Deja de la lado su notaria molestia y fue por la caja de herramientas, trato de reparar el cajón pero con su enfado de saber su familia le fue imposible reparar esa cosa tan simple, así que suspiro para tranquilizar se e irse a dormir, al subir las escaleras no podía evitar que tener que esquivar los juguetes de su hijo, era amigo muy molesto para él, eso lo hizo pensar que tal vez lo que necesitaba si hijo era disciplina, tal vez mandarlo a un internado, como la madre del señor Jacob hizo con él, llego a su recamara y se dispuso a ponerse la ropa de cama para dormir, sin más se dejó caer en la cama se cubrió, dejo su anteojos en la mesita de noche que tenía a lado, junto a su alarma y sin más se dejó atrapar por los brazos de Morfeo. Era claro lo que soñaba, él estaba en un lugar como un palacio lleno de riquezas, pero sobre todo ahí era libre, sin preocupaciones, todo lo que quiera él lo tenía, pero sobre todo él se veía feliz, era lo mismo que soñaba cada noche pasarse por ese palacio bien lo espectacular que era estar ahí, todo iba bien en su paseo de ensueño, hasta que encontró un puerta, que esta no brillaba como las demás, era d en color opaco y no concordaba con la estructura del palacio, era como un pequeño defecto dentro eso espectacular perfecto ante sus ojos, la curiosidad de que había del otro lado de la puerta lo impulsó abrirla, encontrándose con un lugar vacío sin luz, gris con el ambiente pesado a su alrededor, se adentró dentro de ese lugar vacío, todo le era abrumador, hasta que oyó alguien llorar la fondo de esa habitación, se acercó lentamente y vio un niño pequeño estando de espaldas llorando, con un parecido como si fuera su hijo, pensando que era él se acercó para poder saber el motivo de su tristeza que lo hacía llorar.
- ¿Por qué lloras?
- Mi...Madre.
- ¿Qué tiene?
- Es mala conmigo.
- ¿Por qué lo dices?
- Me regaña, me castiga por todo... me dice que no soy perfecto para ella.
Él se acercó para poder ver la pequeño, pero al verlo al rostro se llevó la sorpresa que no era su hijo, era él de pequeño, como en su niñez, donde siempre lloraba después de que su madre le regañaba y lo castigara cruelmente al no cumplir con sus expectativas. Ese vacío de esa habitación se tornó a un viejo recuerdo ya olvidado de varios de su niñez, el estando en su habitación de pequeño llorando por no cumplir con los objetivos impuestos por su madre frustrada al no cumplir sus sueños por haberlo tenido; se vio así mismo de pequeño llorando en el rincón de habitación, mientras que ese pequeño se estremecía al ver la figura que estaba en la puerta, él no podía distinguir de quien se trataba, pero mientras la figura avanza a él de pequeño se dio cuenta con miedo, uno que no sentía desde niño, esa figura era su madre con un fuete en la mano.
- Querido hijo, entiende que hago esto por tu bien.
Decía su madre con una sonrisa sínica en el rostro hacia el pequeño.
- Debes de hacer lo que digo, ya que si no, no eres un buen hijo ni yo ni una buena madre, ¿A caso quieres que eso diga las personas de tu madre?, ¿Acaso eres un mal hijo?
- No...
- Pues parece que sí, están siendo un mal hijo y me haces ver como una mala madre.
En ese momento sintió pavor, miedo y misericordia, al ver a su madre levantar el fuete que tenía en su mano.
- No madre...por favor...no.
- Eso debiste a ver pensado antes de a ver fallado en sus decisiones.
- ¡No por favor madre! ¡No!
- Te lo merecer por ser malo, Jacob.
En ese momento el señor Jacob despertó agitado y con terror en su rostro al soñar ese recuerdo de su infancia.
- Cariño, ¿Estás bien?
- Si, vuelve a dormir.
Suspiro hondo y cerró los ojos para continuar dormir, ya a pesar de haber tenido esa pesadilla no quería hablar con su esposa.
- De acuerdo, descansa.
Su esposa ya no insistió y se sintió aliviado, así que sin más importancia volvió a intentar dormir. El día siguiente despertó con una pesadez por eso suelo que era uno temor de niño, su madre, eso al pensarlo de daba una jaqueca más que horrible, se sobo las sienes con las llenas de los dedos, antes de levantarse y empezar su rutina diaria. Todo iba normal como todos podías más que estaba no había carne en la nevera por lo tanto, se sintió no molesto, si no enojado por no poder satisfacer ese gusto de sentir la carne cruda al comerla en su boca, sin más se conformó con un vaso de leche, vio el plato de comida que siempre le deja su esposa en la nevera, pero antes de sacarlo y tirar su contenido como de costumbre, oyó unos pasos cerca después de una palabra.
- Jacob.
Era su esposa que ya estaba despierta, era claro que no estaba nada a gusto al estar con ella.
- ¿No vas a comer?
- No tengo apetito.
- Cariño.
- ¿Qué?
- ¿Te podrías quedar hoy en casa?
- No creo que sea posible.
- Pero...
- Me tengo que ir.
El señor Jacob cerró la nevera y sin más se dirigió a la salida de su casa lo más rápido y natural posible, hasta que oyó otra voz a sus espaldas, al estar cerca de la puerta.
- ¿Papito...?
Era su pequeño hijo adormilado, le molestaba ver a su familia, pero más al pequeño por la pesadilla de anoche.
- ¿Ya te vas?
- Si ya me voy pequeño.
- ¿No te quedas conmigo y con mamá a jugar?
- No tengo que ir a trabajar.
- ¿Pero enserio no puedes faltar hoy cariño?
- No puedo.
En ese momento vio a su hijo poniendo una cara de tristeza, pero el sentía algo de miedo ya que recordaba lo que había soñado.
- Jacob, ¿Cariño de verdad vas a ser un mal padre y no te quedarás con nosotros hoy?
"Mal padre", resonado eso en si cabeza ya que eso le recordaba a lo que le decía su madre, "mal hijo", sin más tomo su maletín y las llaves de su automóvil.
- No puedo, hasta luego.
Después de decir eso se fue de la casa, subió rápido a su automóvil y compuso en marcha, pero al ver su reflejo retrovisor vio a su esposa cargando a su hijo, ¿Era mala persona?, no, pero no podía a seguir con el tipo de vida que tenía. Ese día no fue al trabajo, tendría un regaño por parte de su jefe seguro el siguiente día o tal vez no, así que fue a un lugar donde en su niñez y adolescencia iba, fue a un risco a contemplar el paisaje donde ahí solo podía encontrar calma y paz siempre iba ahí cunado quería olvidar se dé su casa y de su familia que era su madre en ese entonces; pensaba seriamente en pedirle ya el divorcio a su mujer y así no seguiría con ella en buenos términos, sería lo más correcto que huir sin ver atrás, ¿Quiso y amó a su familia en algún momento?, por supuesto que sí, pero había algo dentro de él que era claro no demostrar, odiaba tener la vida perfecta que tenía, era todo lo que una vez quería en él su madre, que fuera perfecto a lo que ella quería, siendo eso en que se convirtió y eso le repugnaba. Después de estar calmado fue al establecimiento de siempre a pesar que aún ni era medio día, el bartender le sorprendió verlo tan temprano en el lugar.