Adrián Morán observaba de vez en cuando con interés a la mujer parada en una esquina de la sala de la casa de Marco de León, ese día había tenido la oportunidad de ir a visitar al padre de la rubia, pues las prácticas del día anterior le habían dejado agotado.
— Entonces, dice que Rodrigo le ha dejado a esta mujer ¿para que lo cuide?.
— Le he dicho que no era necesario, pero como siempre ha impuesto su voluntad — dijo Marco sirviendo té para los dos, no había querido discutir más con el joven Montalbán sobre el tema de la asistente vigía, así que cuando la joven Charlotte se apareció en su puerta a primera hora de la mañana y había insistido a llevarlo a casa de los Castillo para su trabajo, había suspirado abatido sintiendo la incomodidad durante el resto del día. Descubrió que hoy la mujer pretendía hacer exactamente lo mismo que el día anterior, ser su sombra así que trató de resignarse y cuando Adrián llegó, se sintió mucho más relajado.
— ¿Natalie no se ha comunicado?.
— Solo ha mandado un texto temprano diciendo que hoy era la famosa ceremonia, me ha mandado fotos también.
— Debe ser emocionante para ella conocer ese tipo de lugares, yo nunca pude llevarla de viaje.
Marco miró al joven que a pesar de no parecer decepcionado ni triste, en su voz se notaba un dejo de añoranza.
— Te aseguro Adrián, que mi hija fue sumamente feliz a tu lado.
— De eso no tengo duda señor Marco, pero me imagino que con Rodrigo puede tenerlo todo.
— Ustedes los jóvenes creen que el dinero es la solución a todo, Rodrigo Montalbán podrá ser millonario, pero eso no va a comprar el amor de Natalie, él tendrá que aprender a ganárselo solo espero que cuando comprenda como no sea muy tarde para ninguno de los dos.
Adrián observó con intriga al padre de la rubia, parecía pensativo.
— Usted sabe algo que nosotros no.
Marco sonrió bebiendo su té, estaba seguro que Natalie les había compartido a sus amigos cómo se sentía al respecto, también estaba seguro que estaban enterados de todo el trato que su hija había hecho con el joven Montalbán así que no estaba seguro a que se refería el joven Adrián al decirle que él tenía conocimiento de algo más, solo intuía las acciones de su hija junto con Rodrigo y era tan complicado que estaba seguro que ni la joven pareja debía saber lo que deseaban.
Jafar caminaba hacia el acceso de Villa Corsini, hace tiempo que su hermano había desaparecido en compañía de la rubia, había tenido que soportar a su padre y su cansada cantaleta del porqué Rodrigo estaba cometiendo un grave error hasta que recibió un mensaje que fue su vía de escape; el castaño mayor sonrió cuando vio la cabellera pelirroja en la puerta principal.
— Simone, nunca espere que tuvieras el descaro de presentarte.
— Se supone que era tu invitada Jafar, me has dejado plantada.
El castaño hizo señas al personal de seguridad para que dejaran pasar a la pelirroja, la cual avanzó molesta hasta llegar al lado del hombre que se sonreía de manera burlesca.
— Por favor Simone, después de que mi hermano terminara su compromiso ¿no esperarías a que yo siguiera nuestro trato no?.
— ¿Por qué no?.
— Porque ni mi padre, ni la madre de Rodrigo creerían en lo que nosotros dijéramos y más después de ver a mi hermano tan embobado con Natalie.
— Tú hermano no está enamorado de esa mujer, no es un hombre que sepa lo que es amar, está embrujado, hechizado y tenemos que deshacernos de ella.
Jafar suspiró, es por eso que no lidiaba con mujeres.
— ¿Y cómo haremos eso Simone?.
— Primero tengo que asegurarme de que no serás un maldito traidor.
— ¿Me pondrás a prueba? — soltó con burla el castaño.
La joven pelirroja se cruzó de brazos con una sonrisa en su rostro, en la plática con su nuevo amigo había salido a relucir el tema de Jafar, Carim Volkov le había dicho como solían jugar los Montalbán, no debía confiar en ellos pero debía mantener cerca al mayor de los herederos.
— Digamos que, una prueba no es suficiente Jafar, necesitamos confiar el uno en el otro quiero que te conviertas en la sombra de Natalie de León y yo me convertiré en la de tu hermano, cualquier situación relevante la contaremos.
— ¿Y cómo harás para que Rodrigo confíe de nuevo en ti?.
— Eso déjamelo a mí.
— Tus encantos ya no funcionaran.
Simone lo miró con desconcierto.
— ¿Por qué lo dices?.
— Porque no suelta ni un momento a su prometida, en estos momentos deben estar echando un polvo en algún lado.
La joven Malverde apretó los puños en silencio, que Rodrigo se revolcara con una mujer le era irrelevante en el pasado, porque sabía que eran pasajeras pero le sacaba de quicio el hecho de que la rubia parecía tenerlo comiendo de su mano.
Natalie se acomodaba el vestido maldiciendo en voz baja mientras la suave risa del castaño se escuchaba a su lado, sabía que no debía haber cedido a la idea de Rodrigo, pero claro se le había hecho fácil.
— Por favor chula, fue emocionante — dijo el castaño sacudiendo su saco.
— Lo dices porque no hiciste nada, todo el esfuerzo lo hice yo.
— Eso me ofende — dijo con fingida inocencia el castaño — Además yo te cargue.
La rubia lo miró de mal modo, ella había tenido que arremangarse el vestido para poder subir a los hombros del castaño y buscar la salida del laberinto ya que al final Rodrigo había aceptado haberse perdido y el tiempo se les acababa.
— Como sea, caminemos ya.
— ¿Estás segura de que es por ahí verdad?.
Rodrigo río cuando la rubia solo bufó, era la primera vez que se estaba divirtiendo de aquella manera. Al cabo de varios minutos por fin reconoció el camino y les fue más fácil salir de ahí, sonrió al ver su reloj a pesar de saber quién se llevaría el apoyo económico tenía que fingir el jodido concurso.
Louis Challet vio llegar de nuevo al joven Montalbán de la mano de su prometida, ya estaba todo listo para el concurso le hizo señas al joven castaño que asintió llegando a su lado.
— Rodrigo, ¿podemos comenzar?.
— Por supuesto señor Challet, ¿consiguió a los demás jueces?.
— Los que le has indicado a mi asistente, señorita si nos permite.
Natalie asintió con una sonrisa despidiéndose de los dos hombres, avanzó hasta donde Grace Janner permanecía hablando en voz baja con su marido ¿donde se habrá metido Jafar?.
— Natalie querida, ¿has visto la villa completa? — dijo la mujer mayor al ver llegar a la joven rubia a su lado.
— La verdad nos perdimos en el laberinto.
Grace parpadeó desconcertada, en cambio Lauro Montalbán había soltado una carcajada.
— No se que te causa risa Lauro, Rodrigo conoce el laberinto como la palma de su mano, quizá aún sigue enfermo.
Lauro dejó de reírse al ver la cara de molestia de su esposa.
— Si tienes razón no es gracioso, para nada.
— Quizá deba decirle de nuevo a Alessia que vaya a verlo esta noche.
— No creo que sea necesario — intervino Natalie de manera apresurada, no quería que la doctora volviera — Rodrigo está bien, solo necesita relajarse.
— Y supongo que tu sabes muy bien cómo ayudarlo ¿no cuñada?.
Natalie se giró hacia Jafar dispuesta a enfrentarlo, pero las palabras murieron en su boca al ver a la pelirroja de su brazo, esto le confirmaba que Rodrigo le había dicho la verdad esos dos debía estar confabulados.
— Discúlpate ahora mismo Jafar — hablo Lauro seriamente — Natalie es una dama que merece respeto.
— Lamento si te ofendí cuñada.
— No pasa nada Jafar, no sabía que Simone nos acompañaría.
La pelirroja sonrió cínicamente a la rubia.
— Me he retrasado un poco, pero Jafar me ha invitado espero que no les moleste.
— Por supuesto que no señorita Malverde — dijo Lauro indicando que tomara asiento — Es bienvenida a nuestra mesa cuando guste.
— Gracias señor Lauro, ¿dónde está Rodrigo? Me encantaría saludarlo para agradecer que me diera raite anoche, la pase espectacular.
Natalie forzó una sonrisa antes de dirigirse hacia la pelirroja, le había hecho enojar el tono en el que había hablado y si, se había puesto celosa al recordar como el castaño la había besado en aquel bar, sabía que no tenía derecho pero tampoco se quedaría callada por lo menos el tiempo que les quedaba en Italia le demostraría a la pelirroja que Rodrigo por primera vez la había elegido a ella.
— Mi prometido está ocupado con un concurso, pero imagino que no tardará en venir.
— Imagino que con tanto trabajo, los preparativos de la boda se han retrasado.
— Imaginas mal Simone, gracias a Grace la boda se llevará a cabo en tres semanas.
Simone trató de mantener su sonrisa, tres semanas era demasiado pronto, siempre imagino que Rodrigo había dado largas a su madre para la planeación de la boda, después de todo seguir adelante era un riesgo. Pero al parecer el castaño había movido todos los hilos a su antojo, siempre logrando lo que él deseara.
— Pues muchas felicidades.
— Gracias, puedes ir como acompañante de Jafar, estaré encantada de que vayas.
Jafar soltó una risa disimulada, definitivamente las dos mujeres habían soltado su veneno de manera sutil, se mantenia al margen hasta saber si el plan de la pelirroja funcionaria, no era idiota si lo arrastraba su padre terminaría por desterrarlo y eso no lo permitiría.
Rodrigo Montalbán tomaba la mano de Alfonso Pavarote en modo de compromiso, el concurso por orden del joven Montalbán se había llevado a cabo a puerta cerrada esto alegando que los hoteles perdedores no recibieran robo alguno de ideas por parte de los grandes magnates. Así que cuando los jueces dieron su veredicto al Hotel Eygos, Rodrigo tendría de primera mano el cómo vio la luz aquella idea.
— La verdad es que estoy sorprendido muchacho, no creí que ganaría.
— ¿No le tiene fe a su hotel señor Pavarote?.
— No es eso, si no el hecho de que tu padre haya permitido que use justamente el dinero de los Montalbán en mi.
— Si lo dice por lo que ocurrió en el pasado, ese es problema de mi padre y suyo, conmigo las cosas serán diferentes se lo aseguro.
Alfonso Pavarote palmeo la espalda del castaño de forma afectiva.
— Desde que eras niño supe que saldrías adelante, esa enfermedad nunca te venció y ahora tienes una visión más grande de la que tu padre alguna vez tuvo.
— Todo en la vida se trata de riesgos.
— Eso no lo tienes que decir muchacho, yo me levante de las cenizas.
El castaño sonrió mirando al hombre, lo único que le interesaba era quien estaba detrás de todo, definitivamente Alfonso Pavarote era una marioneta se había dado cuenta con tan solo escucharlo hablar en la presentación del proyecto de su hotel, ese hombre no sabía nada, nunca habría podido ganar el concurso.
— Pues ahora tendrás que tener mucho cuidado donde pisar y en quien confiar Alfonso, de no ser así te caerás y será muy doloroso.
Dicho esto el joven castaño se retiró, después se encargaría de contactar al asistente de Pavarote para recabar la información, por lo pronto ya habían firmado un previo en el que Alfonso Pavarote no podría mover absolutamente nada referente al hotel Eygos. Rodrigo frunció el ceño al ver la cabellera pelirroja sentada en la mesa de su familia, ¿qué demonios hacía Simone ahí?.
— Maldita seas Jafar — dijo en voz baja antes de llegar a la mesa y tomar asiento al lado de la rubia, que lo miró aliviada.
— Hijo, ¿has quedado conforme con el concurso? — Lauro miró ansioso al castaño, esperaba poder escuchar de él quién sería el nuevo socio.
— De hecho si padre, me reuniré con ellos cuando llegue a la ciudad, por ahora quiero disfrutar el resto del viaje.
— Pero, ¿a quien has elegido?.
— Yo no elegí a nadie padre, ¿recuerdas que habría jueces? No te preocupes todo saldrá bien.
Lauro quiso alegar más pero se vio interrumpido por la joven pelirroja.
— Perdonen, Rodrigo tiene razón, el tiempo en Italia es muy corto y todos estarán de acuerdo en que debemos aprovecharlo, principalmente Natalie que nunca ha viajado ¿o me equivoco?.
— No, no te equivocas Simone — contestó Natalie con una sonrisa — Mis padres nunca tuvieron el solvento para viajar a lugares tan lejanos, pero no creo que viajar a tantos lugares ayude a mejorar tu educación.
Rodrigo sonrió entrelazando su mano con la de la rubia.
— Si nos disculpan, le he prometido a Natalie ver las estrellas esta noche, el señor Challet nos ha invitado a quedarnos en la villa.
Sin esperar respuesta de los presentes en la mesa, el joven castaño se despidió de sus padres con un movimiento de cabeza antes de caminar hacia los jardines de la villa, la noche pronto caería y quería que Natalie recordará cada momento de aquellos campos, él mismo cuando era niño se había quedado horas observando el cielo nocturno que se podía apreciar de manera tan nítida.