El pequeño café Monsur lite siempre tenía un ambiente cálido entre los comensales, además podías pasar horas en su jardín cerrado, dónde justamente ahora cuatro chicas platicaban.
— Así que cuando te dije ve y consigue un polvo ¿de verdad lo hiciste?.
Dijo Tala con una sonrisa mientras su rubia amiga asentía.
— Lo que no entiendo — interrumpió Sarah — Es como pudiste pasar la noche con él.
— Terminé agotada, no me di cuenta.
— Ay yo también quisiera vivir una noche así — dijo Cloe mientras su hermana le daba un golpe en el hombro haciendo que las demás chicas sonrieran.
— En fin, mañana recuerden que tenemos el evento de recaudación de la universidad — dijo Tala mientras revisaba el calendario en su celular.
— Participar en un autolavado no es una recaudación, es un show — dijo Natalie, mientras buscaba la excusa perfecta para decirle a sus amigas que no iría.
— Sabes que fue la asamblea la que asignó los trabajos — dijo Sarah, aunque concordaba con su amiga tenían que cumplir esa parte del programa.
— Yo llevaré nuestro coche, así tendrán un cliente extra — dijo Cloe con emoción.
— Te cobraré cien dólares por adelantado — dijo Tala estirando la mano hacia la menor.
— ¡Cien dólares! ¿por qué?.
— Porque será un lavado especial Cloe.
— Has perdido una cliente.
Natalie sonrió junto con Sarah, hacer enojar a la menor del grupo siempre resultaba relajante para todas, era una parte de la venganza por siempre hacerlas seguir sus locuras.
— ¿A qué hora iniciaremos? — preguntó la rubia.
— Esto está programado para iniciar a las diez, si logramos juntar la cantidad puede que terminemos cerca de las cuatro de la tarde — contestó Tala mientras se terminaba su bebida.
— Chicas es que me he olvidado decirles que tengo que estar a las tres en el bar, habrá un evento del hotel y nos han pedido a todos.
— Natalie no estás diciendo esto para zafarte ¿O si?.
— No chicas, iré en la mañana por supuesto igual y podemos mejorar el tiempo Tala, acabar más temprano así no las dejaré solas.
— Podría funcionar si logramos hacer que los vehículos entren — hablo Sarah — Puedo sacrificarme y ser la modeló que atraiga a los clientes.
— Lo que no quieres es llenarte de agua y jabón — dijo Cloe mirando con recelo a su hermana.
— Eso es verdad también.
El resto de la tarde se la pasaron planeando los posibles escenarios para atraer a los potenciales clientes, hasta que fue hora que Natalie se retiró del lugar. La rubia llegó apresurada al hotel, está vez tenía que ir con sigilo ya que no debía toparse con nadie de la familia Montalbán o cercanos a ellos. Cuando logró colocarse el mandil que era parte de su uniforme entró directamente al bar, llegando con Michel.
— Hola preciosa, parece que vienes corriendo ¿Todo bien?.
— Hola Michel, es solo que se me hacía un poco tarde.
— Las mesas dos y cinco se acaban de llenar, anda ve.
Natalie asintió comenzando a trabajar, la mayoría de los comensales eran hombres mayores, empresarios o padres de familia que habían venido a distraerse de su propio mundo. Pasado un tiempo en el que solo había atendido a tres mesas Michel llamó su atención, la rubia sabía que era para pedirle otro favor y la verdad era que ella ya le había agarrado gusto a la barra.
— ¿Quieres que te cubra? — dijo la rubia llegando hasta su amigo.
— Eso, y además vino alguien a verte — dijo Michel con sonrisa pícara señalando el final de la barra.
Natalie sonrió reconociendo al hombre que levantaba su vaso en forma de saludo. Esperó a que Michel se fuera hasta acercarse al chico moreno que tenía una pequeña sonrisa en el rostro.
— Hey Nat, tan hermosa como siempre.
— Adrián…— dijo Natalie con una sonrisa, el hombre en cuestión era su ex novio, el muchacho al que sus amigas no soportaban después de que hace dos años terminarán su relación, lo que la rubia nunca mencionó es que después de un tiempo Adrián y ella habían sabido llevar su relación de amistad, ya que ir en la misma carrera no iba a ser tan cómodo después de un tiempo, así que al inicio llegaron a un acuerdo y después recuperaron esa amistad que se había roto — ¿Qué estás haciendo aquí?.
— Buscando un oído.
— ¿Otra vez te peleaste con Lizzie?
— De hecho ahora sí, se ha acabado.
— ¿Y ella lo ha comprendido?.
Adrian sonrió tomando la mano de la rubia entre la suya.
— Te aseguro que sí y de no ser así, que se joda.
Natalie suspiró llenando de nuevo el vaso de su amigo, Adrián era un buen hombre ella no tenía duda de ello, si lo suyo no funcionó es porque ella se sentía presa constantemente.
— ¿Crees que sea mala idea que mañana me presente con “rocky” en el autolavado?.
La rubia rio, Rocky era un viejo mustang que Adrían había rescatado de un viejo chatarro, lo había remodelado el mismo cuando se hicieron novios, al inicio siempre los dejaba varados pero poco a poco, el moreno fue restaurandolo.
— Es muy probable que “Rocky” no tenga el baño que se merece.
— Eso sería un mal servicio.
— Adrián sabes que las chicas no van a dejarte en paz.
El joven moreno suspiro con una media sonrisa.
— Quizá me arriesgue, además es apoyo a la universidad.
— Si tanto insistes, ¿esperarás a que mi turno acabe?.
— Si aún confías en Rocky podemos llevarte a tu casa — dijo Adrián levantando su vaso a su salud.
— Extraño tanto esos asientos que no me importaría que nos dejará varados.
Natalie le guiño un ojo antes de moverse a atender a los clientes que habían llegado, últimamente ese tipo de coqueteos se había dado entre los dos, la rubia le tenía tanta confianza que sabía que Adrián nunca intentaría algo a menos que ella accediera y eso por ahora estaba muy lejos de suceder, no quería volver a arruinar aquella amistad que tanto trabajo le había costado. Michel llegó después de casi dos horas de ausencia en los que Natalie se había enfrascado en preparar bebidas, era sábado en la noche y el bar del hotel de repente se había llenado.
— Natalie mi amor, gracias por cubrirme pero urge que atiendas la mesa trece, ha llegado un cliente importante — dijo Michel entrando a la barra para seguir preparando él las bebidas.
— Genial, quizá me gane una buena propina — dijo sonriendo colocándose él mandil — Solo unas horas más y nos vamos.
Dijo la rubia dirigiéndose a Adrian que la miro sonriendo.
— Te esperaría toda la vida.
Natalie sonrió palmeando su hombro antes de dirigirse hacia donde Michel le había indicado, su pulso se aceleró y su sonrisa se borro al ver a la joven pareja de aquella mesa, de inmediato unos ojos negros se clavaron en ella de manera sorpresiva, antes de volverse molesta.
— ¿Que carajo haces aqui Natalie?.
Rodrigo Montalbán miraba de arriba a abajo a la rubia que se había quedado pasmada.
— Trabajo.
— ¿Eres una mesera? — dijo con burla Simone — Te has follado a una mesera, simplemente genial.
— No le veo lo malo señorita Simone, es un trabajo honrado.
— Claro, sobre todo si las propinas que te dejan es por mostrar el culo y tetas.
La rubia se aguanto las ganas de golpearla ahí mismo, pero debía controlarse después de todo aún se encontraba laborando y para su desgracia su jefe estaba frente a ella.
— ¿Van a ordenar algo?.
— Termina tu turno qué necesitamos hablar — dijo el castaño en tono de orden, pero Natalie levantó una ceja.
— Aún me faltan horas.
— No me importa, di que te vas a retirar y…
— He dicho que no Rodrigo — dijo en voz firme la rubia — ¿Van a ordenar algo o vuelvo más tarde?.
Rodrigo tenso la mandíbula, ¿pero quien carajo se cree esta mujer? Él prácticamente era su jefe, no podía tratarlo de aquella manera.
— Trae una botella de whisky, y la ensalada de la casa — habló Simone sonriendo de manera hipócrita — Y que sea rápido, no querrás terminar de perder tu propina.
La rubia sonrió de lado antes de moverse de esa mesa, podía sentir la pesada mirada de Rodrigo sobre ella, pero bien podía irse por culo.
— Michel, la orden de la mesa trece — dijo llegando a la barra.
— Claro — dijo el hombre leyendo la orden y preparandola — Oye, tu amigo ha bebido demasiado hoy.
Natalie se giró hacia Adrián que parecía más melancólico que cuando recién llegó, se acercó a él retirando el vaso a medio tomar.
— ¡Hey!..
— Adrián, debes parar.
El moreno hizo una mueca intentando tomar nuevamente su bebida.
— Prometiste llevarme a mi casa ¿recuerdas?.
— He roto tantas promesas chaparrita, no deberías confiar en mí.
Natalie tomó el rostro del moreno entre sus manos para que la mirara, era doloroso verlo así por alguien que ella sabía que no se lo merecía.
— Pero lo hago, confío en ti Adrián, eres el mejor hombre que se pudo cruzar en mi vida, así que ahora prometeme que no beberás más y te quedarás sentado hasta que yo salga.
— Eres mi ángel — dijo el moreno abrazándola por la cintura para hundir su cara en el cuello de la rubia — Te lo prometo Nat, no me moveré de aquí.
— Bien dicho, ahora me tengo que ir.
Natalie se alejó del moreno tomando la charola con las botella y ensalada encima, se acercó de nuevo hacia donde Rodrigo y su prometida se encontraban.
— ¿Es tu amante de esta noche? — dijo Rodrigo al ver que Natalie comenzaba a servir los vasos, había visto cómo aquel hombre la tomaba entre sus brazos y una sensación de incomodidad se apoderó de él durante unos segundos, negó con la cabeza pensando que la mujer podía hacer lo que se le viniera en gana.
— No creo que sea algo que te interese Rodrigo — habló Simone molesta por la pregunta del castaño.
— No hablo contigo Simone, pero se los aclararé a las dos, mañana todavía tienes que fingir ser mi prometida y con quien te revuelques es tu problema mientras nadie de mi familia te vea irte con él.
En ese momento Natalie clavó su mirada en el castaño.
— Oh, soy muy discreta no te preocupes, ¿desean algo más?.
— Que no se te olvide que cuando termine tu turno debemos hablar.
— ¿Que se supone que tienes que seguir hablando con ella? — soltó la pelirroja irritada.
— No te incumbe Simone, no vuelvas a preguntar.
La rubia suspiró, sería una larga noche.
Daba la una de la mañana cuando Natalie guardaba las cosas en la pequeña mochila que siempre cargaba, después de todo el fastidio con Rodrigo Montalbán y su prometida había atendido buenas mesas que le habían dejado muy buena propina, así que eso le había devuelto su felicidad.
— Nos vemos el lunes Michel — dijo la rubia mientras se acercaba al moreno para ayudarlo a llegar a su vehículo.
— Nos vemos preciosa, que disfrutes tu domingo.
Natalie ayudó a Adrián a ponerse en pie mientras este trataba de no recargar completamente su peso en ella.
— ¿Me llevarás a mi casa?.
— Por supuesto que no, tu madre me odia — dijo Natalie sonriendo — Te quedarás conmigo y mañana que revivas te podrás ir.
— Que se pudra Lizzie.
La rubia se rió mientras llegaban a donde Rocky en su color rojo brillante estaba estacionado.
— Vamos sube — Adrían obedeció dejándose caer del lado del copiloto mientras le entregaba las llaves a la rubia.
Natalie cerró la puerta para dirigirse hacia el lado del piloto cuando unos brazos la acorralaron contra el viejo mustang.
— Joder…— dijo en voz baja girandose para enfrentar al castaño, había jurado que se olvidaría de buscarla cuando cerca de las doce de la noche Simone había insistido en irse. El aliento a alcohol de Rodrigo le llegó hasta su nariz, estaban tan cerca que sus narices podían tocarse.
— ¿De qué querías hablar?.
— ¿De verdad te vas a ir con él?.
— Rodrigo — dijo la rubia con fastidio, era tarde y estaba bastante cansada — ¿Qué carajo quieres?.
El castaño la miró con la mandíbula tensa, quería obligarla a quedarse con él pero terminó por decir otra cosa.
— Quiero que renuncies, si no lo haces yo mismo te despediré.