Capítulo XI — Sombras en descenso

427 Words
El cielo de Ca‑pa 7 se oscureció de pronto. No fue una tormenta. No fue el polvo metálico. Fueron sombras. Desde la atmósfera superior, figuras alargadas atravesaron las capas contaminadas del planeta sin emitir señal alguna. No había fuego, no había ruido de motores. Los Avilés descendían. Cuerpos muertos sostenidos por tecnología antigua, envueltos en campos de ocultación. Ojos apagados. Almas atadas a una orden. —Objetivo no identificado —susurraron—. Anomalía confirmada. A medida que descendían, el planeta parecía reaccionar. Las brújulas fallaron. Los sensores se apagaron uno a uno. Ca‑pa 7 los había sentido. En la superficie, Orión y Rock jugaban entre restos de metal cuando el balón se detuvo solo. Rock frunció el ceño. —¿Sentiste eso? Orión levantó la vista. El viento había cambiado. El aire estaba… pesado. —Sí —respondió—. Como si alguien nos estuviera mirando. Antes de que pudiera decir algo más, un estruendo sacudió el suelo no muy lejos de allí. Rock dio un paso adelante. —Eso no fue chatarra cayendo. A unos kilómetros de distancia, la nave de Nahraa registró la anomalía. —Interferencia total —dijo la piloto—. Algo acaba de entrar a la atmósfera… pero no puedo rastrearlo. Nahraa ya estaba de pie. —No vinieron por el planeta —dijo—. Vinieron por alguien. Tomó su arma y descendió de la nave. Orión y Rock avanzaron entre las estructuras oxidadas hasta que vieron a una figura solitaria emergiendo entre el polvo. Alta. Firme. Con una presencia que no pertenecía a Ca‑pa 7. Nahraa se detuvo al verlos. No eran soldados. No eran saqueadores. Eran chicos. Pero algo en ellos… no encajaba. El balón rodó lentamente hasta los pies de Nahraa. Orión lo recogió con cautela. —No somos problemas —dijo—. Solo buscamos sobrevivir. Nahraa lo observó con atención. Sus movimientos. Su forma de sostener el balón. Rock dio un paso al frente. —Si venís por chatarra, acá sobra. Nahraa negó despacio. —No vine por chatarra. En lo alto del cielo, una silueta se desplazó sin reflejar la luz. Nahraa lo sintió. Los Avilés estaban cerca. Miró a Orión y a Rock. —Escúchenme bien —dijo con voz firme—. No sé quiénes son… pero algo muy peligroso los está buscando. Orión apretó el balón contra su pecho. —Entonces —respondió— no somos los únicos que sentimos que algo está por cambiar. Las sombras siguieron descendiendo. El encuentro ya no podía evitarse.
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