Jonas Calibran seguía con paso apresurado a la joven pelirroja, caminaban en dirección al restaurante donde por la hora el joven asistente sabía que los padres de Rodrigo se encontraban en su habitual desayuno.
— Señorita Malverde no creo que deba enfrentar a los padres del joven Rodrigo sin su consentimiento.
Simone Malverde se detuvo abruptamente en el pasillo clavando una mirada fúrica en el hombre frente a ella.
— Creía que tu deber Jonas era no dejarlo solo, pero desde que esa maldita vieja entró en la vida de Rodrigo te has dedicado a cuidarme como perro guardián y que te quede claro Jonas que eres justamente eso, un perro guardián, por lo que decirme que hacer no está ni remotamente cerca de tus deberes.
— Disculpe señorita Malverde.
La pelirroja lo miró con una sonrisa de superioridad, el maldito empleado de Rodrigo tenía que aprender a respetarla y obedecerla en todo momento.
— Rodrigo Montalbán será mi marido, no permitiré que la rubia oxigenada se meta entre los dos, anoche él no llegó claramente esta con ella, lo que no entiendo es que tiene esa zorra que no le pueda dar yo, o acaso dime Jonas ¿no soy más atractiva que ella?.
El joven asistente parpadeó, si no respondía lo que esa mujer quería escuchar sería hombre muerto.
— Usted es bastante atractiva señorita Malverde, no le envidia nada a nadie.
— ¿Entonces qué pasa con Rodrigo que solo quiere a esa mujer? — soltó con fastidio golpeando el piso con el pie — Seguramente solo le está sacando más dinero ¿no es así?.
— Desconozco el trato que tienen.
— Eres un maldito mentiroso Jonas, tú más que nadie sabes el juego de Rodrigo.
Jonas suspiró.
— Lo único que sé señorita Malverde, es el hecho de que el joven nunca le perdonará que sus padres descubran quién es usted si él no lo ha autorizado antes.
Antes de que Simone pudiera responder, unos pasos se escucharon a su espalda se giró con la esperanza de que el castaño apareciera, pero se sorprendió cuando reconoció al hombre que tiempo atrás había conocido en Francia.
— ¿Jafar?.
— Simone, mi vista agradece verte por aquí — el castaño mayor sonrió ladinamente, era momento de que volviera a encontrarse con la pelirroja, hacer “amigos”.
— Jafar, pero que enorme coincidencia encontrarte aquí.
— Para mi también lo fue cuando te vi, pero qué te parece ¿ir a tomar un café? ¿Has desayunado ya?.
— No, yo…
— ¿Me permites entonces? — dijo el castaño ofreciendo su brazo a la pelirroja que lo tomó con gusto.
Jonas se había quedado de pie sin saber que hacer, le tenía que avisar al joven Rodrigo, no era nada bueno que Jafar conociera a la verdadera prometida de Rodrigo, además ¿desde cuando eran amigos?.
Los dedos de la yemas de Natalie recorren las líneas marcadas del tatuaje en el pecho del castaño, las veces que se había acostado con él no se había detenido a mirarlo, pero aquella mañana cuando había despertado a su lado con resignación se había dado cuenta de que no eran solamente unas alas si no que en medio el cuerpo de un pequeño búho se unía a ellas, pasó su mano por encima del dibujo del búho sintiendo un bulto en la piel, como si estuviera levantada, abrió los ojos con sorpresa dándose cuenta de lo que significaba.
— Luces sorprendida.
La voz ronca de Rodrigo sobresaltó a la rubia que se alejó sonrojándose.
— Nunca había visto que tenías una cicatriz.
El castaño sonrió cerrando los ojos nuevamente, no quería comenzar el día, no quería que esa pequeña burbuja se terminará, por lo que aferró más el cuerpo de Natalie al suyo.
— Tenía once años cuando me detectaron un mal congénito en mi corazón, estuve mucho tiempo en el hospital esperando ser salvado hasta que milagrosamente mi padre llegó con una sonrisa, había logrado subir al primer puesto en la lista de trasplantes para que me dieran un corazón nuevo, desde entonces está cicatriz ha ido conmigo a todos lados.
— ¿Así que por eso el tatuaje? — dijo Natalie sentándose para mirar de nuevo aquel búho.
— Si.
— ¿Tu madre no ha dicho nada al respecto? — dijo la rubia con burla.
Rodrigo sonrió de manera sincera acariciando las piernas de Natalie solo para sentir la suave piel en sus dedos.
— La verdad es que sí dijo, pero es mi cuerpo, lo tuvo que aceptar, además el búho es uno de los animales más inteligentes, como yo.
— Claro.
Natalie rodó los ojos mientras mostraba una pequeña sonrisa.
— ¿Puedes venir a mis brazos otro rato?.
En ese momento al castaño le había valido su dignidad, no quería moverse, quería tener el calido cuerpo de la rubia otra vez junto al suyo, ni siquiera pensaba en sexo, pero cuando vio la mirada de burla de la rubia frente a él se arrepintió hasta que la castaña volvió a hablar.
— No, y no porque no quiera — dijo Natalie levantándose con una sonrisa — Si no que tengo que arreglarme para la universidad.
El castaño frunció el ceño al ver como Natalie salía de la habitación aun con una sonrisa, suspiró tomando su teléfono, le sorprendió ver un mensaje de Jonas solo contenía dos palabras. “ Vuelve ya”.
La llegada a Nova South le tomó menos tiempo de lo que el castaño hubiera querido, en un inicio había pensado en dejar que Natalie se fuera sola a la universidad después de leer el mensaje de Jonas, pero seguramente era algo relacionado a algún capricho de Simone por lo que decidió no tomarle importancia.
— Vaya, creí que ser pertenecer a Nova South no podía ser más bajo aún, pero me equivoque.
Natalie miró de mal modo al castaño.
— Es una Feria, es el último proyecto de apoyo a la universidad para los becados.
La entrada principal de Nova South donde se encontraba el pequeño lago estaba rodeado de pequeños puestos donde varios estudiantes habían implementado juegos, comida, sorteos, etc. para poder recolectar el dinero correspondiente, era bastante divertido y una buena distracción al parecer de Natalie, además cada año había más puestos.
— ¡Nat!
La rubia se giró sonriendo hacia donde Cloe la saludaba con su mano libre ya que en la otra tenía enorme algodón de azúcar rosa.
— ¿No es muy temprano para el azúcar Cloe?.
— La que se morirá soy yo.
— Eres extraña.
— Si bueno…— la joven morena se quedó en silencio mirando detrás de la rubia, para después sonreír como gato — Así que, ¿hoy no te trajo Adrian?.
Natalie suspiró antes de girarse, Rodrigo caminaba inspeccionando por cada puesto que pasaba.
— ¿Por qué no te has ido? — dijo la rubia una vez que el castaño llegó hasta ellas.
— ¿Por qué lo haría? Esto se ve divertido.
— ¿No tienes que trabajar?.
Rodrigo sonrió de lado.
— Soy el jefe.
Cloe sintió la tensión en su amiga, por lo que decidió intervenir.
— ¡Adivina Nat, este año tengo un puesto!.
— ¿De verdad? — dijo la rubia con asombro — ¿Y de qué es?.
— Te encantará, además — dijo la joven morena comenzando a caminar — Adrián y David me ayudaran, ya sabes con eso de que quieres que todos seamos amigos no tenían muchas opciones.
La rubia sonrió siguiendo a la joven morena hasta llegar a un puesto decorado con corazones y el signo de pesos entre ellos.
— ¿Que se supone que es esto Cloe?.
Pero antes de que la pequeña Cloe respondiera, se acercaron a ellas Sarah y Tala, las cuales no disimularon la sorpresa de ver al castaño acompañandolas, Natalie suspiró al ver los rostros de sus amigas era claro que ignorando la presencia de Rodrigo no haría que los demás también lo hicieran.
— Ya conocen a Rodrigo — dijo la rubia señalando al castaño que se acercó con una media sonrisa — Ellas son mis amigas, Sarah, Tala y Cloe.
— Las vi aquel día en el autolavado pero no había podido saludar, me alegra de por fin conocer al círculo social de mi prometida.
Natalie se cruzó de brazos mientras se mordía el labio para no reír, el castaño aun desconocía que sus amigas estaban enteradas de absolutamente todo.
— Es genial Rodrigo — dijo Cloe con una sonrisa — También nos alegra conocerte al fin, no te puedes casar con nuestra amiga sin antes tener nuestra aprobación.
— ¿Aprobación? — dijo el castaño confundido mirando a la rubia que solo se alzó de hombros.
— Pero por supuesto, de hecho puedes empezar ahora, me falta una persona para completar mi puesto, sería estupendo ayudarme ¿no es así Nat?.
— Oh, bueno…no creo que Rodrigo quiera pasar tiempo en la universidad haciendo algo que desconoce, no es de los que ayudan mucho.
— Bueno Natalie, ahora eres mi prometida, no creo que ayudar a tu amiga me lleve mucho tiempo — intervino Rodrigo con su media sonrisa — ¿De qué trata Cloe?.
— ¡Citas!.
Natalie la miró con el ceño fruncido y sin poderlo evitar hablo de forma brusca.
— ¿Qué clase de citas? — se ganó una mirada de burla por parte de sus amigas pero no le importó.
— Tranquila Nat, a tu prometido le pondré las menos románticas.
La rubia se sonrojo volviéndose a cruzar de brazos.
— Esto será divertido — dijo Rodrigo mientras reía.
— Bien — volvió a hablar Cloe — La gente pagara dependiendo de con quien quiera la cita y el tiempo por supuesto, lo máximo es una hora, claro que hay reglas, nada de propasarse es la principal, son cinco hombres y cinco mujeres, también pueden pagar por un beso de un dólar.
— ¿Ustedes participarán? — dijo Natalie mirando a sus otras dos amigas.
— Solo Tala, yo tengo clase — dijo Sarah alzándose de hombros.
— Eres una mala hermana — contestó Cloe ganándose una mirada de reproche de su hermana mayor.
— Está bien, los veré en un rato — dijo la rubia despidiéndose de sus amigas — Y tú Rodrigo — dijo mirando al castaño — Por favor, compórtate con Cloe.
— ¿Volverás pronto?.
— Tengo clase, si te aburres vete.
El castaño hizo una mueca antes de tomarla de la cintura, Natalie se sonrojo desviando un segundo su mirada a sus amigas que la miraba divertida.
— ¿Que se supone que haces? — dijo en voz baja.
— Voy a besarte a modo de despedida.
— ¿Por qué?.
— Eres mi prometida.
Natalie intentó alejarse en vano.
— No quiero.
— No te estoy pidiendo permiso chula.
Rodrigo tomó el rostro de Natalie para poder besarla, sabía que en un principio la rubia siempre se resistía, pero terminaba devolviendole el beso solo como ella sabía hacerlo, aun así nunca admitiría que se había vuelto adicto a ella.
— Te veo en un rato mi amor — dijo el castaño con una sonrisa alejándose de la rubia que parecía ofuscada.
Natalie no dijo nada, apretó sus labios antes de caminar hacia su edificio, sentía su cara completamente roja, sería un día bastante largo.
Jafar Montalbán caminaba por la playa en compañía de la pelirroja, le sorprendió saber que su hermano no había ido inmediatamente al hotel, despues de todo Jonas debía haberle avisado, pero eso ya no importaba, tenía un plan y Simone era perfecta para ejecutarlo.
— Entonces, ¿tú eres el hermano de mi prometido?.
El castaño mayor asintió, le había contado a Simone parte de su historia, incluyendo que Rodrigo era su hermano menor y que estaba al tanto del trato que tenía con la ex mesera.
— Se supone que somos amigos ¿Porque no impediste que tu hermano presentara a esa tipa como su prometida?.
— Lo intenté, pero al parecer a Rodrigo no le interesa mentir, además aun no logro descubrir cuál es su trato, pero supongo que tiene algo que ver con el padre de Natalie.
Simone lo miró confundida.
— ¿Por qué lo dices?.
— Resulta que Marco de León es un empleado de este hotel, pero hace poco le han ascendido sorpresivamente, además ese mismo día se ha dado la baja de Natalie del bar.
La joven pelirroja sonrió hacia el castaño.
— Jafar, creo que estas en lo correcto ¿qué crees que pasaría si el padre de esa tipa se enterara de lo que su querida hija hace a sus espaldas?.
— Supongo que, una joven traicionada y sufrida puede averiguarlo.
Jafar sonrió al ver que Simone estaba de su mismo lado, destruiría a su hermano hasta el punto que ni él mismo quisiera saber nada de la herencia Montalbán.