Regina insistió en volver a casa, entre el calor del verano y el de los fogones no se sentía lista para probarse ropa antes de ducharse. Así que fueron a casa, y mientras Jacques examinaba su vestidor, Quarin le habló sobre la velada de gala, pero Jacques ya tenía muy claro en su mente la magnitud del evento y la elegancia esperada. Sabía que contaba con todo el presupuesto que quisiera y estaba deseando vestir a Regina de pies a cabeza; disfrutaba muchísimo haciendo de asesor de imagen con esas premisas. Una vez listos, bajaron al garaje del edificio y se encontraron con un coche muy elegante, un Tesla blanco con detalles en oro. Bajó un hombre de unos cuarenta años, con el cabello entrecano muy corto, vestido sobria y elegantemente, y los saludó con una ligera reverencia. El príncipe

