Rodrigo Montalbán sentía la brisa de esa noche mientras observaba a la rubia recargada en la orilla del balcón en su habitación, Natalie observaba el cielo estrellado y es que desde ese lugar se podían apreciar nítidamente el resplandor de cada estrella. Para el castaño era la primera vez que quería aferrarse tanto a guardar una imagen en su cabeza como si de una obra de arte se tratara, suspiró tomando dos copas que había servido caminando hacia la rubia.
— ¿Es precioso no?.
Natalie se giró con una sonrisa hacia el castaño, había deshecho su moño y abierto los primero botones de su camisa dejando ver parte del tatuaje que cubría su cicatriz, verlo con esa sonrisa confiada en su rostro y sus cabellos moviéndose con el viento, sinceramente estaba dispuesta a dejar que ese hombre hiciera lo que quisiera con ella esa noche.
— Si, la verdad es que las noches de Italia han sido fascinantes de ver.
— He estado pensando Natalie, quizá…
— ¿De verdad quieres hablar ahora Rodrigo?.
El castaño la miró sin comprender, vio a Natalie beber todo el contenido de la copa antes de bajar el cierre de su vestido y dejarlo caer, Rodrigo pasó saliva la mujer le fascinaba, le gustaba que fuera atrevida y segura de sí misma, aunque le hubiera gustado que Natalie le escuchara antes de cualquier otra cosa, pero cuando la rubia tomó sus labios entre los suyos, su mente quedó en blanco solo estaba el olor de su piel, el calor que desprendían sus manos cuando Natalie acariaba su tatuaje. Natalie de León sentía la calma con la que Rodrigo le devolvía aquel beso, la delicadeza con la que el castaño la había tomado entre sus brazos y la suavidad con la que la acariciaba, se alejó lo suficiente para mirarlo a los ojos mordiéndose el labio, la rubia lo miraba con desconcierto, pues no era lo que esperaba de la última noche con el castaño, suponía que para Rodrigo sería como la primera vez que estuvieron juntos, pero parecía que esta vez la lujuria había sido cambiada por algo más.
— ¿Ocurre algo Rodrigo?.
— ¿Por qué lo dices? — dijo el castaño tomando el rostro de la rubia en su manos.
— No sé, es solo…creí que…ya sabes…me arrancarías la ropa.
El castaño soltó una leve risa antes de besar de manera fugaz a la rubia.
— No sabes lo sumamente atractiva que luces con el sonrojo de tus mejillas y lo afortunado que soy de poder verlo.
La rubia abrió la boca para decir algo, pero en ese momento el castaño la tomó en brazos para entrar a la habitación, Rodrigo la dejó en la cama mientras él se desprendía de su camisa.
— Te veo nerviosa chula — dijo el castaño con una sonrisa, al ver que Natalie había permanecido en la misma posición viéndolo aun con el sonrojo en sus mejillas.
— No, no — dijo Natalie volviendo en sí, le había confundido la actitud de Rodrigo, imaginaba que al igual que ella solo debían estar actuando como pareja hasta que el viaje acabará ¿no?, es solo que cuando la beso, una sensación se apoderó de ella y eso la asustaba.
— ¿Segura? — dijo el castaño con burla colocando las manos de la rubia sobre su cabeza antes de besarla nuevamente.
Natalie ahogó un gemido cuando Rodrigo movió su lengua haciendo el beso más erotico, trato de liberarse del agarre del castaño quería poder tocarlo pero Rodrigo solo sonrió comenzando a morder mi piel que estaba libre de ropa, con su mano libre el castaño comenzó a despojar a la rubia del conjunto blanco que portaba y se alejó para poder mirarla a los ojos mientras regularizan su respiración, sus labios entreabiertos, su cabello revuelto, el castaño había jurado grabarse cada detalle de Natalie de León en su mente.
— Eres mía Chula — dijo liberando las manos de la rubia para aferrarse a su cintura — Solo mía ¿Te quedó claro?.
Rodrigo sonrió cuando escuchó a la rubia jadear mientras asentía, Natalie logró incorporarse quedando a horcajadas pegando su cuerpo al del castaño el cual le devolvió la sonrisa aferrándose a su cuerpo.
— Soy tanto tuya, como tu eres mio Montalbán, pero ahora ¿sabes lo que deseo? — dijo mordiendo suavemente el labio del castaño.
— Quizá necesite escucharlo — contestó Rodrigo con voz ronca.
Natalie sonrió besando la barbilla del castaño hasta llegar a su oído.
— Quiero que me folles tan duro como puedas Rodrigo Montalbán, que incluso desconozca mi propio nombre.
El castaño gruñó dejando caer su cuerpo sobre el de la rubia que solo sonreía divertida.
— No sabes lo que me pides chula.
— Deja de hablar Rodrigo.
La joven atrajo a Rodrigo hacia ella en un beso más salvaje que los anteriores, estaba dispuesta a esa noche no involucrar sentimientos, no podía, se repetía a sí misma la rubia al tiempo que se entregaba de nueva cuenta al castaño, al hombre de una sola noche que había cambiado el rumbo de su vida.
Travis Ascolani caminaba sumido en la musica que salia de sus auriculares, ese dia por fin había terminado su turno observo el reloj apenas iban a marcar la una de la tarde, unos cuantos minutos más y estaría en su casa, el joven suspiró pensando en la rubia, desde que se había ido de viaje no había sabido nada de ella, pensó en llamarle muchas veces o mandarle mensaje pero al final decidió que lo mejor era esperar a que regresara a pesar de que él mismo le hay dicho que lucharía por ella contra Rodrigo Montalbán la realidad es que la misma Natalie no parecía estar segura de sus sentimientos lo pudo notar cuando la beso y la incomodidad de la joven apareció. No la culpaba apenas se estaban conociendo, pero de verdad esperaba tener una oportunidad para demostrarle que valía la pena.
Travis se detuvo al chocar contra dos hombres que lo miraban con burla.
— Lo lamento, no los vi — dijo el joven sacando la vuelta a aquellos hombres.
— Pero a dónde vas con tanta prisa muchacho.
Travis frunció el ceño al escuchar a ese hombre hablar, se fijó bien en ellos, él se consideraba de las personas que no juzgaban por la apariencia pero definitivamente en ese momento su instinto le dijo que corriera, y así lo hizo pero solo unos metros hasta que se vio derrumbado por uno de los hombres.
— ¡Sueltenme!.
— Tranquilo viejo, solo te lastimarás.
— ¿Quieren dinero? Les juro que lo que está en mi cartera es todo.
Uno de los hombres lo levantó mientras palmeaba su espalda.
— Nos pagan bien por hacer este trabajo, solo hemos venido como mensajeros.
— ¿Mensajeros? — dijo Travis con un poco de temor y sin comprender.
— Así es, verás, nuestro jefe quiere que te alejes de una mujer.
Los hombres vieron cómo el joven parecía perdido con lo que decían.
— Mira muchacho, hay muchas más mujeres en el mundo como para aferrarte a la única que está prohibida.
— No comprendo.
— Quizá esto te refresque la memoria.
El hombre que parecía más joven se acercó con una sonrisa antes de golpear el estómago de Travis el cual en un instante se quedó sin aire, cayó de rodillas al piso sosteniendo su estómago, segundos después un segundo golpe se clavaba en su mandíbula.
— No te he pegado tan fuerte ¿o si? — dijo riendo.
Travis trató de levantarse antes de sentir nuevamente una patada en su estómago.
— Muchacho, es una advertencia simple, alejate de Natalie de León
Los dos hombres desaparecieron de la misma manera en que llegaron, mientras el joven Travis se arrastró hasta una de las paredes de aquella calle, pensó de nuevo en la rubia y en si sabría lo peligroso que era estar con Rodrigo Montalbán.
El amanecer en Florencia desde aquel paraje era algo que se apreciaba con la vista, pero para las jóvenes amigas de la rubia era algo que hasta en un largo tiempo pudieran ver.
— Natalie ¿estas escuchando?.
La joven rubia se fijó de nuevo en su celular y la videollamada que tenía con sus amigas.
— Lo siento, son las cinco de la mañana — dijo en voz baja mientras bostezaba.
— Sentimos llamarte tan temprano, pero aca son las once de la noche y hemos estado ocupadas todo el día — soltó Tala de manera rápida.
— ¿Han visto a mi padre?.
— Adrían estuvo con él casi todo el día, al igual que esa chica Charlotte — dijo Cloe.
Natalie rodó los ojos al saber que Rodrigo había sido tan necio por insistir en ello.
— Gracias por verlo, probablemente hoy llegamos de madrugada — dijo con nostalgia volviendo a mirar el amanecer.
— No luces muy feliz, ¿es por Rodrigo? — dijo Sarah mirando de manera inquisitiva a la rubia.
— ¿Qué tiene que ver Rodrigo? — contestó Natalie frunciendo el ceño.
— No te alebrestes rubia — dijo Tala con una sonrisa — Es solo, ¿recuerdas lo que hablamos de tus sentimientos? .
— No estoy enamorada de él, se los he dicho ya.
— O es solo que no lo quieres aceptar ¿tan malo sería Nat?.
— El hombre trajo a su prometida al viaje.
— Nos dijiste hace unos minutos que eso había acabado — alegó Cloe al ver que su amiga estaba en negación — Que Rodrigo prácticamente te eligió a ti ¿o nos vas a mentir al decir que el monumento de hombre no está en tu cama en estos momentos?.
Natalie chasqueó la lengua resoplando.
— Es solo sexo.
— ¡Claro que no! — respondieron las tres amigas en unísono.
La rubia iba a responder cuando su vista se desvió al castaño que recién se había levantado y caminaba con curiosidad hacia ella.
— ¿Nat?.
Natalie volvió su vista hacia la pantalla del celular donde sus tres amigas le devolvieron la mirada con curiosidad.
— Yo…me tengo que ir.
— ¿Tu hombre se ha despertado? — dijo Cloe con burla.
Las risas de Tala y Sarah se unieron a la de Cloe al ver la cara que había puesto la joven rubia.
— ¿Interrumpo algo? — dijo Rodrigo con voz ronca mientras le arrebataba el celular de la mano a la rubia que rápidamente frunció el ceño.
— No, nada importante — dijo Natalie tratando de arrebatar el celular al castaño pero este solo se rio tomándola de la cintura.
— Entonces vuelve a la cama.
Rodrigo besó a la rubia entregando el celular para tomarla en brazos, Natalie se dejó besar mientras colgaba la videollamada con sus amigas, antes de entregarse de nuevo a los brazos del castaño.
Tala Castillo hizo una mueca mientras veía como sus otras dos amigas se reían a través de la pantalla.
— Es increíble que lo siga negando — dijo Sarah aún con la sonrisa en su rostro.
— Es normal, Natalie debe tener miedo después de todo lo que ha pasado con Rodrigo Montalbán — respondió la joven filipina.
— ¿De verdad creen que Rodrigo le corresponda a nuestra amiga? — dijo Cloe preocupada al escuchar las palabras de Tala — Hace unos días le dábamos el consejo de que conociera a Travis.
— Por favor, conocemos a Nat — dijo Sarah — Ella no se enamoraría de alguien como Travis, a lo que nos ha contado es como Adrián y seamos sinceras, ese tipo de hombre jamás la controlaría.
— ¿A qué te refieres? — dijo Cloe desconcertada.
— Me refiero hermanita que Nat, necesita a alguien que le jale las riendas, que sea posesivo, celoso a eso ella le gusta aunque no lo admita.
— Bueno, es que alguien como Rodrigo Montalbán que te domine, sería idiota si me negara a algo así — dijo Cloe con una sonrisa.
— Dios mio enana controla tus hormonas — dijo Tala riendo.
— Ustedes son unas aburridas, ojalá un día me encuentre a alguien como Rodrigo en mi vida, la verdad me podría volver sumisa.
Sarah rodó los ojos al escuchar a su hermana.
— Como sea, esperemos a que Natalie vuelva para poder saber qué fue lo que decidió, quizá decidan darse una oportunidad — dijo la morena mirando la hora, casi daban las doce de la noche.
— Por lo menos Rodrigo ya dio el primer paso, se deshizo de la pelirroja — dijo Cloe.
— Va a ser una mujer despechada, prácticamente la han votado en otro país.
— Seamos sinceras, ella nunca tuvo oportunidad ante nuestra rubia.
Las tres jóvenes asintieron, desde que Natalie se había topado con Rodrigo en aquella fiesta su vida se había vuelto interesante, a todos nos gusta jugar con fuego pero no cualquiera evita quemarse.
Natalie se dejó caer en la cama cerrando los ojos, podía sentir las gotas de sudor en su cuello junto con el entumecimiento de sus piernas. Respiraba profundamente sintiendo nuevamente los labios del castaño en su cuello.
— Rodrigo…— dijo con voz cansina.
— ¿Ya te cansaste chula?.
— ¿Cómo es que tu no?.
— Supongo que tengo mejor salud.
La rubia golpeó el hombro de Rodrigo mientras este se reía.
— Natalie, ¿quieres conocer Roma?.
— ¿De verdad? — dijo la rubia abriendo los ojos con sorpresa.
— Si, aunque si estás muy cansada…
— Para conocer Roma no, solo ¿que hay de tu cita?.
— Después de comer con Luciano Colombo viajaremos a Roma.
La joven frunció el ceño incorporándose, Rodrigo lucía nervioso pero se mantuvo firme.
— Pero, no tendremos tiempo tenemos que tomar el vuelo de regreso.
— Si, bueno…podemos alargar un día más el viaje ¿no?.
— ¿Alargar? Rodrigo…
— Natalie, es solo un día, por favor, después todo será como tú has pedido.
— ¿De verdad me dejarás libre?.
Rodrigo apretó los labios mientras asentía.
— Eso dije ¿no?.
El castaño tomó el rostro de la rubia para besarla de manera suave, le había suplicado por un día más porque quería demostrarle el descubrimiento de sus nuevos sentimientos, estaba seguro de se estaba enamorando como bien había dicho Alessia pero no estaba preparado para decirlo y sufrir el rechazo que le destrozaría por completo, el valor que había reunido durante la noche para confesar su sentir se había esfumado al verla aquella mañana lejos de él, Natalie no había despertado a su lado y en ese momento comprendió lo que su corazón le gritaba con tanto esmero, que ella solo era prestada en algún momento volvería a la realidad, Natalie de León se volvería a ir de su vida y no quería que el golpe fuera tan duro si la rubia no le correspondía.