Cap 8.- ¿Almuerzo?

3164 Words
– Ambroa – respondo el teléfono sin ver quién llama – Hola Pau, buen día, ¿hoy estás libre para desayunar? – dice la voz alegre del otro lado del parlante. Emilio. Mi corazón deja de latir por un segundo, se me hace un hueco en el estómago cuando escucho su voz. El mensaje que me envió el sábado a la noche o mejor dicho, el domingo a la madrugada no fue respondido, al igual que todos los mensajes que me ha mandado durante su ausencia. No puedo permitirme sentir emoción alguna por sus mensajes o llamadas. Pensar en él mientras estoy con otro no es buena señal. – ¿Quién habla? – me hago la desentendida. Ya que desde el momento que escuche el “hola” supe que era él – Emilio – responde él – ¿Acaso no me tienes agendado? ¡Vamos!, te mandé varios mensajes y me dejaste en visto. – – hola, Emilio, ¿Cómo estás? Disculpa, no me di cuenta, tuve mucho trabajo y se me fue el tiempo. – Sí, no te preocupes, me imaginé. Entonces, ¿podemos desayunar hoy? – Lo siento, hoy no puedo, tengo mucho trabajo – ¿Almuerzo? ¿Cena? ¿Algo? – Disculpame, de verdad lo siento, no puedo ni hoy ni mañana, tengo mil pendientes que atender – me niego rotundamente a seguir estando en contacto con él, no puedo permitir dejar crecer estos putos sentimientos. Mi corazon solamente tendrá un dueño, y ese es Esteban, por siempre. – Bueno, está bien, entonces no te quito más tu tiempo. Me encantó escuchar tu voz. – Adios, Emilio – Nos vemos luego bella. Cuelgo sintiéndome rara con esta conversación. En estos pasados días, Emilio me envió una foto o un mensaje por día. Él en traje de neopreno a medio poner, cargando la tabla de surf y haciendo el gesto “pura vida” con la mano y su sexy sonrisa. Él jugando con un perro golden retriever “maxi”. Él en la cama, con la cara en la almohada viendo directamente a la cámara con esos ojos grises y como texto “sigo esperando que me respondas”. Él sentado debajo de una palmera tomando agua de coco. En realidad, todas y cada una de las fotos que me envió las vi y no dejaba de pensar que es un modelo. De hecho, varias de esas fotos me sirvieron de inspiración para compartir un momento con el señor venoso. Un mensaje me saca de mi ensueño Diego *¿Estas disponible?* – De nuevo tú – le digo al celular. Este es otro que no ha parado de mandar mensajes y llamar. ¿Acaso la gente no entiende que si a la tercera llamada no respondes, quiere decir que no quieres hablar?. Al parecer no. Tengo que hablar con él frente a frente y terminar los encuentros definitivamente. Si es que estoy pensando en comenzar un trato nuevo, y aunque no lo comenzara, ya no quiero tenerlo como llamada de emergencia s****l. *Tenemos que hablar* Envio el mensaje y después de unos minutos llega la respuesta Diego *Pon fecha y hora* Me fijo en mi agenda y aunque aun no tengo los nombres de las citas confirmadas, veo que tengo un solo hueco en el que puedo hablar con el. *Te espero mañana en mi oficina a las 10:30hs* Diego *Ahi estaré* Me sorprende con la rapidez que aceptó el horario. Diego es un importante empresario de la ciudad, aunque no tan importante como yo. En lugar de salir corriendo atrás de una v****a, debería ponerle atención a su empresa. Sé que le va bien, pero le podría ir mejor si se concentrara en lo que tiene que hacer. A Diego lo conozco desde la secundaria. Éramos dos chiquillos locos, aventureros, pero nunca lo vi con otros ojos, y él a mí, tampoco. después de mucho tiempo nos volvimos a encontrar en la universidad y despues de lo de Esteban, fue él quien me enseñó todo esto de compañeros sexuales. Dejo el teléfono en el escritorio y sigo con lo que estaba haciendo para poder seguir con mi día. – Ana, por favor trae los planos del edificio York y un café, por favor. – Sí, señora, enseguida *** – ¿Me invitas una cerveza? – me pregunta un extraño sentándose al lado mio en la barra del bar. Lo volteo a ver y sus ojos verdes aceituna me miran divertidos – prometo que te lo pago en cuanto pueda, sólo...me quedé sin dinero por ahora – termina diciendo encogiéndose de hombros y sonriendo sincero – ¿No tendría que ser alreves? Tú me deberías invitarme a mi – digo alzando una ceja – Lo sé, juro que te lo compensaré, solamente que hoy ando quebrado. Entonces, ¿me salvas de esta deshidratación que tengo? – me sigue sonriendo – ¿Estás deshidratado? afuera vi una manguera, ahí tienes suficiente agua – digo señalando con la cabeza hacia la puerta de entrada al bar. – Sí, pero ahí afuera no tendría oportunidad de hablar contigo – y ¿Aquí sí? – lo estoy haciendo ahora.- y esa sonrisa me cautiva. Abro los ojos poco a poco, 4:58 am, – si tan solo no le hubiera invitado esa cerveza, nada de esto estuviera pasando – me digo a mí misma Sé que hasta aquí llegó mi descanso. Me levanto para hacer mi rutina matutina. Dientes, cremas faciales y demás. Salgo a preparar mi primer café del día y me voy al estudio. Trato de terminar de corregir condiciones de negociaciones, firmo nuevos contratos y hacerme cargo de mis otras compañias en lo que da la hora de irme a la constructora. Estoy llegando a mi oficina cuando el celular no para de sonar. – Paulaaaa – grita Rebe ni bien respondo la llamada. Me hace alejarme el teléfono del oído. – Me vas a dejar sorda mujer. ¿Qué quieres? – ¿Tienes planes para esta noche? – Mmm aún no, ¿Qué propones? – Dan se regresa a Estados Unidos y queremos hacer una despedida, estábamos pensando en carnes asadas en casa de Euge. – Bueno, cuenta conmigo. ¿A qué hora? – Como a las 9 está bien. Si quieres llegar antes, no hay problema, aquí vamos a estar Euge y yo, preparando todo. Bueno, te aviso si puedo ir un rato antes. – Perfecto. Beso Ambroa. – Bye Corto y veo en mi escritorio una pila de carpetas que tengo que revisar. Supongo que son autorizaciones de obras. Tocó un botón del intercomunicador. – Ana, la revisión de agenda y mi café por favor – digo y cuelgo sin esperar respuesta. Ana entra diligentemente a la oficina sonando sus tacones contra el piso. Dejando mi taza de café frente a mí y comienza. – La agenda para hoy viernes es la siguiente. – y yo me preparo para escuchar la letanía de actividades que tengo para hoy. – 8:30 AM reunión en la sala de juntas con los directivos de Macromac para alianza con Pambro. Ya está todo armado, sólo falta firmar – miro la hora que marca el pequeño reloj digital que tengo en el escritorio. 8:12, aún hay tiempo. Cierro los ojos y me tiro al respaldo escuchando lo que sigue – 9:30am. Reunión con el jefe de personal de Pambro región Norte. 10:30am reunión con Diego Sanz – hace una pausa – a... aquí no dice asunto – dice nerviosa. – Está bien, eso lo anoté yo, yo me encargo – ¿Qué pongo en asunto? ¿Hablar de dejar de coger? – Continua – ordeno – Oh ok. 11am, reunión con Emilio Salvatore – al escuchar ese nombre, mis ojos se abren de par en par – asunto: revisión de proyecto de mansión royal. – y después de ahí mi mente se pone en blanco. No dejo de pensar que Emilio y Diego pueden coincidir. El problema no es Emilio, si no Diego… Ana termina de confirmar la agenda del día y yo realmente no escuché nada después de escuchar su nombre. – eso es todo por hoy, Sra Ambroa. ¿Necesita algo más? – Eso me saca de mis pensamientos – No, Ana, está bien. Ah, ¿las carpetas para la próxima junta están listas? – Sí, sra. – Está bien, puedes retirarte. Se va haciendo el mismo ruido que cuando entró, dejandome sola con mis pensamientos… Las primeras horas de la mañana pasan rápido y trato de concentrarme lo más posible en lo que tengo que hacer, sin dejar que los pensamientos de Emilio roben mi tiempo. – Sra. Ambroa, el señor Sanz está aquí para verla. – llama Ana – Hazlo pasar – ordeno – Enseguida Un minuto despues se abre la puerta, mostrando la figura sexi de Diego, con su cabello peinado con efecto despeinado, vestido con un traje azul grisaceo, que se ajusta a su forma atletica, con una camisa blanca debajo del saco, dejando mostrar un poco de su pecho al no estar completamente abotonada y unos mocacines negros completan su look. – Paula, buen día – camina directamente a mí al tiempo que yo me levanto de la silla, para saludarlo. – Buen día, Diego, ¿Cómo has estado? – Bien. Te quiero pedir dis… – Espera, aquí no. – le digo levantando una mano – mejor vamos a la sala de juntas – lo llevo hacia la puerta que conecta mi oficina con la sala de juntas. La sala de juntas tiene una linda vista del centro de la ciudad. Con 2 ventanales de techo a piso dejando ver el espectacular panorama y las 2 paredes restantes hechas a prueba de sonidos. Abro la puerta y dejo entrar a Diego primero. Cerrando la puerta detrás de mí. Me volteo y sus brazos me llevan hasta él y intenta besarme. Creo que entendió otra cosa, solo un par de veces tuve la necesidad de usar esta habitación con él. Pongo mis manos en su pecho parando todo avance que quiera hacer. – ¿Qué estás haciendo? – cuestiono con el ceño fruncido. – Disculpa, pensé que… perdón, fue un error. – se excusa – No te traje aquí para eso. De verdad quiero que hablemos. Siéntate. – señalo la silla que está al lado derecho de la cabecera. Y obedece. – Diego, creo que – comienzo pero él interrumpe – Espera, Paula, déjame hablar primero. Quiero disculparme por cómo me comporté el sábado. Conozco muy bien las reglas de nuestro acuerdo, aunque por el momento no tengamos un contrato firmado, tengo que respetar las reglas. No era mi intención actuar como lo hice, no sé qué me pasó pero sé que no volverá a pasar. – termina diciendo, pero en su rostro no noto sinceridad. – En algo tienes razón, no volverá a pasar porque lo que pasó el sábado, no volverá a pasar. Como bien dijiste, nosotros ya no estamos bajo contrato, y nunca debimos seguir con los encuentros sin el mismo. – Hagamos otro contrato, estoy dispuesto a hacerlo. – Pero yo no quiero. Creo que nuestro tiempo ha pasado. El sábado me sentiste rara por una razón. Yo me sentí rara estando contigo, no sé como explicarlo, y eso me dio la pauta para hacer esto que estoy haciendo ahora, lo cual es, terminar definitivamente con esos encuentros. Podemos seguir con nuestra amistad, con nuestras asociaciones empresariales, pero los encuentros sexuales definitivamente ya no. – Paula, yo no...no quiero que te quedes con una mala impresión de mí. – No, Diego, para nada, para mí sigues siendo ese amigo con el que conté cuando lo necesité y el que me mostró un mundo nuevo referente al sexo, y te lo agradezco. Nosotros ya venimos rompiendo una de las reglas de los compañeros sexuales, y nunca nos importó, o más bien, nunca dejamos que se mezclaran las cosas. Negocios son negocios, amistades, amistades, y sexo es sólo eso, sexo – Entonces ¿definitivamente estás dando por terminados nuestros encuentros? – Sí – Ok, fue bueno mientras duró. Sonrio con suficiencia. En realidad sí, fue bueno mientras duró. Suena el teléfono – ¿Ana? – Su cita de las 11 ya está aquí – mi corazón se salta un latido al escuchar esas palabras y mis ojos se disparan a ver a Diego, porque ya sé quién es la siguiente cita – Gracias Ana, en unos minutos lo atiendo – Te pusiste nerviosa. – señala Diego cuando cuelgo el teléfono – ¿De qué hablas? – Te pusiste nerviosa cuando te dijeron quien estaba afuera, ¿es él? ¿Es por él quien terminas lo nuestro? – recalca – Diego, ¿qué es lo que te pasa? no hay un “lo nuestro”, nunca lo hubo. – Y creo que he tomado la decisión correcta. – Bueno, me voy, no te robo mas tu tiempo. – dice al momento que se levanta. Yo hago lo mismo y caminamos hasta la puerta de entrada de la oficina. Abro la puerta para él. – Nos vemos después, Pau – dice Diego al tiempo que pasa delante de mí. Se para de golpe y se da la vuelta para enfrentarme. Me toma por sorpresa cuando envuelve sus brazos en mí, plantando un suave beso cerca de mi boca. Me agarra tan desprevenida que no reacciono para alejarme. – Que tengas un lindo día – termina diciendo guiñando un ojo y se empieza a alejar. Lo sigo con la mirada, estando totalmente desconcertada por esa despedida cuando mis ojos se cruzan con una intensa mirada gris. – Así que por eso era – susurro para mí - Ana, dame 5 minutos y haz pasar a la siguiente cita por favor - ordeno recomponiendo al instante de toda la escena que acaba de pasar, mientras camino al escritorio... Se abre la puerta y es Ana guiando a Emilio dentro de la oficina. Es otro modelo. vestido con una camisa de vestir azul claro remangada a ¾ dejando ver un poco de su pecho lampiño y por fuera de su pantalon azul oscuro ajustado a su figura, pulseras y una cadena de plata a juego y zapatos de vestir negros, bastante modernos, pero lo que me roba el aliendo es verlo con esa barba cerrada muy prolija. Entra serio, distante y hasta un poco molesto. Su mirada gris parece disparar hielo cuando clava su mirada en mí. – Srita, Ambroa, buen día. – articula Emilio estirando la mano para saludar, con una sonrisa que no llega a sus ojos. – Buen día, Sr Salvatore - Igualo su saludo respetuoso. En realidad me ha tomado por sorpresa que me hablara así. – ¿Qué tal su viaje? – agrego señalando el asiento frente a mí. – Todo bien, todo tranquilo, gracias por preguntar. – se sienta elegantemente sexy echandose para atrás en el asiento y cruzando una pierna sobre la otra. Maldicion que es sexy este espécimen. – Me enviaron un email diciendo que ya tenían el plano muestra para la remodelación de la casa, así que aquí estoy – dice abriendo los brazos para después poner sus codos en los reposabrazos del asiento y juntando las yemas de los dedos frente a él. Frialdad emana de él… Y Se ve malditamente sexy. – Claro que sí – le muestro la mejor de mis sonrisas y noto cómo se remueve un poco en el asiento. – ¿Entonces sólo estás fingiendo desinterés? – me pregunto mentalmente – Ana, puedes traer los planos y los renders del señor Salvatore, por favor. Vamos a estar en la sala de juntas – le pido por intercomunicador. – Acompáñame por favor – Me levanto y él hace lo mismo. Lo guio hasta la sala de juntas, en donde recien estaba con Diego. Segundos después entra Ana cargando unas carpetas. – Aquí tiene, sra. ambroa. ¿Desean algo de tomar? – un café para mí - respondo Emilio voltea a ver a Ana y le da una de esas sonrisas que te dejan sin aliento – nada para mí, Ana, gracias. y por un segundo siento un poco de celos al verlo comportarse así con ella pero inmediatamente me recupero. Noto cómo Ana se pone nerviosa ante la sonrisa de Emilio...pobre Ana, la entiendo. Sale hecha un manojo de nervios, dudo si decirle algo a Emilio acerca de su comportamiento con mi secretaria o dejarlo pasar. Creo que por ahora no diré nada, aunque si sigue actuando así, no me dejará otra opción, no por celos, ni nada de eso, solo no quiero que esta compañía sea su campo de juegos. Despliego los planos y los renders sobre la mesa de la sala de juntas y empiezo a señalar y a explicar la modificaciones, en todo este tiempo Emilio solo asiente. Ana regresa con mi café en mano y aunque él no haya pedido nada, le trajo una botella de agua. Ruedo mis ojos al ver la dulce sonrisa que le da Emilio a Ana, y esta sólo se sonroja y se va. Sigo con la revisión de todo lo que mi equipo hizo y sigue asintiendo y de vez en cuando hace alguna pregunta u observación. – Señorita Ambroa, la verdad estoy sorprendido de su trabajo, es exactamente lo que tenía en mente. – veo un brillo de admiración en sus ojos, aunque su comportamiento sigue siendo distante. – No es sólo mi trabajo, es trabajo en equipo, y bueno, también usted fue bastante claro en sus respuestas – sigo sonriéndole con mi mejor sonrisa. – Entonces mis felicitaciones a su equipo señorita. – me da una sonrisa ladeada. – Les diré – hago una pausa – si no quieres ninguna modificación, podemos firmar la autorización para poder empezar la obra la próxima semana. – Me parece perfecto Le entrego los contratos e indico donde tiene que firmar. – Listo. Eso sería todo por ahora. El lunes comienza la obra y en 12 semanas debería estar todo terminado, a menos que haya algún inconveniente. – Bien – hace una pausa - me tengo que ir, cualquier otra cosa, ya tienen mi número, Ana puede contactarme. – Me mira con ojos juguetones y ahora entiendo qué es lo que está pasando. Seguramente vio lo que pasó con Diego hace un rato… – Perfecto, cualquier cosa, le digo que te contacte. – le digo mientras le muestro la salida de la sala de juntas y lo encamino a la puerta de la oficina – un gusto volver a verlo Sr. Salvatore – le estiro la mano. – El placer fue todo mío Srita. Ambroa. – toma mi mano y ahí está, esa electricidad que siento con su toque. Me sonríe con suficiencia y da media vuelta para seguir su camino, sin antes decir – que tengas un buen día, Ana – cierro los ojos y tomo aire al momento de escuchar eso...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD