Capítulo 4 una niña inocente.

1982 Words
Narra Aarón No puedo sacar de mi mente lo que ocurrió anoche en la oficina de mi negocio, debo admitir que Kathy besa muy rico y también mueve sus caderas de una forma que me vuelve loco, pero no debería de pensar de esa forma de ella, sólo es una niña inocente y no quiero quitarle esa inocencia, tan sólo tiene 19 años, yo 33 es mucha la diferencia, además yo la debo cuidar incluso de mí mismo de ser necesario, no merece que nadie le haga daño. Bajé a desayunar y ella aun no bajaba, lo mejor es dejarla descansar, anoche fue bastante raro, debió ser el efecto del alcohol que ella traía, eso me hace pensar, ¿Pero… cómo demonios supo que le diría que es tan sólo una niña? Debió escucharme hablar con Charly. – maldición – ella no es para mí, no hay amor en mí. Es por eso por lo que salgo con una mujer como Roxana, igual de fría que yo, que tampoco desea compromisos, lo mejor sería que me mantenga al margen con Katherine. –       Buenos días – dice ella entrando a la cocina aun algo adormilada. –       Yo me tengo que ir – digo sin mirarla. – tengo que ir a ver a Roxana – la miro por un instante y pude ver en su mirada un poco de tristeza y decepción. Salí de la casa y me subí a mi carro para ir a la casa de mi novia, es mejor que desde ahora Smith se decepcione a que en un futuro salga muy herida y pueda ser peor para ella. –       Hola, amor. No te esperaba – dice Roxana mirándome con seducción. Llevaba puesto un vestido rojo entallado que dejaba ver más pronunciados sus hermosos senos. –       ¿no puedo venir a ver a mi sexy novia? – digo abrazándola y sonriéndole. –       Claro que si – ella comienza a besarme la recuesto sobre el sofá y comienzo a quitarle la ropa dejándola desnuda, ella hace lo mismo conmigo. Voy besándola, bajando por su cuello, mientras acaricio sus pechos, ella jadea por la excitación, con mi otra mano, voy bajando hasta llegar a su intimidad, y meto dos dedos y ella empieza a retorcerse de placer. –       Oh… así bebé… no te detengas – dice con la voz entre cortada. –       ¿te gusta, amor? – digo mientras continuo con lo que le hago. –       Mucho… - está muy excitada. Cambiamos de lugar, ella baja hasta mi m*******o y lo mete en su boca y yo gruño de placer. –       Eres muy buena – digo mirándola y ella sólo me sonríe. Una vez que termina, ella se sube encima de mí, haciendo que entre en ella y comienza a moverse, se siente muy rico, pero… no placentero como lo sentí con Kathy. ¡demonios! Debo dejar de pensar en ella, no está bien. –       Me quedaré contigo esta noche – digo mientras la tengo abrazada. –       ¿en verdad? – dice con ilusión. –       Claro que si amor – suena raro decirle así y mas que no la amo. Nos abrazamos y nos quedamos dormidos. Desperté a la mañana siguiente y aún estaba acostado junto a Roxana a mi lado, así es como debe ser, yo no soy para Smith, y eso debe tenerlo en mente, y para que desilusione invitaré más seguido a mi novia a mi casa. *** Llegué a casa junto con Roxy, la invité a estar conmigo toda una semana, Kathy al verla en casa, no lo soporto y se encerró en su habitación, casi no bajaba, yo sabía muy bien lo mucho que de detestan las dos. Ella salía temprano para la universidad y en las horas de comidas, ni siquiera se aparecía, me duele verla así, sin que nos veamos y sin dirigirle la palabra, pero quiero que entienda que no soy para ella. A la semana siguiente, mi novia ya se había ido, pero Smith seguía sin bajar y la verdad comienzo a extrañarla, así que decido ir a su habitación, no soporto más esta situación que yo mismo causé. –       ¿Kathy? – digo entrando, pero la veo recostada durmiendo. La miro más de cerca y puedo notar sus ojos cansados e hinchados, de tanto llorar, al verla así, la verdad me partió el alma. –       Kathy – digo cerca de ella, pero no se mueve ni un centímetro, me recuesto a lado y la abrazo. –       Quiero estar sola – dice en un hilo de voz. –       No me gusta verte así – ella se gira y me mira, su mirada está llena de mucha tristeza, nunca la había visto así antes. –       Por favor, quiero estar sola – pide nuevamente. Me levanto sin decir nada y salgo de ahí. Me voy a mi recamara y comienzo a maldecirme a mí mismo, lo que menos deseaba era lastimarla, y fue lo primero que hice. Me recuesto en mi cama hundido en mis pensamientos. – mi bella Katherine, lo siento, soy un maldito imbécil por herir tu corazón, no te merezco- digo para mí mismo. Al día siguiente, ahora era yo quien no tenía ganas de salir de mi habitación, lastimé a una niña inocente, y de una manera muy infantil al traer a Roxana a la casa sabiendo que no la soporta. Ayer traté de arreglar las cosas, pero fueron en vano. Me levanté y me fui a dar una ducha para relajarme, no resultó del todo, salí y me vestí, iré a trabajar un rato para despejarme, y pensar en cómo levantarle los ánimos a mi bella Kathy. Bajé a desayunar, ahí estaba ella, y al darse cuenta de mi presencia, se levantó, le dio las gracias a Begoña y salió de la cocina. –       ¿me vas a decir que le pasa a esa pobre niña? – me regaña mi nana. –       Soy imbécil, eso es lo que pasa. – digo molesto conmigo mismo. –       ¿Qué le hiciste? – aún sigue molesta. –       Creo que se enamoró de mí, y no deseo lastimarla, ella sólo es una niña. – digo sin mirarla –       Si lo he notado – dice más relajada y la miro confundido. – vi cómo le dolió que trajeras por una semana a tu “novia”. –       Por eso te digo, soy un imbécil. – digo suspirando con algo de tristeza. –       ¿la amas? – su pregunta me tomó por sorpresa. –       Yo… no lo sé - ¿la amo? –       Pues no lo pienses demasiado o podría ser muy tarde – dice y se va. Me levanté y salí de la casa. Manejé hasta mi antro y me fui a mi oficina, me daba vueltas en la mente la pregunta de Begoña, ¿la amo? No podría hacerlo, es tierna y hermosa, y de hermosos sentimientos. –       ¿Qué te pasa? – dice Charly entrando a mi oficina. –       Nada – digo secamente. –       Bien, si no me quieres contar, está bien – dice ignorándome y yo ruedo los ojos. –       Es Kathy – digo relajado. –       ¿Qué pasó? – pregunta con curiosidad. –       Lo que menos deseaba era herirla y terminé haciéndolo. – digo un poco frustrado – el día que vino al antro con sus amigos, nos quedamos unos momentos solos, ella comenzó a darme un masaje muy rico y cuando estaba perdido, ella se subió a mi regazo, comenzó a besarme, le correspondí por un momento, pero me excité demasiado y me detuve, y le dije que no podía, porque sólo es una niña, ella terminó de completar esa frase, por cierto. –       Quieres decir ¿Qué nos escuchó aquel día? – dice y yo asiento. –       Y mi mayor estupidez fue llevar a Roxana por una semana a la casa sabiendo que no se soportan y eso sólo hizo alejarla de mí, pero lastimándola. – digo con tristeza. –       Pero… ¿hablaste con ella? – pregunta con curiosidad nuevamente. –       Traté, pero me evita – pongo mis manos sobre mi rostro frustrado. –       Pues si sientes algo por ella, y no deseas perderla, busca la manera de contentarla – dicho eso, se levanta de su lugar y sale de la oficina. ¿Realmente la amo? No debería, es la hija del que alguna vez fue mi mejor amigo. Salí del trabajo para ir a casa, saludé a Begoña, y me dirigí a la parte de arriba y toqué su puerta, pero no hubo respuesta, abrí y ahí estaba sobre su cama, ella me sintió y me miro con esos hermosos ojos tristes. –       ¿Qué desea? – pregunta sin dejar de mirarme y me siento mal por ello. –       Hablar contigo – digo sentándome en el borde de su cama. –       No hay nada de qué hablar – dice y se gira para no verme. –       Kathy, por favor – le suplico, pero ella no se mueve. –       Quiero estar sola – dice y yo salgo de la habitación. Bajé a mi despacho y me encerré a beber como loco, tenía años que no lo hacía por una mujer, desde el accidente de Sandy, y todo por malentendidos entre su familia y la mía. *** –       ¿Sr. Moore? – pregunta la voz de una mujer joven tocando mi hombro. No sé en qué momento me quedé dormido. –       ¿qui… quien… eres? – debo estar muy ebrio, arrastro las palabras y ni siquiera sé dónde me encuentro. –       Soy Katherine – dice y despierto de golpe, que hasta me mareé muy feo, ella sólo me ayuda a sentarme de nuevo. –       Yo… yo… lo… siento – digo aun sin recobrar bien la conciencia. –       No se preocupe, yo no debí molestarme con la presencia de su novia, es su casa y usted invita a quien desee – dice relajada. –       No – digo, pero vuelvo a perder el conocimiento.   Desperté al día siguiente con un dolor intenso de cabeza, la verdad no tenía ganas de levantarme, lo de anoche fue muy confuso, me emborrache hasta quedarme dormido, luego soñé con Katherine, que me decía que no había problemas de a quien invitaba a mi casa, sé que le duele lo que le hice, pero estoy dispuesto a cambiar por ella. Tocan a la puerta sacándome de mis pensamientos. –       Adelante – digo sin ganas. –       Buenas tardes, sr. Moore – dice Kathy entrando a mi habitación. –       ¿tardes? – digo confundido. –       Si, ya pasan de las dos de la tarde - su tono se escucha algo apagado. –       ¿tanto dormí? – miro el reloj de la mesita de noche, y no lo creo, ¡ya es tarde! –       ¿No se acuerda? – me mira extrañada y yo niego con la cabeza. –       Se embriagó anoche en su despacho, Begoña me ayudó a subirlo a su habitación – dice un poco preocupada, yo soy el preocupado, porque las dos me ayudaron, que pena. –       Discúlpenme por preocuparlas – digo mirando a otra parte. –       No se preocupe. Aquí le traigo agua y una aspirina – extiende sus delicadas manos y yo lo tomo rozando levemente sus dedos con los míos y sólo veo con se sonroja levemente, reacciona y camina hasta la puerta a punto de salir. –       Kathy – la llamo y ella se gira para mirarme. –       ¿Dígame? – pregunta con cierta seriedad. –       ¿Podemos hablar? – yo pregunto con esperanzas de que acepte. –       No hay nada de qué hablar, ya se lo dije anoche – entonces no fue un sueño lo que ella me dijo. –       Lo tengo que dejar, necesito terminar unos trabajos de la universidad – dicho eso, sale de la habitación. Empiezo a creer las palabras de Begoña, estoy enamorado de Kathy y voy a luchar por ella sin importarme lo que digan los demás.  
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