La carreta se detuvo frente a una cabaña enclavada entre los árboles. Una mezcla entre lo rústico y lo moderno resaltaba en la arquitectura. No era una cabaña cualquiera, y Melissa lo notó enseguida. Un hombre alto, de aspecto pulcro y porte elegante, salió a recibirlos. Se acercó al caballo con familiaridad, tomó las riendas y asintió con una leve sonrisa hacia Mauro. —Todo en orden, señor —dijo el hombre, mientras guiaba lentamente al animal hacia un establo lateral. Mauro se bajó con agilidad. Caminó sin prisa hasta el lado de Melissa y extendió la mano con una sonrisa tranquila pero decidida. —Ven —le dijo suavemente—. Yo te ayudo. Melissa dudó un segundo. Sus ojos recorrieron la fachada de la cabaña. Una parte de ella quería rechazar todo aquello. Pero su cuerpo estaba agotado y

