IRIS Hace horas dejé de sentir el dolor punzante en mis nudillos. Las heridas se reabrieron, dejando que la sangre bañara mis antebrazos. La calidez carmesí que crea sinuosos caminos en mi piel es bastante reconfortante, como una ducha caliente después de un día duro. Me encantaría hundirme en una bañera hasta que el mundo se ahogara conmigo. ¿Es eso lo que quiero? ¿Ahogarme con el mundo? Sopeso la opción durante unos segundos antes de descartarla. ¿Qué sería de Penélope sin mí? Aunque sé que Jen jamás la dejaría sola, no es su responsabilidad. Es la mía. Yo fui quien la mantuvo lejos del monstruo. Yo la bañé las noches que mamá no recordaba nuestra existencia, la llevé al colegio los días que Amber no se levantaba de la cama, le calentaba sus biberones y la acunaba hasta que dejaba de

