablar con el camarero, quien lo señaló en dirección a Alicia. No. Que no sea lo que pienso. Que no me busque. —Afrodita —la voz de Nath me sacudió—. ¿Qué ves? —Nada… —mentí. Ella me sonrió con malicia, segura de que había notado algo. —¿Por que te quedaste y no fuiste directo a los vestidores? —pregunta sonriendo— no me digas que viste algo que te gustó. —No digas eso, iré a los vestidores —dije dándome la vuelta, ella camino tras de mí. —A mi me parece que si. Tu baile fue espectacular, dejaste loco a muchos hombres ahí afuera, todos babeando por ti. —¿Sí? Pues no me interesa. —A Alicia si, tienes mucho potencial, más del que demuestras, para ella eres como una mina de oro que pronto querrá explotar —dice entrando a los vestidores junto a mi. —Te aprecio Kyra, pero lo que mostraste hoy ella podría aprovecharlo. —No me interesa Nath, ella sabe que yo no voy a ceder a nada más que no sea bailar —dije con firmeza— además no se de que hablas, baile como cualquier otro día. —No eso no fue así, dejaste fascinados a todos, no se cambio en tu baile, pero había más pasión en el. La mirada de Xavier irrumpió en mi mente, no hice nada que no haya hecho antes, nada más que bailar buscando su mirada. —No es nada de eso, yo me sentí igual. —Mantente firme en tus decisiones, no te dejes convencer por Alicia y... —Afrodita, privado en el doce y luego sigues con la quince —informó Alicia entrando al vestidor —¿Y tu? ¿No tienes trabajo hoy?. —Estoy en mi descanso —respondió Nath. —No molestes a las demás entonces, ella debe seguir trabajando —le dijo con seriedad. —Voy en un minuto Alicia, solo me retoco el maquillaje —le digo. —Apresúrate —ordeno y salió del vestidor. —Lo viste, anda mucho más seria. Bueno iré a ves que es lo que me espera —dijo sonriendo con tristeza. —Yo iré a seguir con mi trabajo. Salí del vestidor y me dirijo al área VIP. Tomé aire antes de entrar, afuera siempre se encontraba alguien de seguridad por si ocurría algún problema. Entre y me encontré con un hombre un poco mayor, solté el aire que no sabía tenía retenido, temí que el hombre que se encontraba adentro fuera Xavier, pero no es así. La música comenzó a sonar y baile, Nath quizá tenga razón en el escenario baile con más pasión, y quizás fue porque inconscientemente lo hice para Xavier. Afrodita lo hizo para él. Termine mi bailey me dirigí al siguiente privado, me sentía ya un poco más tranquila, segura de que Xavier se había marchado. Entré al privado número quince con la seguridad de siempre, sin mirar quién me esperaba. Me quité la bata y cuando levanté la vista… mi mundo se tambaleó. Xavier estaba allí. Sentado con calma, con un vaso en la mano, como si hubiera sabido desde el principio que acabaría frente a mí. Sus ojos no recorrieron mi cuerpo. Buscaron mi mirada, solo eso. La música empezó, lenta, sensual, un hilo de fuego en el aire. Caminé hacia él con pasos medidos, mis caderas marcando el compás, pero por dentro temblaba. No cerré los ojos, no esta vez. Lo miré de frente, sin escape. Y él me sostuvo la mirada como si supiera que Afrodita era solo un disfraz, como si estuviera arrancando mis capas, una a una. Cada movimiento era una confesión muda. Cada respiración entre nosotros era un secreto compartido. Supe entonces que no era un baile como los otros. Era un duelo silencioso, un juego peligroso en el que los dos ardíamos. Su respiración se hizo más pesada cuando me incliné sobre él, rozando apenas su hombro, sin tocarlo del todo. No necesitaba hacerlo. Bastaba la tensión entre nosotros. Bastaba la forma en que sus pupilas se dilataban cada vez que mis labios se curvaban en una sonrisa enigmática. Cuando la canción terminó, quedé tan cerca que podía sentir su calor, podía oler su perfume. Mis labios se curvaron en una sonrisa nerviosa, y su mano se alzó despacio hacia mi rostro, casi tocándome, casi derribando mi máscara. Me alejé de golpe. Recogí mi bata y huí como si la vida me fuera en ello. Pero su mirada permaneció en mí, persiguiéndome, quemándome por dentro. Porque lo supe en ese instante: Xavier Leroy era el único capaz de ver más allá de Afrodita… y eso lo convertía en el mayor peligro de mi vida. Xavier No creí que regresaría a este lugar, pero aquí estoy esperando a verla a ella, no invite a Víctor, él no se quedaría callado y no quería que después anduviera hablando estupideces. Afrodita... hay algo en ella que me trajo fe nuevo a ese lugar. No sale de mi cabeza y quiero que lo haga, no quiero pensar en ella, no suelo pensar en una mujer tanto desde hace años. Pero ella... su cuerpo, su fuego, su manera de moverse… era imposible olvidarla. Volví porque lo necesitaba, aunque me negaba a aceptarlo. No me gustan las distracciones, no me gustan los excesos. Y sin embargo, aquí estaba sentado otra vez, esperando a que apareciera en el escenario. La música comenzó y ahí estaba ella, saliendo como si el mundo entero se detuviera para darle paso. No aparté mis ojos de su figura. Pero esta vez, ella tampoco los apartó de mí. Sus movimientos eran calculados, sensuales, diseñados para seducir. Pero lo que me atrapó fue esa manera de sostener mi mirada mientras bailaba. Como si el resto de los presentes hubieran desaparecido y solo quedáramos ella y yo. No pensé dos veces antes de pedirlo, algo en mí quería saber nada de ella. El chico de la barra me indico quien era la encargada. La jefa de las bailarinas. Pedí un privado, yo no hacía estas cosas, aun así quería verla bailar para mi, justo como en ese escenario. La llevaron hasta mí, a esa sala más íntima, apenas iluminada por luces suaves. Me senté en el sillón, con un trago intacto en la mesa, esperando. Cuando entró, sentí un golpe en el pecho. En sus ojos vi sorpresa, pero luego eso cambió. Afrodita caminaba hacia mí como una tormenta envuelta en seda. Se acercó, y cuando comenzó a bailar… todo cambió. No era como las otras. No era un baile aprendido de memoria. Era distinto. Había algo en su manera de mirarme, en la intensidad de esos ojos que no se escondían detrás del antifaz. No se si en verdad podía sentirlo o solo lo imaginaba... una sensación del tacto sobre mi piel, aunque no me tocara, pero deseaba que lo hiciera. Yo, que siempre he tenido el control, estaba perdiéndolo... con ella. Desaba tanto poder tocarla, alcanzarla, pero habia reglas para verla a ella. "Afrodita no se toca" me habia dejado claro su jefa. Ella se movía con esa ligereza que me enloquecía, como si estuviera hecha de humo, como si nunca pudiera tenerla realmente entre mis manos. Y eso me llenaba de fascinación. Cuando la música llegó a su fin, se inclinó apenas, sus ojos fijos en los míos, y sonrió… esa sonrisa que no sabía si era un arma o un escudo. Su mirada bajo fujazmente a mis labios. Y entonces, antes de que pudiera decir algo, antes de que pudiera detenerla… se fue. Se escurrió por la puerta como si hubiera venido a arrancarme el aire y luego huir con él. Me quedé sentado, con el corazón golpeando en mi pecho, con un deseo que ardía demasiado. Y lo peor de todo no fue su baile, ni su cuerpo, ni la forma en que me provocó sin tocarme. Lo peor fue esa sensación amarga y fascinante de vacío cuando se fue. De que ella me estaba quitando algo sin siquiera darme nada. Afrodita no era solo una mujer más en un club. No. Era un misterio que necesitaba resolver. Y ahora, más que nunca, sabía que volvería… solo por ella, por que hay algo en sus ojos que me atrapan. Pero también creo que lo mejor sería no regresar, no me interesa ninguna mujer, mi único motivo en este mundo es mi hijo... pero Afrodita me llama, me aclama y yo quiero saber más de ella... Kyra Mis piernas me temblaban, como si me faltara el aire. Nunca antes había bailado así, nunca antes había permitido que alguien se metiera en mi piel con solo mirarme. Xavier Leroy… ¿qué tenía ese hombre que me desarmaba de esa manera? Había visto cientos de rostros en este club, miradas cargadas de deseo, de morbo, de obsesión. Pero él… él me miraba como si no hubiera nada más en el mundo que yo, como si cada movimiento mío le perteneciera. Lo odiaba. Y lo deseaba. ¿Qué estoy diciendo? ¿En que estoy pensando?. Me apoyé contra la puerta del vestidor en cunaro la cerre, intento calmar mi respiración. Cerré los ojos, apreté las manos contra mi pecho para detener ese temblor. No podía permitirme sentir eso. No podía entregarme a algo que solo me destruiría. Yo no era Afrodita, yo era Kyra. Tenía una madre enferma, una hermana que dependía de mí, una vida que ocultar. Afrodita podía mirar a Xavier con descaro. Pero Kyra no. El no puede descubrir que ellas son la misma persona, que yo soy quien cuida de su hijo. Lo peor de todo era que, durante ese baile, olvidé la diferencia. Lo miré demasiado, lo busqué con mis ojos como si no existiera otra opción, como si su presencia me obligara a perder el control. —Estúpida… —murmuré para mí misma, mordiéndome el labio con rabia. No importaba lo que sintiera. Yo debía huir, alejarme antes de que me arrancara lo poco que me quedaba de cordura. Afuera, el ruido del club seguía vibrando, los clientes reían, el dinero se movía. La vida continuaba. Me acerque al tocador y me a deshice dela máscara de Afrodita. Me arranqué la peluca, me limpié los labios rojos, y ahí, frente al espejo, solo quedó Kyra: la mujer que nadie debía descubrir, mucho menos él. Porque si Xavier Leroy me descubría… perderia mi empleo y yo ya no se como seguir mi vida... Estoy cansada...
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