Regina soltó un suspiro de alivio: por poco no lo lograba. Se apresuró a entrar en el vestuario para cambiarse rápidamente. Quería salir cuanto antes; con esos dos, nunca se sabía. Estaba a punto de salir cuando oyó a Hugo, el maître, alzar la voz: “¡Monsieur! ¡Espere en la entrada, por favor! ¡La señorita llega enseguida!” Abrió la puerta y se encontró con su novio, detrás de él un Hugo jadeante que intentaba alcanzarlo. Un poco sorprendida, ella le sonrió. “¡Quarin! ¡Hola! ¿Por qué has venido hasta aquí?” Quarin se asomó al vestuario, examinando los alrededores. “Te estaba buscando, cariño,” le sonrió, dándole un beso rápido en los labios. “Bien, ya me has encontrado. Podemos irnos.” “Claro. Uhm… bonitos locales los de este restaurante, nunca había llegado hasta aquí.” Ella se

