Bastián vio salir a Franchesca de su oficina, sus ojos la siguieron, en su mirada sólo había decepción y dolor. Ella era una buena mujer, pero ya no la amaba, solo la unía un hijo. Tomó nuevamente el vaso y lo volvió a llenar con el licor que estaba ingiriendo desde la mañana, necesitaban anestesiar el sentimiento que tenía en su pecho por aquella situación en la que estaba viviendo. Abrió el cajón de su oficina y sacó un pequeño aparato y lo incendió y la luz roja le indico su funcionalidad, para que éste interrumpiera cualquier frecuencia de radio o telefónica para evitar que lo escucharan. Después fue y cerró la puerta de la oficina con llave y sacó su teléfono y comenzó a marcar unos números. —Marcial, soy Bastián — dijo al momento que escuchó la voz al otro lado de la línea — ¿Cómo

