Hole Site era un club que Natalie consideraba de mala muerte, estaba casi al sur de la ciudad donde para llegar tenías que atravesar la parte más podrida conocida como Infierno en South High.
— Rodrigo, ¿en qué clase de cosas estás metido?.
El castaño bajó del vehículo para abrirle la puerta a una asustada rubia.
— Eso no es de tu incumbencia chula, ahora no te separes de mí.
Natalie se aferró al brazo del castaño cuando vio al hombre llamado Igor bajar con una sonrisa de la camioneta negra.
— Pero que belleza te has conseguido Rodriguito ¿estás seguro que no puedes compartir?.
— Igor — dijo el castaño con un tono zigzagueante — Asustas a mi prometida.
— Oh, lo siento hermosa dama, solo era una pequeña broma entre socios — dijo el hombre sonriendo como gato — Pero dejame felicitarte.
Dicho esto Natalie sintió como el hombre le tomaba la mano para besar su dorso, la rubia había contenido la respiración, soportando el horror que le generaba esa situación.
— Acabemos con esto Igor — dijo Rodrigo entrando al club en compañía de Natalie.
El ambiente del club claramente era más misógino de lo que Natalie hubiera imaginado, la mayoría eran hombres con mujeres en sus piernas, no había pudor alguno, se giró hacia Rodrigo que parecía no importarle.
— Rodrigo…quiero irme.
— Solo será un momento Natalie, quédate en la barra, no te muevas y no hables con nadie.
— ¿Me vas a dejar sola? — dijo alterada la rubia.
El castaño la miró con el ceño fruncido.
— No te pasará nada si te quedas quieta en la barra.
Natalie suspiró sentándose en uno de los taburetes mientras veía al castaño asentir y caminar hacia donde el hombre llamado Igor le sonreía a una mujer que claramente se le notaba la falta de decencia, miró de reojo al bartender que limpiaba con un trapo los vasos que los clientes dejaban sobre la barra, si Rodrigo no aparecía junto a ella en cinco minutos, ella se iría.
El área al que Hole Site le llamaba exclusiva o Vip solo era una tarima más alta que las que donde los clientes se encontraban disfrutando los espectáculos, para Rodrigo ese lugar no representaba más allá de la escoria y suciedad que al mismo Igor Petrov le gustaba revolcarse, el castaño siempre había pensado que para ser un hombre tan poderoso y de mundo le faltaba bastante clase. Trató de mantenerse serio cuando tomó asiento al lado del hombre ruso.
— Bien Igor, te pondré al día.
— Pero, porque tanta prisa mi joven socio, la noche es larga.
— Quiero disfrutar la noche con mi prometida, no en este bar.
Igor sonrió mostrando aquella blanca dentadura.
— Cierto, si yo estuviera en tu lugar la dejaría hasta sin caminar.
El castaño frunció el ceño pero no dijo nada al respecto, sabía como Igor miraba a Natalie, es por eso que quería irse pronto de ahí.
— Bien como te decía — volvió a llamar la atención del ruso — Mi padre ya me ha dejado completamente los hoteles Montalbán a mi disposición, empezare con el proyecto de expansión donde estará la bóveda, como máximo de dos meses podemos empezar la producción de “ eygo”.
— Eso es demasiado, acorta el tiempo.
— No es tan sencillo, tengo que convencer a los demás socios de que la expansión no será una pérdida, todo lleva un proceso legal Igor, es por eso que yo soy el encargado de esto.
— Bien niño genio, dos meses.
— Tengo una condición.
— En vista de que me harás más rico de lo que ya soy, te concederé lo que sea — dijo el hombre dejando el cigarrillo sobre la mesa.
Rodrigo Montalbán sonrió con el paso de los tiempos se había ganado la confianza de Igor Petrov, lo que le convertía en su mano derecha, haciendo que el hombre ruso bajara todas sus defensas, la paciencia como quien dice es una virtud y Rodrigo sabía que pronto obtendría sus beneficios.
Cuando el vaso lleno de un líquido extraño se posó frente a Natalie, la joven rubia levantó la vista topándose con un hombre que le sonreía de manera que él creía debía ser lo más sexy del mundo.
— ¿Te has perdido muñeca?.
Natalie hizo una mueca cuando el aliento a alcohol del individuo llegó a su nariz.
— Estoy bien, gracias.
— Me hace falta un poco de compañía esta noche — dijo el hombre acercándose más hacia donde Natalie permanecía con el ceño fruncido.
— Si te atreves siquiera a poner un dedo encima mio…
— ¿Que se supone que hará alguien como tú? — dijo el hombre con burla — Yo aquí tengo poder.
— ¿Ah sí? — Natalie se giró hacia él tomando la bebida que le había ofrecido — En ese caso rechazar esto, debe ser un gran error.
— Vas aprendiendo preciosa.
En un segundo la rubia había vaciado todo el contenido del líquido en el rostro de aquel hombre.
— ¡¿Cómo te atreves, maldita zorra?!.
Natalie no había previsto la reacción tan agresiva de aquel hombre hasta que su mejilla sintió el impacto, el ardor del golpe había hecho que cerrara los ojos tambaleándose, tomó su mejilla girándose molesta hacia aquel hombre que pretendía abalanzarse contra ella si no fuera porque los brazos de Rodrigo envolvieron el cuello del hombre.
— Dimitri le pusiste un dedo encima a mi mujer.
Rodrigo observó como la cara de uno de los perros fieles de Igor se volvía roja, logró ponerlo de rodillas mientras mantenía la fuerza en sus brazos.
— No…sea…s…en…vid…io…so — logró decir el hombre llamado Dimitri con gran esfuerzo.
— Ella es intocable, maldito perro.
Natalie pasó saliva mirando al castaño, definitivamente no era el mismo Rodrigo que se mostraba ante su familia, el hombre frente a ella no tenía piedad y lo comprobó cuando el cuerpo del tal Dimitri cayó desmayado por la falta de aire.
— No tengo que repetir una vez más, que nadie absolutamente nadie tiene derecho de mirar a mi prometida ¿o si?.
Rodrigo miró a todos los presentes, sabía que se había echado encima a muchos, además cuando Dimitri despertara le buscaría para recuperar un poco de su dignidad pero ya se las arreglaría después, se despidió con un gesto de Igor que miraba la escena divertido antes de tomar la mano de la rubia y salir de ese asqueroso lugar.
El viaje a la casa de los León fue abrumadora, Rodrigo quería hablar con la rubia pero esta parecía reacia a contestar se había dignado a mirar por la ventana, pretendiendo que el castaño no existía, así que cuando Rodrigo estaciono el deportivo y vio salir apresuradamente a Natalie de su automóvil, corrió antes de que entrara a su casa.
— Natalie.
— ¡Suéltame!.
El castaño apretó la mandíbula sintiéndose molesto, vio la mejilla roja que resaltaba en la blanca piel de la rubia.
— ¿Qué clase de persona eres Rodrigo? — dijo Natalie girándose hacia él, tenía tanta rabia que varias lágrimas salieron de sus ojos — No se con quien mierda estás involucrado y no me interesa, pero una cosa te digo o terminas con esta farsa de relación o lo haré yo.
— Nadie volverá a ponerte una mano encima, lo juro — dijo el castaño dando un paso hacia ella.
— Vete a la mierda.
Natalie abrió la puerta de su casa avanzando hasta su habitación, no quería despertar a su padre por lo que cuando el castaño la siguió solo le miró de mal modo.
— Vete Rodrigo — dijo en voz baja la rubia.
El castaño se dejó caer sobre el desgastado sofá que estaba en la habitación hundiendo su rostro en sus manos, ver a Natalie de aquella manera, saber que la había arriesgado tanto, le había hecho ver que el alcance de Igor podría afectar más de lo que él pretendía. Además, de alguna manera, aquella rubia mujer le importaba lo suficiente para haberse echado encima a varios socios de ruso.
— Lo siento Natalie, nunca debí obligarte a ir a ese lugar.
— Pues que fácil ¿no? pedir disculpas esperando que a la otra persona se le esfume.
— No lo entiendes rubia — dijo Rodrigo levantándose dando pasos lentamente hacia la rubia — Igor no me dio otra opción, teníamos que ir los dos, pero es mi culpa haberte dejado sola, no soy un monstruo para dejar que te hicieran daño a propósito.
La rubia dejó que Rodrigo acariciara suavemente su mejilla lastimada, por primera vez desde que conocía al castaño sentía que el hombre realmente estaba arrepentido, no había maldad en sus palabras, aun asi Natalie se había percatado de lo peligroso que podía ser estar en la vida de Rodrigo Montalbán, por un lado era el heredero de la fortuna Montalbán y por otro era una especie de socio de la mafia, eran dos mundos en los que ninguno de los dos ella cabía.
— Ya no importa Rodrigo, solo quiero terminar con todo esto.
— Aún tenemos un trato.
Natalie negó.
— Hablaré con mi padre, dejaré la universidad, buscaré trabajo, no importa lo que haga, no quiero que estés cerca de nosotros, debiste ser solo un acostón de una noche y mirá en lo que te has convertido.
Era la primera vez que Rodrigo sentía que unas palabras le causaban daño, pero se mantenía firme ante la rubia.
— No lo voy a permitir Natalie, tenemos un trato.
— No me importa, haz lo que quieras.
— Dame una oportunidad de enmendarlo — el castaño había envuelto sus brazos alrededor de una sorprendida rubia por el extraño abrazo.
— ¿Por qué? A ti y a mí, nada nos une, es la oportunidad perfecta para que Simone por fin vea la luz como tu prometida.
Rodrigo se separó mirando a los ojos de la rubia.
— No lo comprenderías.
Natalie lo miró durante varios segundos que parecían eternos antes de sonreír de lado y alejarse.
— Si, supongo que no lo podría entender.
La rubia tomó sus cosas para salir al baño a cambiarse, estaba realmente agotada al respecto y en pocas horas sería lunes, con la universidad, las prácticas y Rodrigo claramente había dejado de tener el control sobre su propia vida. Cuando regresó a su habitación con la esperanza de que el castaño ya se hubiera retirado, hizo una mueca al ver todo lo contrario Rodrigo se había acostado en su cama únicamente en boxer mirando hacia la luna que alumbraba su habitación, podría ser una buena imagen si no fuera porque el hombre en su cama solo era un juego.
— Ni siquiera discutiré — dijo Natalie acostándose rendida en su cama.
Rodrigo sonrió antes de tomar a la rubia por la cintura pagándola a él, esa noche el castaño se embarcó en un sueño profundo donde únicamente el olor de aquel shampoo seguramente barato que le encantaba a Natalie, olía a rosas, aquella piel caliente contra la suya, la suave respiración le animaban a fingir un poco más, porque se había obsesionado con aquellos momentos de paz, donde únicamente la monotonía se hacía presente.