CAPÍTULO 41

2291 Words
Jafar Montalbán observaba de manera nerviosa al hombre que bajaba de la camioneta blindada que se había estacionado frente a él, se giró hacia Simone que sonreía feliz, aquella mañana la pelirroja se había aparecido en su casa diciéndole que había una persona que lo quería conocer. — Tú debes ser Jafar Montalbán — dijo el hombre llegando hasta ellos — Un placer conocerlo señor Montalbán, Simone me alegra verte de nuevo. — Carim, que caballero — dijo la pelirroja cuando el hombre besó el dorso de la mano. — ¿Por qué no pasamos? — dijo el hombre al ver que Jafar lo miraba de manera desconfiada. — ¿Quién es usted? — dijo Jafar siguiendo al hombre y a Simone hacia el restaurante. — Soy Carim Volkok señor Montalbán, le aseguro que al igual que a la señorita Malverde le interesara saber lo que tengo que decir, pero antes, ¿les parece si desayunamos?. — ¿De dónde conoce a Simone?. — La conocí ayer, de hecho, tuve una platica muy amena e interesante. — ¿Qué es lo que quiere de nosotros?. Carim dejo el menú de lado para observar al castaño, se parecía mucho a su hermano menor y no solo en apariencia, si no en su actitud era igual de presuntuoso que él, no le agradaba que hiciera tantas preguntas, según las palabras de la joven pelirroja, Jafar era inteligente pero manipulable, aunque en esos momentos no lo parecía. — Señor Montalbán le pido disfrute del desayuno, después hablaremos de negocios. — No hago negocios con rusos. — Jafar — dijo Simone tomando la mano del castaño mayor — Te aseguro que si lo escuchas no te arrepentirás — ¿Confías en este hombre Simone?, lo acabas de conocer. — Confío porque él me ha prometido ayudarme a vengarme de Rodrigo Jafar y tu estas hasta el cuello conmigo ¿comprendes?. Jafar observó como Simone sonreía como si estuviera loca, miró de nuevo al hombre que parecía desinteresado a lo que la pelirroja decía, se veía tranquilo ¿será posible que Rodrigo se haya metido en algo tan peligroso que se haya ganado ese tipo de enemigos?. Cuando el vehículo rentado de Rodrigo Montalbán se detuvo a mitad de camino para llegar a su cita, hizo una mueca al ver como la rubia abría la puerta y dejaba salir todo el desayuno. — Mierda — dijo el castaño bajándose del vehículo — Chula, te dije que era demasiada comida. Natalie se sentía fatal, cuando subió al vehículo junto con Rodrigo se comenzó a sentir mal, había amanecido con náuseas aquella mañana antes de la llamada de sus amigas y ahora todo lo que había ingerido para el desayuno lo había devuelto pero imagino que era que habían comido demasiado pronto y emprendido camino a carretera. — Manejas como loco — dijo la rubia limpiándose la boca — Me he mareado. — Más bien te has atascado de comida. Rodrigo hizo una mueca al sentir la mirada de enojo de la rubia sobre él, pero no tenía porqué mentir era la verdad, Natalie había probado casi todo del bufete al que habían ido después de dejar la villa. — ¿Crees que podamos seguir? Luciano debe estar por llegar a la cita y no me gusta hacer esperar a la gente. — Si, solo conduce normal. — ¿Normal para ti es a treinta kilómetros por hora o que?. — Te odio tanto — dijo la rubia cerrando los ojos al sentir como el castaño de nuevo emprendía el viaje. La llegada a Rizzo Sauce, tomó otros veinte minutos en los que Rodrigo noto como la rubia se ponía pálida cada vez que tomaba una curva en las diminutas calles de Florencia, le preocupaba que de verdad se haya enfermado. — Vamos chula, acabaré pronto la junta y nos podremos ir. Natalie sonrió mirándolo cansada, era la primera vez en su vida que se sentía tan mal, quizá un poco de reposo le ayudará a mejorar el ánimo. — Está bien Rodrigo, solo necesito hidratarme de nuevo. — Bien, vamos. El castaño tomó la mano de Natalie entre la suya antes de entrar al restaurante, reconoció a Luciano Colombo sentado en una mesa donde la visibilidad era casi nula, solo había visto al hombre una vez a través de una pantalla, en persona resultaba ser bastante común. — Luciano Colombo — dijo el castaño una vez que llegó a su mesa, el joven italiano clavó su mirada en el recién llegado y su acompañante — Ella es mi prometida, Natalie de León está al tanto de todo. — ¿Tanto confías en una mujer?. — Con los ojos cerrados. Luciano Colombo sonrió invitándolos a tomar asiento. — Che cosa vuoi da me Rodrigo?. — Tu ruta Luciano, a cambio de un buen porcentaje de eygos. — ¿Cuánto?. — El veinte por ciento. El hombre de cabellos oscuros lo miró con sorpresa, había escuchado de Eygos y la fama que había alcanzado tan rápido a nivel nacional, le sorprendió cuando Rodrigo Montalbán lo contacto para el trato despues de todo, había escuchado de Igor Petrov y el hecho de que él dirigía todo américa. — ¿Qué pasa con Igor?. — Me traiciono, Eygos es mió. — Eso no es lo que escuche. Rodrigo se tenso aferrándose más a la mano de la rubia. — Escucha Colombo, lo que te estoy proponiendo es un trato único, pero me es indispensable usar tus rutas, eres el único que las controla e Igor no se atrevería a meterse con tu familia. — ¿Cómo estás tan seguro?. — Porque es un cobarde, actúa a través de otros. — ¿Porque te traiciono?. — Quería todas las ganancias de Eygos para él solo supongo, o por lo menos la mayor parte de ellas. Natalie vio cómo el hombre cruzaba sus manos sobre la mesa suspirando, había desconfianza en sus ojos, cualquiera lo podría notar pero aun así Luciano Colombo sonrió al cabo de unos minutos. — Bien, supongamos que acepto, tus demás socios estarán de acuerdo en que mi porcentaje sea ¿elevado?. Rodrigo sabía a qué se refería Luciano, para un negocio como Eygos que había ganado tanta fama un porcentaje incluso del cinco por ciento le generaba ganancias inimaginables, el le estaba ofreciendo hasta el veinte por ciento era normal que desconfiara, pero para Rodrigo ese porcentaje era ideal para ganarse a la familia Colombo era una de las pocas que sabía que jamás harían negocios con Igor Petrov, además estaba seguro que si lograba convencerlo este nunca lo traicionaría. — Digamos que, mi único socio eres tú, los demás son empleados. — ¿Empleados? — dijo el hombre con una sonrisa — Ciertamente nunca me imagine a Belcebú como un empleado de alguien. — A Belcebú también lo traicionaron. — Si, algo escuche de mi padre — Luciano observó el paisaje que le ofrecía la terraza del restaurante antes de mirar de nuevo al castaño — Bien, entonces ¿esa es tu propuesta que te deje utilizar mis rutas a cambio del veinte por ciento de las ganancias? ¿No quieres pertenecer a ninguno de mis negocios?. — No. — ¿No quieres más poder?. — No. — ¿Más dinero?. — No. — Eres extraño Montalbán, pero acepto moveré tu droga por mi territorio. — Eygos no es una droga — dijo Rodrigo con una sonrisa — O por lo menos no como la conoces, no te vuelve adicto, es por eso que es popular, no causa problemas de salud en tu sistema, legalmente se le podría considerar como un dulce relajante. — ¿Legalmente? — dijo Luciano con interés. — Entre comillas, pero sí. Luciano Colombo rió entre dientes. — ¿Sabes porque acepté este encuentro contigo Montalbán?. — Ilustrame. — Escuche muchos rumores al respecto sobre tí, un hombre de negocios heredero de una cadena de Hoteles de mucho prestigio y aun así ¿involucrado con la mafia?, lo tenía que ver ¿que llevaría al niño heredero a este mundo? ¿ambición? ¿poder?, déjame decirte que me sorprendiste y será un placer volvernos a encontrar, bienvenido a la familia Italiana Rodrigo Montalbán. El castaño estrecho la mano del pelinegro de manera sonriente, sabía que aún faltaba por ganarse la confianza completa pero por ahora estaba a un paso más de quitar a Igor de su camino. La llegada a Roma fue bastante más rápida y tranquila, Rodrigo había agradecido que la rubia tenía mejor aspecto y no se había mareado en el trayecto, así que cuando llegaron a la ciudad lo primero que hicieron fue visitar la estructura más famosa de la ciudad; El coliseo romano para el castaño no era lo ideal prefería un lugar más tranquilo, pero la rubia estaba bastante emocionada al respecto saltaba como si de una niña pequeña se tratara mientras se metían al mar de gente que esperaba entrar. — Natalie — dijo Rodrigo al cabo de varios minutos sin moverse — Ya lo viste de fuera, creeme es lo mismo por dentro. La rubia lo miró de mala manera cruzándose de brazos. — Nunca vendré a Italia de nuevo, quiero ver todo. — Entonces déjame hacer una llamada para poder entrar. — Te dije que no desde que lo mencionaste en el coche, se trata de vivir la experiencia no pasarle encima a los demás. — Hacer fila de una hora no es experiencia — soltó molesto el castaño cruzándose de brazos. La joven rubia rodó los ojos, tratar con Rodrigo cuando se ponía en ese plan era como un niño chiquito, envolvió sus manos en el cuello del castaño que la miro con interés. — ¿Por qué no me besas? Asi pasa mas rapido la espera. — No puedo. — ¿Cómo? Si ya me has besado antes — dijo la rubia confundida — ¿Cómo es que no puedes besarme?. — En público no. — Me has besado frente a tus padres cientos de veces. —Si, pero ahora no podría detenerme. — ¿Estás bromeando? — habló Natalie sonriendo. — No, últimamente cuando te beso me caliento y un beso de niños ya no me satisface. — ¿Besos de niños dices? — Rodrigo frunció el ceño al ver a la rubia separarse riendo. — No le veo la gracia. — No claro que no — dijo la rubia feliz mientras veía que por fin habían llegado al acceso. Rodrigo se nego a pagar a un guia, alegado que no quería verse interrumpido por un idiota que seguramente no contaría la historia completa, Natalie sonrio ante ese hecho y al final se alegro porque mientras el castaño la llevaba de la mano a traves del coliseo le iba relatando la historia, para la rubia escucharlo hablar de algo que le agrabada era como tener paz en su interior, la voz del castaño le hacia suspirar y al mismo tiempo sonreir de felicidad, sus amigas tenian razón era muy probable que estuviera enamorada y en ese momento ese pensamiento en medio de tanta felicidad le partio el alma. Cuando parte de la tarde cayó la joven Natalie miraba el letrero del salón de tatuajes, Rodrigo le había pedido que hicieran una pausa del tour turístico y le acompañará a un lugar, lo que nunca imaginó fue que llegaran a ese tipo de lugar. — ¿Qué hacemos aquí Rodrigo? — dijo Natalie entrando de la mano al local. El castaño sonrió de lado. — He decidido agregar algo a mi tatuaje. Un joven de brazos tatuados, con el cabello corto se acercó feliz al castaño. — Rodrigo Montalbán — dijo con un ligero acento italiano — ¿Qué haces por acá?. — Fabio — dijo Rodrigo estrechando la mano del joven — Quiero que mi prometida agregue algo a mi tatuaje. La joven rubia abrió los ojos con sorpresa, el hombre llamado Fabio también lucía ligeramente sorprendido pero conocía a Rodrigo desde hace años y si estaba seguro de lo que estaba pidiendo él no podía negarse. — Muy bien, primero le daré un curso intensivo y después lo haremos ¿lista?. — ¿Me das un minuto? — dijo Natalie hacia el joven tatuado antes de mirar a Rodrigo que mantenía una sonrisa — Rodrigo no, esto no es…no saldrá. — Claro que saldrá, quiero que tu presencia en mi vida se quede grabada en mi piel para siempre. — ¿Por qué?. Rodrigo frunció el ceño, odiaba que lo atosigaran con preguntas de las cuales ni él mismo estaba seguro de las respuestas, no quería molestarse con la rubia, no cuando sabía que su tiempo con ella seguía corriendo y aún no hacía que Natalie cambiara de opinión. — Chula, solo hazlo. Natalie suspiró antes de caminar hacia donde Fabio la esperaba, escuchó atentamente cada indicación del tatuador y práctico por al menos una media hora lo que haría antes de comenzar a preparar todo para tatuar a Rodrigo, en ese momento la joven rubia debía admitir que había un poco de emoción, era un acto significativo para los dos, Rodrigo se quedaría con ese recuerdo el resto de su vida y ella con esa experiencia. — ¿Lista Chula?. — Eso deberías preguntárselo tú, ¿confías en mí?. — Plenamente. Rodrigo sonrió al ver como la rubia comenzaba con los primeros trazos cerca de su corazón, había dejado que ella eligiera el lugar y lo que le tatuaría. Natalie por otro lado comenzaba a relajarse, el nerviosismo estaba desapareciendo conforme veía la tinta incrustarse en la piel del castaño, en un instante sus pensamientos vagaron ¿será de verdad posible que la historia con Rodrigo Montalbán vea otra luz?.
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