CAPÍTULO 57: VOTOS DE FUEGO Y CAÑA

1284 Words

El aire en la terraza de la Villa se había vuelto espeso, cargado de un magnetismo que hacía que los vellos de mis brazos se erizaran. Ya no escuchaba el tintineo de las copas de cristal, ni los susurros de los invitados que, hace solo unos minutos, estaban escandalizados por la sencillez de mi vestido. Todo ese ruido se había disipado. Solo quedaba el sonido rítmico de la respiración de Dante y el calor de sus manos envolviendo las mías. Él no me soltaba. Sus pulgares trazaban círculos lentos, casi perezosos, sobre mis nudillos, y esa presión era lo único que me mantenía anclada al suelo. El oficiante nos hizo una seña, indicando que era el momento de las promesas. Dante dio un paso hacia delante, acortando ese último espacio de aire que nos separaba, y por un segundo, vi cómo su mandíbu

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