CAPÍTULO 7.

1938 Words
Marco de León permanecía a la espera de que su hija llegará, hace cuarenta minutos le había avisado que ya iba en camino y necesitaba ayuda con algo así que cuando las luces de un coche se pararon frente a su viejo pórtico no dudo en salir, reconoció el mustang rojo lo había visto mucho tiempo cuando su hija salía con aquel jovén, nunca entendió porque se separaron. — Natalie ¿qué ha ocurrido? — dijo Marco al ver como su hija trataba de que el joven moreno se parará por sí mismo. — Ayúdame a meterlo papá, ahora te explico. Entre los dos ayudaron a que el moreno llegará hasta el sofá, Natalie lo descalzo para que se acomodara mejor. — Ha llegado al bar y se ha puesto a beber — dijo yendo en busca de una sábana para taparlo. Marco miró a su hija, ella le había dicho que hace tiempo Adrián le había propuesto ser amigos, él nunca la juzgo, ella sabía que decisiones tomar, pero ahora veía que efectivamente volvían a ser bastante unidos. — ¿Que le han hecho para que se pusiera así?. — Corazón roto papá. — Eso es una de las dos cosas más dolorosas para un hombre. — ¿A si? — dijo Natalie sonriendo mirando a su padre — ¿Y cuál es la primera?. — Perder a un hijo, por lo menos para mi amor. La rubia abrazó a su padre que la recibió gustoso. — Gracias por dejar que se quede papi. — Adrián siempre me cayó bien. Natalie le dio un beso a su padre antes de dirigirse a su habitación, mañana sería un día bastante agotador. Jonas Calibran entró con el desayuno para el joven Rodrigo, había estado desquitandose con él desde el día anterior, sabía que había cometido un error en confiar en la señorita Simone y dejar que entrara en la habitación del joven, pero imagino que si la mujer de la noche anterior se había podido quedar no habría problema en que su verdadera prometida entrara a esperarlo. — Te he traído el desayuno Rodrigo. El castaño se limitó a ignorar a su supuesto amigo dedicándose solo a observar el paisaje marítimo de su habitación. — ¿Trajiste lo otro que te pedí?. Jonas asintió sacando un un folder que le tendió al castaño. — Es la información de la señorita de León. Rodrigo asintió leyendo el contenido del folder, anoche la rubia le había maldecido antes de subirse al coche de ese hombre y alejarse de su lado, no le había dado una respuesta pero para él la rubia no tenía opción no podía seguir trabajando en el bar del hotel, tenía que hacer que renunciara y en ese folder venía una información que valía oro, el castaño sonrió de repente. — Jonas, pide que mi coche esté listo y en esta ocasión es tu prioridad que Simone no salga del hotel. — Pero Rodrigo yo tengo que seguirte. — Pues piensa como lo resolveras Jonas, pero si Simone se mueve, me encargare de hacerte la vida imposible así seamos amigos. El joven asistente movió la cabeza indicando que había entendido la orden, no era tonto sabía que si cometia otro error volveria a lidiar con el presuntoso heredero de los Montalbán y eso era más que castigo suficiente. Natalie entró a la pequeña sala de su casa justo cuando Adrián se levantaba perezosamente del sofá. — Hola dormilón — dijo entrando a la cocina — ¿Café?. — Te amaría más de lo que lo hago ahora — dijo el moreno con voz pastosa, mientras su cerebro buscaba que su cuerpo no devolviera el alcohol de anoche. — Mi padre ha dicho que te puedes quedar hasta que estés bien, él se encuentra en el patio reparando el tejado. Adrian la miró desconcertado un segundo hasta que pareció recordar algo. — Es verdad, el autolavado. — Puedes prestarme a Rocky y lo traeré reluciente. — ¿Les dirás a tus amigas que nos hemos reconciliado? — dijo el moreno tomando la taza de café que la rubia le ofreció. — Les diré que has perdido una apuesta y ahora es mío. — Seguro te creerán. — Tu puedes esperarme haciéndole compañía a mi padre hasta que llegue. Adrián observó a la rubia, esta vez parecía haber borrado su sonrisa por lo que probablemente hablará en serio. — No quieres dejarlo solo ¿verdad?. — He estado tan ocupada estos días que lo he dejado solo mucho tiempo. El moreno asintió tomando un sorbo al café, antes de sonreírle a la rubia. — Si regresa sucio, te costará. — Reluciente — dijo la rubia guiñandole un ojo antes de besar la mejilla del moreno. Salió de su casa minutos después de haberse despedido de su padre, entre más a tiempo llegará al autolavado más rápido iniciaría. Además tenía que volver antes de las tres para arreglarse para el compromiso con Rodrigo y su familia, ese día tenía que ponerle fin a toda la sarta de mentiras que había surgido en tan solo un día. El autolavado Mr Splash estaba lleno de universitarios esa mañana, la mayoría había pedido apoyo a sus familias o amigos cercanos para juntar la cantidad de dinero que la universidad les pedía, por lo que había bastante movimiento aquella mañana. Tala Castillo observaba el vehículo rojo que tan conocido se le hacía. — No puede ser — dijo en voz baja cuando vio a su rubia amiga bajar del vehículo — ¿Pero que mierda Nat?. Natalie no dejó de sonreír hasta que llegó con su amiga, sabía que estaba molesta después de todo odiaban a Adrián. — Fue una apuesta, Rocky es mío por hoy…además, le falta un baño. — Eres increíble. — Vamos Tala, estamos en la misma carrera, era de esperarse hablar de un momento a otro. — Solo cierra la boca — dijo la joven gesticulando con la mano, la rubia sonrió observando a su alrededor. — ¿Cuándo comienzan?. — Están dando las indicaciones, pero nos toca está sección. Natalie miró las cubetas que estaban esparcidas por el lugar llenas de un líquido azul que debía ser el jabón. — Sarah se pondrá tan contenta. — ¿De que me pondré contenta? — la morena llegaba sonriente, hasta que se percató de las cubetas en el suelo — Maldita suerte — dijo con voz lastimosa. — Y eso no es todo, adivina ¿Cuál será nuestro primer cliente? — dijo Tala señalando el Mustang rojo. — ¿Cómo pudiste Nat? — dijo la morena reconociendo el vehículo. — Vamos chicas solo es un coche, además a mí me encantaba "Rocky". — Si tu lo dices, ese cacharro te dejaba tirada más veces de las que te llevaba a un lugar. Natalie negó sonriendo ante el comentario de su amiga, se acercó a tomar un balde al ver qué todos comenzaban a moverse a sus posiciones, habría que apresurarse si pretendía cumplir con la meta antes de las dos de la tarde. El sol estaba en lo más alto de su punto, las tres jóvenes habían llegado al punto de desespero, pues los pocos vehículos que habían ingresado la mayoría eran sus propios conocidos y según la coordinadora aun les hacía falta más de la mitad de la meta. — El jabón me pica — dijo Sarah mientras lavaba las llantas de un coche del que el dueño no paraba de observarlas. — No puede ser — dijo Natalie observando su reloj — Pronto dará la una de la tarde, llevamos más de tres horas, estoy agotada y llena de jabón. — Se quejan mucho — dijo Tala arrojando jabón al techo del coche, lo que salpicó a las otras dos chicas que la miraron molesta — Es divertido. En ese momento el motor de un vehículo deportivo se escuchó llamando la atención de varios presentes, Tala sonrió viendo el modelo del coche. — Pero que belleza de auto — dijo dejando la cubeta de jabón en el piso. El deportivo se estaciono a escasos metros de donde ellas se encontraban y de él bajo el castaño colocándose los lentes de sol. — Y qué manjar de hombre por dios — dijo Sarah asomándose hacia dónde Tala había señalado el auto. Natalie se giró en dirección hacia donde sus amigas miraban distraídas, su cuerpo se tenso al reconocer al hombre que caminaba en su dirección, ¿pero que carajo? pensó soltando la esponja de jabón en su mano. — Chicas, ¿recuerdan al hombre de anoche? — dijo en voz baja sin mirar a sus amigas. — ¿Estás jodiendo? Estas perdonada si pasaste la noche en sus brazos. — No les conté toda la verdad — habló la rubia atropelladamente antes de avanzar hacia Rodrigo que había hecho una mueca mirando el lugar, dejando a sus amigas con la palabra en la boca. — ¿Cómo llegaste aquí? — fue lo primero que dijo la rubia al llegar al lado del castaño. — No creerías que no te investigaría ¿O sí?. — Vete. El castaño colocó las manos en su cadera mientras negaba con la cabeza. — Tenemos un compromiso con mis padres. — Aún faltan dos horas, vete. Rodrigo se quitó las gafas de sol para clavar su vista en la rubia, estaba despeinada, con las mejillas rojas por el sol, el sudor corriendo por su cuello perdiéndose en su ropa, la cual estaba llena de jabón. El castaño pasó saliva antes de volver su vista a los ojos de la rubia, que sonreía con burla. — ¿Así atraen a sus clientes?. — Qué más quisiera, pero no — Natalie suspiró ahora que el hombre estaba ahi podia explicarle su situación, quizá se pudiera zafar del compromiso — Escucha Rodrigo, la verdad es que no han sido suficientes vehículos para juntar la cantidad que pide la universidad, terminaré un poco tarde será mejor no ir con tus padres. — No me interesan tus problemas de universidad, has hecho un compromiso y lo cumplirás. La rubia frunció el ceño. — También lo hice con mi universidad y en vista de que mis estudios no son una farsa, creo que los elegiré. — Lava mi coche y pagaré el dinero restante. Natalie se giró hacia el reluciente deportivo, estaba segura que si le caía una gota del económico jabón que utilizaban lo arruinarían. — Cobramos cinco dólares. — Natalie, no me fastidies, lava el puto coche y pagaré lo que les falte. — ¿Estás seguro?. — Es dinero Natalie, no es algo irreparable. “Tú coche lo sería” pensó la rubia imaginando lo desastroso que quedaría. — Bien, le diré a las chicas. Natalie caminó hasta donde sus amigas la miraban de brazos cruzados. — Amiga qué pasó con la regla de “el que desenreda la cama una noche no soluciona la vida”. — Por favor Tala, no es eso, se los explicaré lo juro — dijo Natalie secándose el sudor de la frente — Me ha propuesto algo que nos conviene a todas. — ¿Un trío? — dijo Sarah mordiendo su labio inferior. La rubia la miró ofendida. — Ha propuesto pagar los mil dólares restantes si lavamos el lujoso auto. Las tres amigas miraron el deportivo, pensando en que probablemente estaría cometiendo un homicidio de auto, pero estaban tan agotadas que esa propuesta se escuchaba muy prometedora. — Pues manos a la obra — dijo la filipina tomando el balde, habría que rezar para que no le sucediera nada al deportivo.
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