Al día siguiente, Regina fue despertada por los besos de Quarin y por el aroma del café. “Bonjour, dormilona.” Le dio un besito. Ella le respondió con una amplia sonrisa. “Uhmm... ¡Desayuno en la cama! Sabes perfectamente cómo conquistar a una mujer.” Mientras comían, él le explicaba las maravillas que visitarían aquel día. La jornada era espléndida, y cálidos rayos de sol llegaban hasta la cama. Se sintió inmediatamente más optimista. Estaba en París, con Quarin, y en pocos días empezaría a trabajar en la cocina de un restaurante con estrella Michelin. Salieron caminando, de la mano, y se dirigieron a lo largo del río, disfrutando del paseo y de la atmósfera romántica de la ciudad. Quarin vestía de manera informal, con vaqueros y camiseta, intentando pasar desapercibido ante posibl

