Las olas reventaban cerca de la costa donde varias familias se agolpaban a la orilla o debajo de sus sombrillas, disfrutando del hermoso clima de la ciudad. Natalie caminaba por uno de los enormes jardines del hotel en compañía de los padres de Rodrigo y su hermano, había tenido que seguir fingiendo mientras el castaño resolvía la situación con la mujer recién llegada.
— Entonces Natalie ¿qué es lo que estudias?.
— Ingeniería Civil señor Lauro, estoy por graduarme — dijo feliz Natalie.
— ¿Ingeniería? — dijo Jafar con sorpresa — Vaya, eso es diferente ¿donde estudias?.
— En Nova South.
— Dices que ya vas a acabar tu carrera ¿cómo es posible que conocieras a Rodrigo hace un año en París?.
La rubia lo miró nerviosa.
— Fue en unas vacaciones, un accidente — dijo tratando de restar importancia.
— ¿Unas vacaciones? — Jafar fingió pensarlo — ¿En tan poco tiempo se relacionaron?.
— Si, bueno…ya sabes — dijo nerviosa — Amor a primera vista.
— Que extraño, mi hermano nunca fue así.
Natalie no supo qué responder, ni ella misma conocía al hombre ¿que se supone que diga?.
— Jafar, deja a la prometida de tu hermano en paz, parece un interrogatorio.
— Lo siento padre, es mera curiosidad, verás Rodrigo anunció hace un año que había conocido a una chica, efectivamente en París ¿no se si lo recuerdas? — dijo dirigiéndose hacia su padre y esposa — Pero lo raro está, en que la chica que conoció vivía en dicha ciudad, es por eso que él decidió quedarse una larga temporada allá.
La rubia se daba cuenta del juego del castaño mayor.
— Si, que extraño…quizá no funciono y a mi me conoció después.
— Si, quizá.
Natalie miró hacia la entrada del hotel ¿donde carajo se había metido el castaño? estaba segura que no aguantaría otro interrogatorio de Jafar, ese hombre sabía lo que pasaba estaba segura, después de todo era el hermano de Rodrigo y podrían decirse cosas que a sus padre no.
Rodrigo Montalbán escuchaba como Simone le reclamaba el haberla hecho esperar en el aeropuerto, además, no acorde a eso le había encontrado campantemente desayunado con su familia y una extraña mujer.
— ¿Quién es esa mujer Rodrigo?.
— Te lo he dicho, te lo explicaré en un rato — dijo mirando su reloj, ya había dejado bastante tiempo sola a Natalie con su familia y le preocupaba que la rubia soltara información de más — Ahora ve a la habitación que Jonas tiene asignada para ti y espérame.
— Tienes media hora Rodrigo.
— No estoy para amenazas Simone, si no te gusta toma el vuelo de regreso a Francia.
Dicho esto dejo la recepción del restaurante para encaminarse a los jardines, sabía que estaba en deuda con Natalie, le había salvado varias veces ese día y a pesar de todo era un caballero. Distinguió a su familia en uno de los balcones con vista al mar, Natalie y su madre reían de vaya dios a saber que mientras su padre y su hermano las miraban asombrados.
— ¿De que me perdí? — dijo el castaño llegando al lado de las dos mujeres — Madre, luces muy sonriente.
— Solo le comentaba a Natalie que me gustaría ser la organizadora de su boda, hace mucho que no lo hago pero por mi único hijo lo haré.
— ¿Has escuchado? — dijo Natalie fingiendo una sonrisa — Mi suegra hará todo, además ha dicho que espera ir al campo de golf mañana a presentarme a sus amigas.
Rodrigo comprendió a qué se refería la rubia con aquella expresión, había prometido solo un almuerzo.
— Madre, Natalie tiene muchas cosas que hacer…
— Oh por todos los cielos, mañana es domingo.
— Si, le he dicho que tengo planes pero tu madre es muy persuasiva.
— Está bien madre, mañana iremos al campo de golf.
Natalie quiso golpearlo ahí mismo, de verdad lo anhelaba.
— Bueno, ya que has decidido amorcito entonces ahora tengo que resolver unos pendientes, nos veremos mañana.
— ¿Verse mañana? — dijo Jafar — Pensé que te quedabas con Rodrigo.
— Si, pero hoy se me hará muy noche entonces me quedaré con mi padre.
— Está bien hija — dijo Lauro sonriente — Pero recuerda que eres bienvenida al hotel las veces que gustes.
— Fue un placer conocerlos señores, son unas personas increíbles.
La rubia se despidió de la familia Montalbán para volver a la habitación, tenía que ir por sus cosas, su celular debía estar repleto de llamadas, mensajes y hasta amenazas de muerte por parte de sus amigas.
— ¿A dónde vas? — la voz de Rodrigo a sus espaldas la detuvo.
— A tu habitación, necesito mi teléfono.
— Bien, te acompaño y después te llevaré a tu casa.
— No lo necesito gracias.
— Mi madre me lo ha pedido y si alguien le dice que no me fui contigo me hará preguntas y odio las preguntas Natalie.
Natalie llegó a la habitación 003-A con Rodrigo detrás de ella, busco directamente donde sabía que había dejado su teléfono para percatarse efectivamente de la larga lista de llamadas perdidas.
— ¿Lo has encontrado? — dijo Rodrigo acercándose a ella.
— Si, yo…de verdad tengo que irme.
El castaño asintió.
— ¿No se te olvida algo más? — La voz proveniente del fondo de la habitación los hizo girarse. Natalie fijó la vista con el ceño fruncido hacia la cama revuelta, la pelirroja que había visto en el restaurante sostenía su ropa interior en una mano mientras los miraba furiosa.
— Ah claro, eso es mío — dijo Natalie acercándose hacia la pelirroja, pero Rodrigo se adelantó hasta arrebatarle la ropa de las manos a la pelirroja.
— ¿Que mierda haces en mi habitación Simone? — habló Rodrigo molesto — Sabes que no permito que nadie invada mi privacidad.
— Eres un cínico, ¿te acostaste con ella verdad? me habías dicho que no lo harías de nuevo.
— Dije que lo intentaría, te deje claro las cosas desde un inicio Simone.
Natalie sabía que no debía intervenir, no conocía a la mujer y lamentaba que pasara por esa situación, pero ella nunca hubiera imagino que Rodrigo Montalban era el extraño de la noche anterior.
— ¿Y que se supone que hacía desayunado con tu familia si solo te la follaste?.
El castaño carraspeó incómodo cruzándose de brazos.
— Es complicado, te lo explicaré cuando regrese.
— ¿Te irás?.
— Llevaré a Natalie a su casa.
Simone se rió mirando a la pareja frente a ella.
— ¿Llevarás a esta zorra a su casa?.
— Eh, eh sin insultar — intervino la rubia, ganándose una mirada molesta del castaño para que guardara silencio.
— No solo eso, mañana nos acompañara al campo de golf y necesito que tu no salgas del hotel.
— No puedes pedirme eso Rodrigo, dijiste que venia a conocer a tu familia.
— Escucha Simone — dijo el castaño tomando el puente de su nariz — Mi familia piensa que Natalie es mi prometida y por ahora no puedo decirles que no es así, así que es importante que te quedes aquí.
La pelirroja lo miró confundida, sabía que Rodrigo era un hombre que no le gustaba ser controlado, que apreciaba su privacidad más que otra cosa, ¿cómo era posible que algo así se le hubiera salido de las manos? Había hecho pasar a la zorra en turno como su prometida y eso le saldría caro, más de lo que él se imaginaba.
— ¿Porque tus padres piensan que ella es tu prometida?.
— Han sido suficientes preguntas Simone.
— ¡Merezco saberlo Rodrigo!.
El castaño tenso su mandíbula su paciencia estaba llegando al límite con esa mujer, nunca imaginó que una situación así le causara tantos problemas.
— Su madre entró a la habitación cuando yo me iba, Jafar le había dicho que estaba con su novia así que pensó lo más lógico — hablo rápidamente Natalie, quizá no debía haberlo hecho pero si la mujer quería saberlo todo era más que justo.
Simone miró con ojos desorbitados a aquella mujer.
— ¿Has pasado la noche con Rodrigo?.
Natalie la miró confundida.
— Eh…si, por..
— ¡Natalie, callate! — vociferó Rodrigo acercándose de nuevo a la rubia, ya había tenido suficiente de drama.
— Él nunca duerme con nadie — soltó Simone incrédula.
La rubia se rió pensando que era broma, pero al ver que nadie sonreía, sorprendida miró al castaño que estaba más que irritado para después fijar su vista en la pelirroja.
— Pero, tú eres su prometida — dijo sorprendida.
— Natalie deja de hablar — Rodrigo tomó del brazo a la rubia para dirigirse a la salida — Y tú Simone, te quiero fuera de mi habitación para cuando regrese.
Natalie bajó del deportivo cuando llegaron a los condóminos donde vivía con su papá después de un trayecto en completo silencio, su padre por otro lado debía estar tan preocupado que se sentía angustiada por saber qué decirle.
— ¿Vives aquí?.
La rubia se giró hacia Rodrigo que se había bajado del vehículo.
— ¿Algún problema?.
— ¿Cómo te colaste en mi fiesta?.
— Por una amiga.
— ¿Qué amiga?.
— Rodrigo — dijo exasperada — ¿Necesitas algo más? Quiero ir a ver a mi padre.
El castaño la miró con fastidio colocándose los lentes de sol.
— Mañana a las tres en punto pasaré por ti.
— No, yo llegaré al campo de golf.
— Tres en punto Natalie.
Volvió a repetir el hombre antes de subirse a su vehículo y salir pitando de aquel lugar. La rubia se aseguró de perder el vehículo de vista, antes de suspirar y caminar hacia su casa, cuando entró el rico aroma a té de Jazmin le llegó a su nariz, sonrió caminando hacia la pequeña cocina donde su padre estaba sirviendo dos tazas.
— Hola papá.
— Buenos días cariño, siéntate.
Marco de León era un hombre pasados de los cuarenta, desde que su esposa había fallecido por una terrible enfermedad hace seis años, él se había quedado a cargo de su hija, en ese momento Natalie era una adolescente que había perdido a su madre, fue una etapa muy dura para los dos porque su hija no comprendía porque su madre había tenido que morir, las deudas lo llenaron hasta el cuello, trabajaba todo el día hasta que Natalie decidió trabajar para aportar a la casa, eso era algo que no le había gustado pero solo de esa manera pudieron salir adelante, ahora vivían relativamente bien, aunque su hija se encargaba de seguir trabajando para pagarse sus estudios. Siempre le dio la libertad que pidió aún con el miedo de que algún día no volviera a casa, pero él nunca dejaba de cuidarla, había visto el coche en el que había llegado, sabía que su hija ya no era una inocente niña, sino toda una mujer con veintidós años.
— ¿Quién era él?.
— ¿Él? — dijo fingiendo demencia — Solo un amigo que me ha dado un aventón.
— Sabes que puedes confiar en mi hija — Marco había reconocido el logotipo incrustado en la lateral del vehículo, pertenecía a la familia Montalbán, los dueños del hotel donde él y su hija laboraban, no la iba a obligar a hablar pero tenía que saber que se traía el hijo del dueño con su pequeña Natalie.
— Te aseguro que todo está bien papá.
— Bien, ¿saldrás hoy antes de ir a trabajar?.
— Si, tengo que encontrarme con las muchachas, pero te prometo volver después de mi turno — dijo Natalie besando la mejilla de su padre.
— Te amo hija.
— Y yo a ti papá.
La rubia subió a su habitación mandando un texto a sus amigas, estaba segura que sería un interrogatorio muy largo, su mente comenzó a calibrar qué le diría a sus amigas, porque por ahora la verdad no era una opción, cruzaba los dedos porque la situación con Rodrigo Montalbán terminará mañana.