CAPÍTULO 42.

1953 Words
El avión privado de los Montalbán se encontraba listo para el despegue cuando la familia ingresó, Jafar se había percatado de la ausencia de su hermano y de Natalie ¿se les habrá hecho tarde? se preguntó mentalemtne pero cuando las puertas del avión se cerraron no le quedó más remedio que preguntar. — Padre, ¿Rodrigo y Natalie no vendrán?. Lauro Montalbán levantó la vista de su ipad para fijarla en su hijo mayor. — No, Rodrigo avisó que se quedarán un día más. — Pero, ¿qué pasa con el hotel? Y con el concurso que hizo, ¿no verá al ganador mañana?. — Hijo, tu hermano está enamorado, además por un día no se caerá el mundo. — ¿Enamorado? — dijo Jafar incrédulo. — ¿Por qué te parece tan imposible que mi hijo se pueda enamorar Jafar?. Esta vez la que había hablado era Grace Janner que había tomado asiento a un lado de su marido. — No es eso Grace, solo es muy extraño imaginarlo — Jafar trató de forzar una sonrisa sintiendo la presencia de Simone a su lado, al final la pelirroja había viajado de regreso con ellos con la esperanza de volver a meter cizaña entre los dos amantes. — Bueno, admito que con el carácter de mi hijo es imposible imaginarlo todo el tiempo con una sonrisa, pero ahora así es y me alegra tanto verlo feliz — hablo Grace sonriendo, como madre sabía que era la primera vez que veía a Rodrigo enamorado y se alegraba tanto que el castaño hubiera encontrado su camino a la felicidad — Además, creo que pronto habrá otro m*****o en la familia. Simone Malverde casi tira su bebida al escuchar hablar a la mujer mayor. — ¿A que se refiere? — dijo tratando de sonar normal. — Bueno, es intuición de madre y de mujer, pero estoy casi segura que Natalie está embarazada, lo que significa por supuesto que la boda se adelantará aún más. Jafar observó las acciones de la pelirroja, sus movimientos se habían vuelto forzados, sabía que debía estar llena de irá, porque si lo que Grace Janner intuía resultaba ser cierto significaba que lo que Simone planeaba junto con Carim Volkov tendrían que dejarlo, él retiraría todo su apoyo porque nunca atentaría contra la vida de alguien que llevara su sangre. Natalie sonreía mientras terminaba de colocar el parche que Fabio le había indicado sobre la pequeña obra de arte que había hecho en el castaño. — ¿Es una N? — dijo Rodrigo mirando el tatuaje, era un tatuaje un poco burdo, el primer trazo claramente había salido mal, pero no le importaba, solo él sabría lo importancia de esas líneas. — Sí — contestó orgullosa la rubia. — ¿N de Natalie?. — N de Narco. La rubia soltó una risa al ver la cara que había puesto el castaño. — Es broma, por supuesto que es por mi nombre — Natalie se acercó para unir sus labios a los de Rodrigo, en un gesto simple pero tierno — Gracias por esto, fue muy emocionante. Rodrigo sonrió tomando a la rubia de la cintura para sentarla en sus piernas. — Lo emocionante es tenerte aquí conmigo Natalie. Los dos jóvenes se unieron en un beso que reflejaba más emociones que las propias palabras, llegar a ese momento había sido lo mejor del viaje, como si de un sueño se tratase no querían despertar porque quizá la magia se acabaría. — ¿A dónde iremos ahora? — dijo la rubia tras separarse. — La Fontana di Trevi por supuesto, quizá si pedimos un deseo se cumpla. Rodrigo Montalbán había decidio algo completamente fuera de lo normal para él, desde que había despertado ese día estaba dispuesto a conquistar a aquella extraña con la que había compartido una noche y desde entonces no se había ido, a la mujer rubia que con una sonrisa le alegraba el alma, a la joven mujer atrevida con la que había compartido sus noches, no estaba dispuesto a rendirse pero también comprendía que si Natalie de León quería alejarse, él no la forzara, jamás podría cortarle las alas. La llegada a la Fontana di Trevi les tomó no más de media hora, Natalie había entrelazado sus dedos con los de Rodrigo mientras caminaba emocionada hasta la fuente la cual estaba llena de turistas pero no le importaba, no quería olvidar ese día, cada instante cada recuerdo al lado del castaño quería guardarlo en su cerebro. — ¿Listo? — dijo la rubia entregandole una moneda al castaño — Recuerda solo decirlo en tu mente. — No es la primera vez que pido un deseo chula. — ¿Ah no? — Natalie sonrió cerrando los ojos y arrojando la moneda a la fuente — ¿Se ha cumplido antes un deseo tuyo?. Rodrigo sonrió de medio lado antes de arrojar su moneda a la fuente y tomar a la rubia de la cintura. — ¿Me das un beso de niños? — dijo el castaño sonriendo. — Los que quieras. Natalie enredó sus manos en el cabello del castaño antes de fundirse en un beso, estaba segura que lucían como una pareja enamorada en su luna de miel. Era su cuento, su historia que se estaba grabando ese día, las horas fueron pasando mientras caminaban por la Roma antigua al tiempo que Rodrigo le contaba fascinado cada parte de la historia con las manos entrelazadas; cuando la noche cayó sobre los jóvenes habían llegado a una plazuela donde la música en vivo ambientaba el lugar, para Natalie de León dejarse llevar por la música mientras Rodrigo le seguía la corriente había sido un buen cierre para ese día, no quería pensar en el mañana y estaba segura que Rodrigo también pensaba igual era la primera vez que lo había visto sonreír casi todo el tiempo, esa sonrisa que la hacía seguir enamorandose. Marco de León se había levantado temprano ese día, había recibido el mensaje de su hija aquella mañana diciéndole que recién habían aterrizado, resultó ser que tanto ella como Rodrigo habían decidido viajar de noche, así que había pedido el día al señor Castillo para poder estar con Natalie. Cuando el coche deportivo de Rodrigo Montalban derrapó sobre la acera Marco estaba al pendiente en el pórtico, vio al joven castaño bajar para poder abrirle a Natalie la cual estaba sonriente aunque no lucía completamente buena cara. — ¿Ocurrió algo? — dijo Marco acercándose a los jóvenes. — Se ha mareado en el camino, pero todo bien señor Marco — dijo Rodrigo tomando a la rubia entre sus brazos para entrar a la casa — Ya he llamado al médico. — Ya te dije que estoy bien Rodrigo, solo fue el viaje estoy agotada. — Si no aceptas ver al médico chula, te llevaré al hospital como un costal de papas ¿entiendes?. Natalie frunció el ceño mientras se dejaba caer en el sofá, miró a su padre que lucía preocupado. — Papá estoy bien, me alegro tanto de verte, pensé que estarías trabajando. — Me he pedido el día cielo, ¿te preparó un té?. — Suena bien — Natalie sonrió viendo a su padre alejarse hacia la pequeña cocina, antes de mirar al castaño frunciendo el ceño — ¿Ves lo que provocas? Mi padre se preocupa, fue culpa del viaje porque no me dejaste dormir en toda la noche. — Nunca escuche que te quejaras, además fueron las diez horas mejores aprovechadas. Rodrigo sonrió al ver a Natalie con las mejillas encendidas, tomo su rostro entre sus manos para besarla, había aprovechado cada instante con ella, disfrutando de sus besos, sus gemidos, así que cuando aterrizaron se sorprendió porque la rubia no lo apartara, al contrario le había tomado la mano pidiéndole llevarla a su casa, hasta que el mareo y el vómito interrumpieron el viaje. — Siento interrumpir — Marco le tendió la taza de té a su hija que lucía avergonzada. — Gracias papá. — ¿Cómo estuvo el viaje? — dijo Marco nervioso, pues parecía que a Rodrigo le importaba poco que él estuviera presente pues no parecía querer quitarle las manos de encima a su hija — ¿Conociste la ciudad?. — Sí papá — dijo la rubia deteniendo la mano del castaño sobre su pierna — Estuvo increíble, es una ciudad hermosa, te prometo algún día la conocerás papá. — El día que quiera suegro podemos ir — dijo Rodrigo sonriente. Marco agradeció que el timbre sonará en esos momentos. En la puerta estaba una mujer con un pequeño maletín; la doctora Galilea Starring era la doctora de cabecera de los Montalbán en esa ciudad; Rodrigo le tenía su entera confianza y apenas aterrizar le había hablado. — Doctora Starring gracias por venir hasta acá — habló el castaño levantándose — Ella es Natalie mi prometida, se ha estado sintiendo mal últimamente. — ¿Mal en qué sentido Natalie?. La joven carraspeó. — Pues, el viaje a Italia creo que… — Cariño — dijo la doctora amablemente — Necesito los síntomas. Natalie miró a los presentes nerviosa, ella misma se había puesto a analizar su situación y no era tonta, sabe lo que diría la doctora Starring pero no estaba preparada para escucharlo, además si era verdad debía tener un mes y no es como si ese tiempo se hubiera cuidado de lo que bebía o comía. — Yo…es solo, mareo. — No es verdad — contestó Rodrigo molesto — De hecho los dos hemos sentido mareos, vómito incluso, cansancio. — ¿Los dos? — dijo la doctora extrañada — Dime querida, ¿has notado un poco de hinchazón? ¿Algún cambio notorio en tu cuerpo?. — ¿Cree que sea un virus? — dijo la rubia esperando desviar la idea que ella sabía que vagaba por la mente de la doctora. — Lo que creo — dijo buscando en su maletín — Es que sabes lo que tienes, pero vamos a hacer un test rápido para confirmarlo, toma cielo orina aquí. Natalie miró angustiada la prueba de embarazo que le entregaba la doctora. — ¿Voy a hacer papá?. Rodrigo se había levantado mirando incrédulo la prueba en manos de Natalie. — Rodrigo…eso no…— intentó hablar la rubia pero de inmediato se cayó al ver la alegría en el rostro del castaño. — ¡Voy a hacer papá!. Natalie sintió como el castaño la levantaba en los aires. — Rodrigo aún faltan hacer varios análisis — habló la doctora Starring tratando de calmar la efusividad del castaño — Ver que todo esté bien y comenzar con su tratamiento. — ¿Cuál tratamiento? — dijo la rubia separándose de Rodrigo. — Señorita Natalie está generando una vida dentro de usted necesita un cambio completo en su alimentación, además de vitaminas. — Pero aún no sabemos si es verdad. — Bueno, puede hacer la prueba rápida, le sacaré sangre para revisar que todo esté bien. Marco de León observaba en silencio toda la interacción, nunca imaginó que su hija fuera a ser madre tan joven, aun le faltaba terminar la universidad, sabía que Natalie tenía planes para su futuro, aun así estaba consciente de que al lado de Rodrigo Montalban no le haría falta nada, un hijo era una bendición, sonrió al ver la cara de angustia de su hija tratando de animarla. — Tu madre estaría feliz de ser abuela cielo, al igual que yo estoy feliz. Natalie sintió una lágrima derramar antes de aferrarse a los brazos de su padre, no quería decepcionarlo una vez más y el hecho de que le apoyara en estos momentos le hacía completamente feliz. — Gracias papá.
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