La intrusa (2)

859 Words
Marcus y yo estamos en el jardín tomando una taza de té y conversando cosas triviales. Estoy tan aliviada de que hoy nos quedaremos en la mansión y no recibiremos visitas. Miro a los lejos un conglomerado de árboles, pero eso no es lo que capta mi atención. Es esa mirada de rabia, de dolor, de decepción e impotencia. ¿Por qué esa chica me observa de esa manera?  —No me gusta cómo me mira tu criada —comento, molesta con la situación y Marcus me mira confundido—. Esa chica del cabello castaño; no me gusta cómo me mira ni me gusta su actitud, Marcus.  —¿Por qué? ¿Porque es una sirvienta? Talvez te mira por curiosidad o porque admira tu belleza y la elegancia que despliegas. No seas desagradable, no me gustan las personas arrogantes. Trato de no llorar ante sus palabras. ¿Arrogante? Lo miro a los ojos mostrando mi desacuerdo y entonces dejo salir esa sospecha que me ha torturado todo este tiempo.  —No es porque sea una sirvienta, es que su mirada me asusta, me siento acosada. Pero creo saber la razón, ella está enamorada de ti. Marcus ríe sin gracia y niega con la cabeza.  —Deja de imaginarte cosas; deberías escribir una novela, eres muy creativa. Ruedo los ojos y él aprieta mis manos. Me levanto de mi lugar y me siento en sus piernas; entonces, lo beso con pasión dándole a entender que él es mi pareja, y que no permitiré que una intrusa se interponga entre nosotros. *** Varias veces la he visto caminar por los pasillos a media noche y hoy decidí espiarla más temprano, para ver qué es lo que en realidad hace. Abro un poco la puerta y espero. La castaña camina mirando por todos lados, veo recelo y miedo en su andar. Tapo mi boca al verla entrar a la habitación de Marcus.   Dos días sin mencionar su infidelidad, cuestionándome si lo debo confrontar o dejar las cosas así, de todas formas, es una simple sirvienta, solo es una aventura pasajera. Me abrazo a mí misma ante esos pensamientos masoquistas. Lloro, él deja de pasar tiempo conmigo para revolcarse con ella. Camino hacia su estudio para pedirle que la eche, que la aleje de su vida. Él no está. Me siento en el escritorio y entonces escucho voces. Corro y me escondo detrás de las gruesas cortinas, puesto que he reconocido a una voz femenina. Siento que entran y están discutiendo en voz baja, pero es suficiente para escuchar.  —Te amo a ti, pequeña. —Mi corazón se rompe en mil pedazos. ¿Marcus le profesa amor a ella?  —¿Me amas? Te vas a casar con otra.  —No tengo opción, amor.  —Sí la tienes, pero para ti es más importante tu reputación y tus negocios. Pisoteas nuestra promesa de amor, me dijiste que yo sería tu esposa sin importar quién se oponga. Me mentiste. La escucho sollozar y él sisea para calmarla.  —Éramos unos chiquillos soñadores, esta es la realidad, pequeña. Ella solo es una fachada, tú eres y siempre serás mi gran amor. Nada cambiará entre nosotros porque esté casado. Te compraré una casa hermosa y formaremos una familia. Buscaré la excusa de mis viajes de negocios; amor, te daré todo lo que te mereces. Ya verás, pequeña, tú serás la madre de mis hijos.  —No quiero estar en las sombras y ser tu vergüenza, yo no quiero compartirte con otra. A ti te lo he entregado todo; mi primer beso, mi virginidad, mi corazón. Los sollozos se hacen más fuerte. Salgo de mi escondite y los veo abrazados. Grito de la rabia, de la impotencia, del dolor. Ambos me miran aterrados, se miran sin saber qué hacer o decir. Marcos tarta de acercarse a mí, mas yo retrocedo; me duele mucho, es tan irreal esta cruda verdad. Él, mi novio; la persona a la que le he confiado todos mis secretos y vergüenzas, con la que he sido sincera todo este tiempo, con quien soñé formar una familia. El hombre del que me enamoré y le entregué mis miedos y suspiros, a quién soporté y animé en sus peores momentos, con quien compartí tantas cosas; me ha utilizado de una forma tan baja. Corro con desesperación fuera de allí; el aire me falta y el pecho me duele. En realidad, todo duele. Lágrimas mojan mi rostro y yo sigo corriendo, ignorando las voces que me llaman y las miradas confundidas de los criados. En vez de buscar la salida, voy en dirección de los árboles, esos que rodean la mansión. Sigo mi corrida y lloro con libertad. Duele. Ese maldito me usó, me utilizó para mantener su estatus social, para cuidar su apellido. Sin embargo, ella es a quien ama, ella se roba sus suspiros, es a ella a quien piensa, a ella le hace el amor todas las noches y yo he tenido que conformarme con sonreír y saludar. Ella lo tenía a él y yo tenía su disfraz. Ella es la verdadera y yo... Yo solo soy la intrusa. Fin
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