¡No es un sueño! ¡En serio me voy a casar!

2329 Words
PVO Cassidy. «Es un sueño, un sueño, no puede ser real, porque si es así, me muero, me muero». Salgo del baño con la mano en el pecho y la piel cubierta de sudor frío. Me quedo mirando hacia la nada —a pesar de que hay música y personas a mi alrededor— e intento reconstruir lo poco que mi mente logró retener de ese sueño húmedo. Húmedo, sí. Porque estoy empapada hasta los calzones. Elrik, ese rubio engreído de Temu, me persigue a todas partes. Incluso en mis sueños se rehúsa a dejarme en paz, a dejar de ponerme nerviosa. Y lo peor es que aquel roce y ese beso que nos dimos en el baño dejaron algo claro: algo me está pasando. No sé exactamente qué es, pero sí sé que quiero volver a ese baño y que me mire así otra vez. Que me toque como lo hizo. Con ese descaro. Con esos ojos azules tan hermosos como peligrosos, cargados de deseo, capaces de desarmarme por completo y volverme loca. Y eso es lo que más me inquieta. —¡Cass! Ja, hasta en mis sueños escucho la voz de Ori. —Este sueño ya me está asustando —susurro, deteniéndome en medio de la gente. —¡Aquí estás! —llega hasta mí y me sujeta de la mano—. ¿Dónde estabas, eh? Te busqué por todos lados y no te vi. —En el baño —le respondo desganada. —¿Baño? Pero dijeron que está malogrado y no dejaban entrar a nadie. ¿O acaso hay otro? —¿Malogrado? —Ahora que lo pienso, en ese momento tan húmedo de mi cabeza, no hubo ni una sola persona ahí—. Espera. Toco su rostro y pellizco sus mejillas. —¡Auch! —se queja—. ¿Qué haces, Cass? Eso dolió. —Para ser un sueño eres bastante real, Ori —suelto una risita nerviosa—. Además, tú no deberías estar aquí, sino en tu casa preparando el informe de nuestro último trabajo. Y yo ¿a qué vine? Oriana estalla en carcajadas, como si hubiera escuchado el chiste del año. En serio, todo esto empieza a sentirse demasiado real, y eso ya me asusta. —Mira —me señala—. Ahí está Kenny. Dijiste que saldrían juntos como disculpa por su fallido San Valentín. ¿Y por qué estamos aquí? Pues nuestro jefe nos dio pases exclusivos para este club como regalo de bienvenida. Sonríe con emoción. —¿No es genial? No lo conozco, pero ya me cae bien. Es cierto, estaba en una cita con Kenny. ¡Cómo lo pude olvidar! Me quedo en silencio, viendo cómo Kenny es abordado por un par de nuestros compañeros en la que debería ser nuestra mesa. Solo para nosotros dos. Esto es... —¿No es un sueño, verdad Ori? —¿Sueño? —De nuevo se echa a reír—. Por Dios, Cassidy, no me digas que te tomaste una botella entera en solo unos minutos. Pone su mano en mi frente y después en toda mi cara. —No, no tienes fiebre, aunque tus cachetes sí están calientes. —Su mirada analítica no me gusta—. Sabes, si no fueras pareja aún de ese adefesio infiel de Kenny, diría que te acaba de dar un orgasmo. Me quedo congelada, como una piedra. No puede ser.¿Tan transparente soy? —Pero sé que eso es imposible. Tú solo eres adicta al trabajo, eres virgen y a Kenny ya no… Oye. —Mueve sus manos frente a mis ojos—. Cass, llamando a Cassidy. Pero no me muevo. Esos recuerdos de hace unos segundos no me dejan en paz. ¡En serio pasó!. ¡Ese rubio me besó e hizo esas cosas sucias! Giro enseguida hacia los baños, pero no hay nada anormal. Las mujeres entran y salen, como debe ser. —¿Cass? ¿En serio estás bien? Niego moviendo la cabeza. Me falta el aire, mi cuerpo se estremece al recordar su mano en mi sexo y… ¡Ah! —Cass, ya me estás preocupando. ¿O es que acaso estás molesta porque vinimos todos y arruinamos tu cita nocturna? —¿Y por qué no llegaste antes? —Me mira sin entender, con una ceja alzada y cara de confusión—. Olvida lo que te digo, estoy loca. —Sí, ya lo veo. Después de unos segundos, Kenny logra encontrarme con la mirada y ese pinchazo de culpa me atraviesa. No debería sentirlo. Él me engaña con mi hermana. Entonces, ¿por qué me afecta? —¡Cass! —se zafa de nuestras compañeras y viene directo hacia nosotras. —Ay no, ay no… —¿Qué pasa, Cass? “Que me dejé tocar por un hombre rubio bonito, me besó, me tocó hasta el alma, pero no lo conozco, y ahora tengo la culpa encima" —Te lo cuento en tu casa, pero por favor ayúdame a salir de aquí —susurro casi temblando—. No quiero ir con él, ya sabes lo que quiere y no puedo, no quiero… —¡Cassidy, por Dios! —me alcanza—. ¿Dónde estabas? ¿Por qué demoraste tanto? —E-ehhh, bueno, no me sentía bien y… —Entonces vámonos, yo tampoco me siento bien.—Me toma del brazo y esa mirada seria me atraviesa. Sé lo que desea. Paso saliva y busco ayuda en Ori, que se está mordiendo las uñas. —Lo siento, Kenny —dice al fin—, pero Cass no se siente bien, asunto de chicas, ya entiendes. —Se ríe y yo quiero ahorcarla por inventar eso, pero creo que es lo único que podría alejarme de él. —Cass, ¿estás acaso…? —Sí —lo corto—. Y… —Y le duele muchísimo, tanto que debemos ir a mi casa a que descanse. Kenny sacude la cabeza, trata de sonreír, pero sé que está maldiciendo por dentro. —Bien, bien, pero confírmame algo, Oriana, ¿es cierto que el nuevo jefe fue quien les dio entradas para este bar? —Sí, ¿muy gentil, no? —No, para Kenny no definitivamente—. Algunas chicas hasta han propuesto abrir un club de fans y… auch. La fulmino con la mirada y por fin se detiene. ¿Acaso no se da cuenta de que Kenny odia a ese hombre? —¡Aquí están! —Y como si el cielo estuviera de mi parte, Nicol aparece de la nada—. Hola, Ori. Kenny. —Me mira y pone esa carita falsa cuando va a decir o hacer alguna mentira. —¿Nicol? ¿P-pero qué estás haciendo aquí a esta hora? Silencio, pero es obvio que ella no cayó aquí por casualidad. —Cassidy no se siente bien, Nicol —dice Oriana rompiendo la tensión—, y estaba a punto de llevarme a tu hermana a mi casa. Y bueno, ya que estás aquí, podrías ayudar a Kenny con las demás chicas. No podemos desaprovechar la gentileza de nuestro nuevo jefe así, ¿verdad? Antes de que Nicol o Kenny puedan refutar o poner pretextos para salir, Oriana me arrastra hasta su auto, en donde salimos disparadas y no paramos hasta llegar a su casa. Menos mal. —Wow, ¿notaste la tensión entre esos dos? —murmura tirándose a su sofá—. Sabes, Nicol llamó y me preguntó por él minutos antes de que apareciera. Se nota que le gusta marcar territorio. —Entonces fuiste tú. —Ella me hizo una pregunta y yo solo contesté. Además, fue útil. Si no hubiese llegado, Kenny no te soltaba y ahora quizás estarías en una cama haciendo ya sabes qué. No sé por qué ahora aparece ante mí una escena entre ese rubio y yo. Besándonos, tocándonos y…no, esto esta mal. —¿Cass? —Sin darme cuenta, de nuevo toca mi frente—. Ahora sí tienes fiebre y algo más. —Se cruza de brazos—. Has estado rara desde que ese imbécil de Kenny te puso los cuernos con la mosca muerta de Nicol, ¿en serio te afectó tanto, Cass? Y quiero sinceridad. Agacho la mirada, confundida. —Cassidy Sterling —se cruza de brazos y alza su ceja—, ¿aún estás enamorada de…? —No, no —sacudo la cabeza y me siento a su lado—. Creo que nunca me he enamorado de Kenny, quizás por eso mi cuerpo lo rechazaba cuando quería más que solo un beso. —Bien, eso se entiende. ¿Pero entonces? Suelto un suspiro y finalmente me rindo. Le termino contando mi primer y segundo vergonzoso encuentro con ese precioso rubio que aún vuela en mi cabeza. Por supuesto, con cada evento que pasaba, su cara se iba deformando de manera graciosa. Creo que contarle a alguien, librarme de esto, me ha hecho bien. —¡Entonces ya no eres virgen! —me golpeo la frente. —¡Que no! —gruño—. ¿Acaso no me estás escuchando, Oriana? No pasó nada entre ese hombre y yo. S-solo dormimos. Ori se echa a reír a carcajadas, tanto que hasta se tiene que sujetar la barriga. Ya me arrepentí de contarle. —Y yo soy monja, virgen y santa—se burla limpiándose las lágrimas de sus ojos—. Por favor, Cassidy, ¿quién en su sano juicio se cree ese pretexto tonto? —¿Qué? P-pero él dijo que… —¿Y tú le creíste?! Mierda. —Vamos, Cass. Un desconocido guapo, según tú, te lleva a su apartamento y ambos aparecen desnudos al día siguiente, ¿y me dices que no pasó nada? Uno de mis ojitos comienza a palpitar. ¿Y si me engañó y sí pasó algo? Eso podría ser si hoy mi cuerpo le aceptó todo. —Cassidy, quizás ya ni eres virgen y no te acuerdas. No, no, eso sería lo último. ¡Me muero! —Y hoy dices que te siguió hasta el baño e hicieron cositas y que te llama por tu nombre. Entonces eso significa que sí pasó algo y lo encantaste, amiga… —No me mires así. —Me cubro el rostro, avergonzada de que ni siquiera me pueda acordar de esa posible primera vez. Pero es que yo le creí, ¡le creí! —Oye, ¿y en serio no sabes nada de nada, Cass? Digo, al menos su nombre. Me muerdo el labio y muevo entre mis recuerdos de hoy ese nombre que aparece. —Elrik —susurro y mi corazón se acelera. —Pero qué extraño nombre —bufa—. ¿Y su apellido? Niego. —No sé nada de él, Oriana. Solo me dijo su nombre en ese último beso y ya. Salí del baño y apareciste tú. ¡Pero es que yo creí que era un sueño! Que él no podría tomarme con esa confianza y mirarme con ese deseo. ¡Tonta! —¡Debiste preguntar por su número Cass! No respondo. Quizá sí debí para encararlo y sacarle la verdad sobre esa noche. Aunque bueno, algo me dice que no es la última vez que nos veremos. Al final, decido regresar a casa antes de que salga el sol. Hoy tenemos un día pesado porque comienza la cumbre de empresarios y no quiero que mis asuntos “amorosos calientes” arruinen este día. Lo único bueno es que Kenny no se insinuó de más y ese viaje que tenía en mente solo quedó en eso, en un plan. —¡Srta. Cassidy! ¡Srta. Cassidy! —Algo me sacude—. Por favor, despierte. —¿Q-qué pasa? —balbuceo sin abrir los ojos. Aún estoy en pijama y tengo pereza. —Ha venido un abogado, Srta., y está viniendo para aquí. Abro mis ojos, creyendo que escuché mal. —¿Quién dices que está viniendo a casa, María? —No, ya está en la casa y está subiendo hacia su habitación junto a su padre y la Sra. Marena. Estoy por preguntar a qué se refiere, pero antes de que pueda, la puerta se abre dejando ver a mis padres y a un hombre de traje elegante, desconocido, claro. —¿Q-qué pasa? —Es raro que entren a mi cuarto sin avisar—. ¿Por qué están…? —Hija —Marena me corta con una sonrisa más fingida que un billete de tres dólares, tanto que me asusta—. El abogado Favre ha venido para que firmes los papeles de tu matrimonio. Mis ojos se dirigen a mi padre, que no parece tan contento que digamos. Es cierto, había olvidado que estoy comprometida con un viejito millonario, pero ¡¿ahora?! Debe ser una broma. —Hija, sí, el Sr. Kingston ha pedido que se casen… hoy —me dice como si fuera un susurro, pero para mí es una sentencia. No está bromeando, es cierto. Me levanto de un salto y apenas veo mi reflejo en el espejo, ahogo un grito. ¡Estoy horrible! Y así me va a ver ese hombre al que debo ver primero y hacerle comprender que esto es una locura. ¡Es demasiado pronto! —No es necesario, Srta. Sterling —me dice el abogado al ver que busco ropa—. Mi patrocinado no va a venir porque está de viaje, pero desea cumplir con su deber, con su palabra de tomarla a usted como su esposa lo mas antes posible. Mis manos tiemblan, pero no solo por los nervios, sino también por la rabia de que no voy a poder hablar con ese viejo cretino. —Por favor, Srta. Sterling, seamos breves. —Extiende un papel sobre mi mueble y sé lo que es—. Solo firme y después de eso, será la esposa legal del Sr. Kingston.
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