Los últimos días de la semana fueron una copia exacta de aquel día. Visitaron el Palacio de Versalles, algunas iglesias y el Louvre dos veces. El portero del edificio le hizo llegar los documentos que esperaba, y ella envió un mensaje a sus padres para hacérselo saber, sin recibir respuesta alguna. Ya no la llamaban, y ella tampoco quería llamarles: estaba segura de que ni siquiera le habrían contestado. Solo Leone le escribía, y un día le mandó un mensaje de parte de su madre: —Regina, tranquilízate. Tu padre entrará en razón. Cuídate mucho, cariño.— Soltó un largo suspiro. De verdad esperaba que fuera así. La semana anterior le había parecido unas vacaciones, pero la siguiente ambos tenían compromisos: ella debía incorporarse al restaurante, y él tenía que ocuparse de algunos trámi

