El silencio había reinado incómodo durante los últimos minutos en los que todos los presentes en la habitación parecían no querer un músculo.
— Rodrigo no me digas que aún voy a tener que esperar más para saber su nombre.
Grace Janner habló firme al percatarse de que nadie parecía querer dar el primer paso. Rodrigo carraspeo sonriendo de manera forzada mientras colocaba una mano en la espalda de la rubia para girarse hacia la mujer mayor.
— Claro madre, déjame presentarte — el castaño se giró nervioso hacia la rubia que lo miraba con una ceja levantada, Rodrigo se había dado cuenta de que en ningún momento se habían mencionado sus nombres, pues no había necesidad — Mi amor, porque mejor no te presentas tú misma ante mi madre.
Natalie esperaba que todo fuera un mal sueño, estaba en una habitación rodeada de tres personas desconocidas, las cuales esperaban que aceptara el hecho de que era la prometida del hombre con el que había tenido un acostón, en esos momentos se fijó en el castaño su semblante había cambiado, estaba nervioso, además su forma de hablar había cambiado completamente.
— Yo no so…— comenzó a hablar pero sintió como el castaño la apretaba contra sí.
— Madre, es comprensible que mi prometida esté nerviosa después de todo nos has encontrado en una situación nada favorable para los dos.
— Ya veo — dijo Grace mirando seria a los dos jóvenes — Vístanse, los veré en el desayuno.
— De acuerdo Madre.
Dicho esto Grace Janner salió de la habitación para encontrarse con su marido nuevamente.
Natalie frunció el ceño alejándose del castaño. Este la miró molesto antes de girarse hacia el joven asistente que se había quedado de piedra sin saber qué hacer.
— ¡¿Por qué no me has dicho que mi madre venía Jonas?!.
— No lo sabía joven, también ha sido una sorpresa para mi.
Rodrigo se tomó el cabello entre sus manos antes de respirar para tranquilizarse.
— Está bien — dijo al cabo de unos segundos — Jonas ve y busca ropa para esta mujer.
— ¿Ya no vas a dejar que me vaya en ropa interior?.
— No te vas a ir.
La rubia sonrió divertida, pero cuando ninguno de los dos presentes pareció hacer lo mismo se detuvo..
— ¿De qué hablas?— preguntó nerviosa — Claro que me iré, es más prefiero irme desnuda antes de quedarme.
Rodrigo frunció el ceño al ver como la mujer le arrojaba su camisa.
— Jonas, dentela.
— Pero joven ¿como…? — Natalie se mordía el labio divertida viendo como el tal Jonas pretende detenerla sin tocarla.
— ¡Jonas! — dijo Rodrigo antes de tomar de nuevo a Natalie de la cintura.
— ¡Hey!.
— Escucha rubia, mi madre ya te vio y vas a tener que bajar al desayuno conmigo.
— ¡Pero qué sencillo, como no lo pensé antes! — soltó tratando de librarse del agarre.
El castaño resopló con fastidio.
— Jonas trae la ropa.
El joven asintió saliendo apresuradamente de la habitación.
— Suéltame — dijo Natalie alejándose del castaño — Solo dile a tu madre que no somos nada, no es algo del otro mundo.
Rodrigo tenso su mandíbula buscando como salir de la situación.
— No puedo, mi madre es…alguien a quien le importa mucho ciertos aspectos.
— ¿No me digas que no sabe que su hijo es un promiscuo? — dijo divertida la rubia, ganándose una mirada de reproche por parte del castaño.
— Solo es un desayuno en lo que pienso cómo solucionar las cosas.
Natalie suspiró rodando los ojos, moría de hambre y un desayuno no le haría daño, pero de repente algo vino a su cabeza miró al castaño de manera acusatoria.
— Tu madre venía segura sabiendo que te encontraría con tu novia, eso significa que ¿tienes una relación con alguien?.
— Eso no te importa.
— Me voy — dijo alzando los hombros y caminando hacia la salida.
— ¡Espera! — grito logrando que la rubia se detuviera — Si tengo una relación con alguien.
— Y aun así, ¿te has acostado conmigo?.
— El cómo funciona mi relación eso si es privado.
— Ninguna mujer se merece una infidelidad.
Rodrigo chasqueó la lengua, para él no le debía nada a ninguna mujer.
— ¿Irás al desayuno o no?.
— No te mereces que te salve el culo.
— Vamos chula — dijo el castaño sonriendo de lado — Con esto queda olvidado que me has engañado.
— No te quejabas anoche, pero tienes razón, muero de hambre.
Rodrigo sonrió.
— Date un baño, Jonas dejará tu nueva ropa en la cama y vendré por ti en media hora.
La joven suspiro caminando hacia el baño, rogaba que la decisión que tomó no fuera un error.
Natalie de león se miró en el espejo de la habitación, lucía espectacular con aquel vestido que el asistente del castaño había traído, sonrió para sí mientras terminaba los últimos detalles de su maquillaje, la puerta de la habitación se abrió dando paso al castaño, para Natalie verlo era como ver a otro hombre completamente diferente, su porte era el de un hombre elegante, se venía abotonando el saco mientras caminaba seguro hacia ella.
— No luces nada mal — dijo con voz firme llegando a su lado.
— Gracias, tu tampoco luces mal con tu nuevo estilo.
Los dos jóvenes se miraron a través del espejo sintiendo un remolino en su estómago, lo asociaron al hecho de que les hacía falta alimento.
Rodrigo caminaba a paso seguro para llegar al comedor pero se detuvo abruptamente girándose hacia la rubia.
— Nos conocimos hace un año en París, te propuse casarnos hace un mes, no tenemos mascotas, vivimos juntos desde entonces y nos pensamos casar en dos meses.
— ¿Y pretendes que nos crean?.
— Solo aprendetelo.
— ¡Sí señor! — dijo Natalie con burla colocando su mano en la frente, antes de reírse.
— Dios — dijo el castaño antes de seguir caminando.
La rubia aún se reía cuando entraron al restaurante del hotel, divisó a la madre del castaño antes de pararse borrando todo rastro de sonrisa, tomó la mano del castaño que la miró confundido.
— Tu…¿eres un Montalbán? — dijo apenas con un hilo de voz.
Rodrigo sonrió de lado acercándose de nuevo a la rubia.
— ¿Eso es un problema para ti?.
— ¡Por supuesto que sí! — dijo de manera alterada — Tu familia es dueña del hotel.
— ¿Y?.
Natalie miró al hombre desesperada, no quería perder su trabajo pero acostarse con el hijo del dueño claramente había cavado su propia tumba.
— Nada, será un desayuno rápido y después voy a desaparecer.
— Por mi perfecto.
El castaño tomó la mano de la rubia entre las suyas llegando hasta donde estaba su familia, el único sorprendido era Jafar seguramente le había arruinado lo que sea que hubiera tramado.
— Buenos días padre, madre, Jafar — dijo Rodrigo sonriendo mientras le ayudaba a la rubia a tomar asiento — Mi amor, ellos son mi familia.
— Un placer a todos — dijo nerviosa — Yo soy…soy la prometida de Rodrigo.
Natalie había intuido el nombre al darse cuenta de que el otro hermano sentado en la mesa era Jafar Montalbán.
— ¿Cual es tu nombre jovencita? — habló Lauro Montalbán mirando de manera curiosa a la mujer que su hijo había traído a la mesa.
— Natalie de León, señor Montalbán.
Rodrigo se giró hacia la rubia, era la primera vez que escuchaba su nombre y le había fascinado escucharlo.
— Oh por favor eres mi nuera llamame Lauro.
— Claro — dijo la rubia forzando una sonrisa.
— Natalie hazme el favor de pararte — habló Grace de manera seria.
— Madre…— dijo Rodrigo sabiendo que era lo que su madre pretendía.
— He dicho algo Rodrigo, no me contradigas.
Natalie los miró sin comprender, pero aun así se levantó sintiendo como la madre del castaño la miraba juzgando.
— Bien…buena estatura, fuerte, atractiva, definitivamente has elegido bien hijo.
Rodrigo carraspeó tratando de evitar su sonrojo.
— Natalie mi amor ya puedes sentarse.
— ¿Tu madre dio su aprobación de mi cuerpo? — dijo incrédula.
Pero la que respondió fue justamente la mujer que la había juzgado.
— En mi familia Natalie es muy importante la salud de las mujeres, esto con el fin de que procreen hijos fuertes y sanos, no queremos que nuestro primer nieto sea enfermizo.
Natalie sintió como si fuera a desmayarse, ¿en qué embrollo se había metido?.
— No pongas esa cara jovencita, sé que puede pasar un tiempo para que mis nietos nazcan.
— ¿Hace cuanto se comprometieron? — preguntó Jafar, estaba seguro que alguno de los dos se equivocaría en la historia.
— Hace un mes — contestó Rodrigo — Pero fue de palabra, aún no le he dado el anillo.
— Pero Rodrigo deja que mi cuñada hable, dinos Natalie ¿hace cuánto conoces a mi hermano? Es más me da curiosidad saber cómo te enamoraste de él.
— Bueno — dijo la rubia un poco más tranquila — Nos conocimos en París hace un año, vivimos juntos hace un mes.
— Pero, ¿qué fue lo que hizo que te enamoraras? — insistió Jafar con una sonrisa — De mi hermano lo comprendo, eres preciosa y se nota que eres una muy buena persona.
— A pues tu hermano es…es muy…— Natalie suspiró mirando a Rodrigo que la miraba con el ceño fruncido — Es muy amoroso conmigo, si, él…siempre está al pendiente de mi, me cuida, yo…supongo que son muchas virtudes, tantas que el desayuno se enfriará.
— ¿Cuándo piensan realizar la ceremonia de la boda? — habló Lauro Montalban después de unos minutos en los que solo se escuchaban los cubiertos.
— Cuando me gradué.
Rodrigo la miró con sorpresa.
— Cariño — dijo forzando una sonrisa — Habíamos dicho que en dos meses.
— No, eso tu lo dijiste, yo no me pienso casar hasta que mi título esté en mis manos.
— Hijo deberías respetar sus decisiones, una mujer con educación es mucho más valiosa.
El castaño miró a su madre que esta vez parecía lucir bastante complaciente con la rubia.
— Claro madre — dijo Rodrigo girándose hacia Natalie, que tenía una pequeña sonrisa burlesca en sus labios — Será cuando tu quieras mi amor.
— Y es por eso que me enamoré de ti — dijo la rubia apretando su mejilla.
Rodrigo sonrió fingidamente, se acercó con la intención de besarla pero se detuvo ¿porque lo haría? sus padres ya le creían, pasó saliva mientras su cerebro libraba una batalla, hasta que sintió el ambiente detenerse Jonas Calibran iba entrando al restaurante con una mujer, una mujer que él conocía muy bien.
— Pero, ¿qué hace ella aquí? — dijo en voz baja.
Natalie se dio cuenta de que el castaño se había quedado de piedra, siguió la línea de su mirada hasta topar con el asistente de Rodrigo que venía acompañado de una hermosa pelirroja que parecía buscar a alguien, no era tonta había sumado dos más dos y estaba casi cien porciento segura que aquella mujer era la verdadera prometida de Rodrigo Montalbán.