Regina había aceptado, pero ahora tenía dudas. No sabía por qué, quizá porque Kahan devoraba a las mujeres y luego las escupía. Y eso lo notaba en la piel también ella, no sólo porque se lo hubiera dicho el príncipe. De todos modos, ya había aceptado y trataba de calmarse. ‘Qué será un helado… una probadita rápida y luego volveremos. Muy fácil. ¿Y cómo me visto? ¿Qué tengo de decente?’ Le vino a la mente el vestido rojo. No, era demasiado elegante, tampoco le convenía. Además no tenía zapatos adecuados para combinarlo… paciencia, se pondría lo que tenía, con la esperanza de que él saliera con ropa informal. Por la tarde, antes del servicio en cocina, se le acercó un grupito de chicas; entre ellas estaba Iris. “Bueno, Regina, ¡felicidades! ¡Sabemos que esta noche sales con el visir Kah

