Cap 9 ¿De qué hablamos?

2936 Words
– ¿Guacamole o pico de gallo? – pregunta Eugenio señalando la pila de ingredientes de cada uno. - ¿cuál prefieres hacer? Ambroa. – Me da igual Martí, lo que sea que haga va ser el más rico – respondo con orgullo. – ¿Acaso me estas desafiando? – No tenía pensado aplastar cabezas hoy, pero si quieres desafío, lo acepto – respondo – ¿Ya empezaron con sus retos? – pregunta Rebeca divertida cuando entra a la cocina. – Obvio que sí, amor – responde Eugenio – tenemos que saber de una vez por todas quien es mejor en la cocina. – Obviamente soy yo – declaro con confianza – En tus sueños querida – Euge, Pau te ha ganado en todos los desafíos de cocina, ¿todavía no aprendes? – Pero hoy sí la voy a vencer, amor – explica Eugenio mientras pasa sus manos por la cintura de Rebe desde atrás y le da un beso en el cuello. Estos dos y sus demostraciones públicas de amor. Son unos tiernos. Sonrio ante lo que veo...y pensar que se odiaban a muerte… bien dicen que del odio al amor hay un paso… – Guacamole, yo hago el guacamole – digo dándole la espalda a la escena romántica que se está desatando delante de mí. – y ustedes si quieren, pueden ir a la recamara, prometo no molestarlos por los próximos cinco minutos. – y pongo manos a la obra – Cinco minutos es más acción de lo que has tenido en el último tiempo – dice eugenio detrás de mí en tono de burla – Eugeniooo – rebe lo calla – Si supieras – susurro El timbre interrumpe nuestro pequeña disputa – Yo voy – se ofrece rebeca y se va a abrir la puerta – Es broma Pau – viene Euge a un lado de mi y me planta un beso en la mejilla, pasando un brazo por encima de mi hombro. – Lo sé – me rio y le doy un codazo. Conozco su carácter y sé que es muy jodón. A decir verdad, es el único que dejo que bromee conmigo ya que somos como hermanos. – Hola hol… – se escucha la voz decir detrás de mí y como siempre, me hace paralizar. Volteo a ver el origen de la voz zafandome del brazo de Eugenio. Chamarra de mezclilla, playera gris, pantalones negros casi entallados rasgados en las rodillas y tenis a juego con la chamarra. está parado, sin seguir su camino. Detrás de él se escucha una voz femenina y mis ojos se disparan hacia ella. Una rubia despampanante vestida muy casual. Jeans ajustados, suéter a rayas blancas, grises y negras y tenis grises. – Ciao, come stai? io sono Alessia. – Se presenta la rubia acercándose a mí ofreciendo su mano y yo se la doy – piacere. – termina diciendo con una gran sonrisa. Así que esta es la ex – Ciao Alessia, Paula, il piacere è mio. – respondo en su idioma con una gran sonrisa. Noto que me mira de una forma diferente, pero lo dejo pasar – Tu parli italiano? – pregunta un poco emocionada – Si, solo un po’ – respondo – Perfetto, finalmente qualcuno con cui posso parlare a parte emilio – me dice volteando a ver a Emilio. Su cara es un poema, creo que no pensaba que yo hablara italiano… a decir verdad, no sabe mucho de mí. – Hola Paula – saluda Emilio de lejos. – Hola Emilio – respondo, volviendo a lo mío… a hacer el mejor guacamole de la historia. Unos toques de timbres y unos cuantos saludos más y ya están todos los invitados. Estamos todos en el jardín trasero, que es un gran área con césped, alberca, la cual tiene algunas velas flotando, unas cuantas reposeras y bancos plegables y el área del asador tiene una barra, en la cual se pusieron las bebidas y los platos. Eugenio llama la atención de todos sonando un vaso con una cuchara. – Gracias a todos por venir. Hoy despedimos a Dan Smith – lo señala – después de tanto tiempo ¡por fin decidió regresar a su país! – reímos – mentira hermano, te vamos a extrañar mucho, eres como un hermano para mi. Espero poder visitarte pronto. Te deseo lo mejor en este nuevo camino que emprendes y que sea un éxito todo lo que hagas – aplaudimos todo cuando termina su discurso. – Ahora sí, ¡disfruten, coman, beban y diviértanse! Veo a la rubia acercase a mí, dejando a Emilio hablando con otro grupo de invitados. – Paula, ¿cierto? – me pregunta en su español bastante bueno. – Sí, Paula - confirmo con una sonrisa – ¡hablas español! – ¡Sí! Aprendí por emilio y su familia – dice volteando a verlo, con un brillo en sus ojos – te puedo hacer una pregunta personal – me dice seria. Esa pregunta me hace disparar mi mirada hacia ella. – ¿Qué clase de pregunta? – tomo un sorbo de mi bebida pensando que notó el cambio de Emilio al entrar. – ¿Qué hay entre Eugenio y tú? – pregunta mirando a Eugenio, que ahora está con Emilio y esto hace que me atragante con mi bebida. – ¿Disculpa? – ¿escuche bien? una total desconocida preguntándome sobre mi vida personal...wow...sí que tiene agallas… pero, ¿por qué me pregunta por Eugenio? – Sí, es que, los vi abrazados cuando llegamos y bueno… no me gusta suponer, prefiero preguntar directamente. Wow, sigo asombrada con esta mujer... y no es común para mí que me asombre de las agallas de alguien. Sólo por eso, decido responder… – Entre nosotros hay una muy buena amistad, podría decir que nos vemos como hermanos, además que es el novio de mi mejor amiga – señalo a Rebeca. – Oh, no sabía que ellos eran novios, perdón, supuse que ustedes dos... – dice apenada – No, para nada. Ambos son como los hermanos que nunca tuve. – señalo – Oh, eres hija única – cambia el tema – Sí – Yo tengo 3 hermanos y 2 hermanas, familia numerosa, yo soy la de en medio – explica Eugenio se acerca a nosotras junto con otras personas. – ¿Qué tal te trata México? Alessia, ¿Emilio ya te llevo a conocer algún lugar? - pregunta Eugenio. Agradezco eternamente la interrupción de Eugenio y me voy alejando de a poco para irme a estar con la estrella de esta noche...Dan. – Dan, querido, ¿A qué playas te vas a surfear ahora? – Querida Paula, regreso a Los Ángeles. Esta vez casi no te vi, tenemos que ponernos al corriente la próxima vez que nos veamos. – Claro que sí. Esta temporada me agarraste con mucho trabajo. – Sí, me di cuenta, pero bueno, sé que tu imperio no se crea solo. Él estaría muy orgulloso de ti. – ¿Tú crees? Siento una mano en mi cintura y su fuerte perfume amaderado me deja saber quien es sin tener que voltear a verlo. – Hola Paula – dice Diego mientras pone una mano en mi espalda baja – no sabía que te iba a encontrar aquí – dice dándome un beso en la mejilla – Hola Diego, no sabía que conocías a Dan – le respondo, alejándome un poco de su toque. – Sí, bueno, hicimos un par de negocios juntos y me dijo de la reunión, y como no tenía planes para hoy, decidí venir – hace una pausa y me mira fijamente – no esperaba encontrarte aquí. – Y yo tampoco, espero que pases un buen rato y disfrutes. – trataré, aunque a decir verdad, prefiero pasar un buen rato y disfrutar los días sábados de otra forma, pero bueno, así es la vida – con una risa sofocada mirándome fijamente. Sé a lo que se refiere… Los sábados eran nuestros días de encuentros. Volteo a verlo y noto que por encima de su hombro hay un par de ojos grises disparando dagas hacia donde estamos. Emilio está con Alessia y otras personas. Ella pasa su mano por el brazo de emilio, llamando la atención de él. Renuentemente saca sus ojos de nosotros para verla, le dice algo al oído, él rie y vuelve a voltear hacia mí. – Y ¿Qué piensas, Pau? – pregunta Diego poniendo la mano en mi hombro. – ¿Perdón? no escuché, ¿qué pasó? – digo regresando a la conversación – que Dan quiere importar su cerveza - explica Diego – Creo que es viable, sólo habría que hacer unos ajustes en la cadena de producción y creo que se podría hacer sin problemas, tienes una mina de oro ahí – digo – Me encantaría que me ayudaras con eso – responde Dan. – Por ahora yo no puedo, pero puedes ir a PAMBRO CO. en Los Ángeles y asigno a alguien para que te ayude. – le aconsejo – sólo dime cuándo quieres comenzar y lo arreglamos. – Volteo a ver a Emilio y a Alessia que siguen en el mismo lugar, ahora es él quien le dice cosas al oído y ella asiente. Ambos se ven muy unidos. Una pizca de celos se forma dentro de mí. Diego no se separa de mí, platicamos de negocios con otros asistentes a la fiesta. De vez en cuando veo a Emilio y la mayoría de las veces cruzamos miradas, lo veo cada vez más serio, la rubia hace de todo para hacerlo reír. – Disculpen, ahora vengo – me excuso del grupo de personas con el que estoy hablando en este momento y escucho que Diego hace lo mismo. Comienzo a caminar hacia el baño con Diego siguiendo mis pasos. – Diego, voy al baño, no necesito guardaespaldas. Ve a seguir haciendo contactos – hace una mueca pero entiende que varios de los invitados son personas de negocios y se da la vuelta para unirse a un nuevo grupo. Llego al baño y hago lo que tengo que hacer. Me lavo las manos, me miro al espejo, mis mejillas ya están un poco coloradas, supongo que es por el alcohol que he tomado y decido que no voy a tomar más, tengo que mantenerme sobria. Abro la puerta del baño y al salir choco con un pared humana. – disculp… – levanto la mirada y de nuevo me quedo helada. Emilio me toma del brazo y me vuelve a meter al baño con él. Cierra la puerta y pone mi espalda contra la misma. Sus brazos acorralandome, una de sus piernas entre las mías, clavándome a la pared, su cara apenas centímetros de la mía. – Me estás volviendo loco – dice entre dientes. Terminando de decir eso, estrella sus labios con los míos. Sus labios se mueven, los míos están estáticos, sigo sin comprender qué pasa, me da un pequeño mordisco y es ahí cuando reacciono. Emilio, me está besando. Dios, su aroma es intoxicante. mis labios comienzan a corresponder el beso. Su lengua invade mi boca, clamándola para él. Siento una de sus manos en mi espalda baja, apretandome más hacia él, como si quisiera que nos fundamos siendo uno sólo. El beso se vuelve más hambriento, más posesivo, nuestras respiraciones cada vez más pesadas. Mis manos viajan por sus marcados brazos, llegando por encima de sus hombros, y lo abrazo por el cuello. Su cuerpo pegado al mío, siento su calor, y también siento su bulto en mi abdomen, creciendo cada segundo que pasa. Me estoy dejando llevar por este beso, quiero más, mi deseo crece con cada mordisco, con cada invasión de su lengua en mi boca. Sus manos comienzan a explorar mi cuerpo, y mis manos el de él. Mierda, qué bien se siente. De pronto el juicio vuelve a mí – no, esto está mal – rompo el beso jadeando. – Él vino con alguien más. – No lo soporto más – dice al tiempo que pone su frente con la mía. ¿Qué estoy haciendo? ¿qué me está pasando? No debo dejar que pase esto. Veo su intensa mirada gris, y por fin salgo del trance en el que ese beso me puso. – Emilio, ¿qué haces? – susurro – Me estas volviendo loco. Primero en la oficina, ahora aquí. – ¿De qué hablas? – y ahí lo entiendo. Habla de Diego. Levanto la vista para encontrarme con su mirada. Solamente niego con la cabeza, quiero negar lo que piensa que tengo con Diego, pero no le debo ninguna explicación. – suéltame, por favor. – le pido, y lo hace enseguida, da un paso para atrás, abro la puerta y salgo sin decir una palabra. Su beso me ha dejado caliente, me ha dejado queriendo más. Sus labios son adictivos. Siento que estoy mojada solamente por ese beso. Al parecer hoy el señor venoso va a tener una noche ocupada... – ¡Paula! ¿en dónde te metiste? – pregunta Rebeca caminando hacia mí – Estaba en el baño – besándome con Emilio... agrego para mí. – Hoy casi no he estado contigo, ven, vamos a la alberca. – entrelaza su brazo con el mío. – Eh, Paula – llama diego – ¿podemos hablar un segundo? me tengo que ir, sólo quiero despedirme. – Sí, claro. Rebe, ve tú, ahora te alcanzo – digo a rebe soltando nuestros brazos. Diego y yo caminamos un par de pasos para alejarnos de la gente. – ¿Qué quieres? – Quería pedirte un favor. – Dime – volteo a ver hacia la puerta que da al patio y veo a Emilio saliendo de la casa. Me ve y sonríe sexy. Lo miro seria regresando mi atención a Diego. – Una última sesión, la sesión de despedida, por favor. – No, Díego, ya hablamos esta mañana, ya te dije que esa fue la última vez, no va a haber sesión de despedida – Pau… – Diego, para, por favor, no insistas, sabes que mi no es un no. – Está bien, no vas a negar que lo intenté. – noto algo raro en su mirada… – ¿eso era todo? – Sí, bueno, me voy, que tengas buenas noches. – Gracias, igualmente. Se da la vuelta y lo veo irse, sonriendo y saludando a su paso… eso fue raro… voy hacia donde está Rebeca. Estamos en una de las reposeras, recordando y riendo de las anécdotas que tenemos de cuando eramos veinteañeras. – ¿Se puede saber de qué tanto hablan ustedes dos? – pregunta Eugenio sentándose en medio de las dos. – De todo y de nada, amor – responde Rebe – Del otro de Rebeca – digo y se echan a reír ambos. – Bueno, Pau, cuando lo veas dile que me ayude a calmar a esta fiera, me esta dejando seco de tanto sexo – responde Euge, abrazando a Rebe y besandola. Ella no pierde tiempo en darle un zape en el brazo por su comentario. – Yo le digo, no te preocupes. – le sigo el juego. – Vamos nena, que te quiero presentar a alguien – le dice a Rebe. Ambos se van abrazados… amo esa pareja, y los defendería a capa y espada. Me quedo contemplando el agua de la alberca y las velas que flotan en ella, pensando en lo que acaba de pasar en el baño – Es una amiga – dice Emilio detrás mío. Volteo a verlo – ¿Eh? – pregunto con el ceño fruncido. – Alessia, es una amiga. – explica Emilio, viendo a la alberca. – Mmm – respondo, volviendo a ver a la alberca. Finjo que no lo sé, pero en realidad, mi humor cambia un poco. – Y…¿no me vas a decir quién era ese? – pregunta con voz suave. Me quedo callada. – Yo sé que no tengo derecho a preguntar pero… – Tienes razón. No tienes derecho. – lo interrumpo. Toma asiento al lado mio – No tienes idea de cuánto quería hablar contigo. Nunca me respondiste los mensajes. – Y ¿por eso decidiste traer acompañante ahora? – digo antes de que mi cerebro logre detener mi lengua. – No, ella quería conocer México y bueno, vino a pasar unos días. – Disculpa, no quise decir eso – me disculpo por mi arrebato – No, está bien, te lo quería decir. No quiero que haya malos entendidos. En realidad, ella fue mi novia – y aunque yo ya sabía eso, mis sentidos se ponen alerta – pero cuando era chico, cuando mi familia regresó a Italia, hace como quince años. Ahora es mi mejor amiga, es como una hermana para mi. – continúa – le hablé mucho de tí. – dice suspirando. Lo miro asombrada de lo que acaba de decir. – De hecho vino a conocerte, Ale vino a conocer a la mujer que me robó el corazón desde el primer momento. – Emilio… – suspiro – ya habíamos hablado de eso… – Sí, lo sé, pero no lo puedo evitar… y lo que pasó en el baño me confirmó que tengo oportunidad. Te voy a esperar Paula, te voy a esperar el tiempo que sea necesario. – No sé qué estás pensando que soy, no soy buena para ti. – Eso lo decido yo, no decidas por mí. – nos miramos fijamente. Ojos grises contra ojos cafés. Ninguno aparta la mirada, la tensión se siente en el aire. – Y ¿bien? ¿de qué hablamos? – interrumpe eugenio, creo que hoy es mi angel de la guarda.
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