Jessica sintió que Terry le hizo darse cuenta de que no era inmune a las palabras dulces y los halagos después de todo. Tuvo que admitir que, aunque sabía que sus palabras probablemente eran solo comentarios al azar, su corazón todavía daba un vuelco. —No estoy bromeando, Jessica —dijo, agachándose. Jessica miró hacia abajo mientras él le subía la pierna del pantalón, sus cálidos dedos presionando contra su pantorrilla. Le preguntó si le dolía cada vez que presionaba un punto. Jessica negó con la cabeza, perdiéndose momentáneamente en esta rara ternura. Terry presionó varios puntos hasta que Jessica confirmó que ninguno le dolía. Solo entonces se levantó de nuevo. —La próxima vez, no hagas algo así. Si quieres que me aleje, solo dímelo. Dejó caer su sonrisa burlona habitual y la mir

