Capítulo 4:

1402 Words
Dorian: Él estaba cansado, su mirada amoratada, su rostro pálido y su caminar arrastrado, eran una clara evidencia de esto. Sin embargo, a excepción de otros días, en sus labios emergía una pequeña sonrisa, una que intentaba disipar la tristeza de los días posteriores. Había hablado con el médico de cabecera, quien le informó que Daphne ya se encontraba en condiciones de recibir el alta. Aquello sin duda había colmado de felicidad el amedrentado corazón de Dorian, por eso le había pedido a Meliza que fuera a cuidar a la hermosa chica de mirada nocturna mientras el preparaba una feliz y bienvenida a casa sorpresa, al fin y al cabo, ella no tenía ni la menor idea de que pronto podría volver a su antigua vida. Si es que por algún milagro aquello era posible después de todos los horrores vividos. El millonario sacudió su cabeza, alejando aquel pensamiento de su mente, mientras esperaba con paciencia que las puertas del ascensor se abrieron indicándole que llegaba a su piso. Entre sus brazos, sujetaba con fuerza una caja repleta de guirnaldas, globos y algunas cosas para cocinar. Jamás había comprado cosas de cotillón, después de todo, nunca había tenido una ocasión real para festejar ni una familia con quién contar. Familia, él tenía una familia. Aquel pensamiento arrancó otra sonrisa de sus labios, mientras pensaba que solo faltaría Margarita en la fiesta de bienvenida. Sin embargo, él no sabía si pedirle a la mujer regresar de sus vacaciones o simplemente permitirle seguir con su paz. Desde el primer momento en el que Dorian comenzó a notar sus sentimientos hacia Daphne, él le había pedido secretamente a la mujer que se tomase vacaciones, para así concederle algo de tiempo a solas con ella. Con gusto, Margarita había aceptado, después de todo era su mayor cómplice. Sin embargo, casi un mes después, él no sabía cómo demonios pedirle a la mujer que volviera, debido al mundo de cambios que debería enfrentar. Las puertas del ascensor se abrieron con un pequeño tintineo, y Dorian salió del lugar; con pasos firmes llegó hasta el umbral de la entrada a su casa y se deslizó al interior. Allí comenzó su película de terror. Cuando avanzó un par de pasos al interior del lugar, algo llamó su atención al final del pasillo, y cuando notó que ese algo era nada más ni nada menos que sangre, su corazón se paralizó. El único pensamiento que pasó por su mente fue el que Luca estaba en problemas. De forma instintiva y casi refleja, Dorian arrojó las cosas al suelo y corrió rumbo al pasillo, siguiendo el camino de pequeñas gotas de sangre dispersas por el piso. «Por favor que estés vivo» suplico el millonario con la respiración irregular y el instinto de adrenalina agolpandose en sus venas. Mentalmente iba repitiendo una y otra vez, el número de emergencias, suplicando no necesitarlo realmente. —¡¿Luca estás bien?!—gritó Dorian, ingresando al cuarto de huéspedes, cuando observó que el camino de sangre seguía allí. Sin embargo, en el preciso instante en el que entró al cuarto, se arrepintió de no haber golpeado. Desnudos y en la cama, se encontraban Luca y Elena, enredados el uno en el otro y fundidos en un profundo beso. Al oír las palabras de Dorian, ambos se apartaron de forma brusca y abrupta, mientras sus rostros se volvían tan rojos como el fuego. —¡Mierda!—dijeron al unísono los tres, arrepintiéndose de lo que habían hecho. ~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~• Diez minutos después: El millonario se encontraba sentado en la mesa de la cocina tomando un vaso con agua, ante él se encontraba la caja con la decoración para la fiesta de bienvenida de Daphne. Hacía algunos minutos atrás, había llamado a Margarita, cuando finalmente asumió que todos ellos necesitaban la presencia maternal de aquella mujer. Mientras él hablaba por teléfono, Elena había aprovechado la oportunidad para deslizarse fuera del departamento, con pasos veloces y fugaces, tan ligeros como el viento. Sin embargo, Dorian la había escuchado, desde el primer instante en el que salió por la puerta de la habitación de invitados. Aún así, para hacerle un favor a ambos, fingió hablar por teléfono mientras observaba por la ventana del departamento. Aquel no era el momento y él no era el indicado para hablar con ella, después de todo, hacía no más de tres meses atrás ellos eran amantes. Sin embargo, allí estaban, ella escapando a hurtadillas de su penthouse mientras él organizaba la fiesta de bienvenida a la mujer que más amaba en el mundo, Daphne. —No voy a pedir disculpas—soltó Luca, deslizándose al interior del comedor, vistiendo la ropa de Dorian, mientras una gasa se envolvía alrededor de su puño. El millonario lo observó con tranquilidad, de esas que anteceden la tormenta. —No espero que me pidas disculpas, eres dueño de acostarte con quién se te dé la gana—respondió Dorian dando un sorbo a su vaso de agua. El hombre de mirada tormentosa elevó una ceja mientras cruzaba sus brazos sobre su amplio pecho. —Me acosté con Elena, tu ex amante…¿No tienes ganas de matarme por ello?—insistió Luca. Dorian podría no ser muy receptivo y suspicaz a la hora de analizar a las personas, sin embargo, rápidamente notó que Luca buscaba un motivo para pelear, para discutir, incluso para que Dorian se enojara con él. De esa manera, el hombre de mirada tormentosa dejaría de sentirse tan miserablemente culpable. Pero Dorian no haría eso, no lo ayudaría a seguir revolcándose en su propia miseria. No cuando ni siquiera lo merecía. —Ahí está la palabra clave, Luca… Elena es mi ex amante—comenzó a decir él con simpleza—. Cualquier sentimiento que pudiera tener hacia ella murió hace un tiempo. »—Si soy realmente honesto, todo aquello murió desde el primer instante en el que Daphne atravesó la puerta principal de este departamento y entró a mi vida. Luca no dijo nada, permaneció callado con la mirada clavada en Dorian. Mientras tanto, su mente rebuscaba algún motivo para pelear con él. »—Solo te voy a decir una cosa. Elena no es el medio para que expires tu dolor y tristeza, tampoco tú eres el medio para que ella lo haga—continuó el hombre de cansada mirada oceánica—. Eso no es justo para ninguno de ustedes. Luca rió con amargura, mientras pensaba que era realmente justo en aquella vida. Todo lo que una vez había amado o tan siquiera deseado, le había sido arrebatado, dejándolo a un nivel tan profundo de soledad, que dudaba poder recuperarse alguna vez. —¿Y que se supone que debo hacer entonces?—comenzó a decir el arrastrando las palabras—¿Intentar robarte a Daphne?¿Buscar la manera de encontrar venganza para Aiden? ¿O simplemente sonrió y finjo que nada de todo este infierno ocurrió? Dorian lo observó pacientemente, recordándose que, al igual que él, estaba de duelo y el dolor era lo que hablaba por él. Por eso, el millonario se limitó a empujar la caja con decoración en dirección hacia el ex-agente. —Podrías comenzar por ayudarme a decorar este lugar—comenzó a decir con simpleza Dorian, ignorando el ataque que Luca había propiciado contra él—. Mañana le darán el alta a Daphne y planeó organizar una fiesta sorpresa de bienvenida. Se lo merece después del infierno que vivió… »—Todos nos merecemos algo de alegría luego de lo ocurrido. Luca observó la caja y miró al hombre ante él. El ex-agente era listo, por lo que comprendió de inmediato lo que él millonario intentaba hacer por él, por su vida. El simplemente se limitó a esbozar una mueca que no lograba concretar una sonrisa mientras asentía. Jamás podría agradecerle a Dorian por ser el hombre que era, por ayudarlo a salir de su mierda incluso cuando acababa de amenazarlo con arrebatarle a su amor. Pero Luca lo intentaría, buscaría la manera de recompensar al millonario en el futuro próximo, comenzando con ayudarle a preparar la fiesta de bienvenida a Daphne.
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