Capítulo 3

1223 Words
Estaba mirando mi reflejo en el espejo del baño de la universidad. Observo a la mujer de un metro setenta y cinco con el pelo largo y n***o, los ojos castaños oscuros y deseándome un buen último período. Tenía la costumbre de querer toda la energía positiva para mí, de llenarme de ánimo y motivación. Sobre todo, en ese momento de mi vida. Veinticinco años y lista para graduarme, lo que se suponía que debía hacer el año pasado. Pero perdí mi trabajo y descubrí que podía estar enferma, por lo que fue difícil sacar todas las disciplinas. Pero esa era la parte que evitaba recordar en ese momento. Porque quedaba tanto miedo en mi mente que no tenía idea de cómo deshacerme de él en este momento. De todos modos, necesitaba seguir adelante. Fui al salón de clases y vi a los compañeros que no había visto desde las vacaciones. Era obvio que había gente a la que no quería volver a ver, como nunca. Pero yo estaba en una fase tranquila de la vida. Traté de llevarme bien con todos. Fue casi un desafío, pero lo logré. - ¿Escuchaste sobre eso? - Well abordó con tanta rapidez y euforia. Después de las dos primeras clases, Sarah y yo fuimos a la cafetería y esperamos a que el encargado de la noche la recogiera. No me estaba molestando en memorizar los nombres, porque probablemente el otro día, sería otra persona, con otro nombre, así que... - ¿Que interrumpiste nuestra conversación? - Sarah sonrió sarcásticamente a nuestro amigo. - No lo llenes, loca. - Rodó los ojos. – ¡La conferencia sobre Metodologías Activas en la Enseñanza en São Paulo será este fin de semana! – anunció feliz. - ¿Este? ¿Pero ya? - Yo pregunté. - ¿No estaba previsto para mediados de año? Estas conferencias en otros estados siempre me emocionaban, porque además de aprender cosas esenciales para una carrera, mis amigos y yo siempre nos divertíamos lo más que podíamos. Bueno, yo menos, como siempre se empeñaban en recordarme. - Sí. Pero hubo una confusión con las fechas y bla, bla, bla... Y va a ser este fin de semana. Pero eso no es lo importante. – Se sentó al lado de Sarah y yo contuve la risa. - ¡Allá viene! - Sarah giró su cara para quedar frente a él. - Conocí a un chico nuevo en estos días que es de São Paulo. ¿Y adivina dónde pasaré mis noches? - Well sonrió con malicia. - ¡Eres una perra! - Sarah le dio unas palmaditas en el brazo y ambos sonreímos. - ¿Tiene amigos heterosexuales? - Esta es la otra parte. - Well me miró y me puse a la defensiva. – Tiene un amigo super lindo que le voy a presentar a Bíola. - No. – dije simplemente. Y la muestra de argumentos de él y Sarah llenó mis oídos. Sería divertido si no fuera tan molesto. - Mierda, niña. Es hora de poner en acción lo que guardas debajo de esa falda. - Well puso los ojos en blanco. - No tiene que ser directamente así. - Sarah hizo una mueca, pero sabía que eso era exactamente lo que quería que hiciera. - Sólo unos besos para empezar, amiga mía. - Dentro de poco cumplirás los treinta y no te romperás el himen. - Well habló con tal serenidad que parecía ser una cuestión de vida o muerte. Esperé a que los dos terminaran sus conferencias, a que yo finalmente abriera la boca. - El problema es que nadie quiere meterse en besos a mi edad, al principio. Su estancia es en la cama y mi Diosa interior es romántica. – dijo, esperando más de esos comentarios. - Entonces morirás virgen. - Sara se encogió de hombros. - No si me tropiezo con alguien sin querer, luego hablamos y luego nos enamoramos y después de dar lindos paseos, nos vamos a la cama. – respondí de inmediato. Sarah y Well me miraron como si fuera una especie de alucinación. Las cejas fruncidas y los labios entreabiertos. - O ese es el cliché... - Continué. - Cuando nos conozcamos, nos odiemos y nos sigamos molestando. Luego damos un paseo y descubrimos que tenemos que quedarnos en la misma cama. – Terminé mi tren de pensamientos. Sé que no tenía sentido para nadie, pero lo tenía para mí. Así que estuvo bien. - Oh, mi amiga, soñaste toda. - Well movió su pelo claro. Me reí y Sarah se levantó de la mesa de inmediato, con el celular en la mano. - Mi cliché acaba de llegar. Y si todo sale bien, mañana no podré caminar. Este es mi cuento de hadas favorito y real. – lanzó besos al aire y salió por las puertas de la universidad. - No puedo esperar a que ella se enamore. - Well comentó y yo lo miro fijamente. - ¿Enamorarse? - Yo pregunté. - Pensé que no creías eso. - Pero por supuesto que creo. - Se enderezó para mirarme fijamente. – Pero solo creo en lo más cercano a la realidad, en el mundo real. - Se mordió el labio. - Yo entiendo. Y nada más racional que eso. – Ignoré su comentario real. - Fabiola, entendiste lo que te dije. - Los ojos verdes estaban serios. – No estoy tratando de meterte prisa en nada, pero, amiga mía, ¡nunca hubo un chico! El chico, al menos. Además de la que se prostituyó. Me reí. Había otro tipo, sí. Pero era más una amistad que otra cosa. Lo conocí en la escuela secundaria, pero siempre lo vi como un amigo. Luego, después de unos seis años, decidió coquetear conmigo y me invitó a salir por un año o dos, pero no pensé que me gustara de esa manera. Después de unas semanas, descubrí que tenía sentimientos por él, pero el miedo no me dejaba aceptarlo. Pero ya era un poco demasiado tarde. Comenzó a salir y ahora estaba comprometido, pero todavía me enviaba mensajes de texto extraños a veces y me confundía. Tal vez sea porque las únicas "historias de amor" que realmente he vivido han sido lo suficientemente traumáticas o no correspondidas como para no querer aceptar nada. Solo quería que alguien me dijera que se había pasado todo el día soñando conmigo y que realmente soñaba. - Lo que estoy tratando de decir, amiga. - Well me llamó de vuelta al presente. - Es que eres demasiado hermosa, demasiado caliente y hasta me volvería hetero hacia ti. Y más que eso, es una persona inteligente y madura. En serio, solo quiero que vivas y no te guardes esto. ¡Si juegas, amiga! Tomar oportunidades. Y tengo varias tácticas de conquista que son infalibles. - Sacó la lengua y cerró los ojos. Sonreí de nuevo y apreté su mano. Gracias por los cumplidos y gracias por aguantarme. A pesar de que somos tan diferentes entre sí. - Ahora, realmente necesito asistir a clase. – Me levanté de esa silla y tiré de Well. - Un día a la vez, ¿de acuerdo? - ¡Siento que este viaje sucederá! - Se encogió de hombros y caminamos a clase. Well nunca se equivocó con sus supersticiones. Así que creo que él sabe.
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