Capítulo XIV — El precio de escapar

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Ca‑pa 7 ya no era un planeta olvidado. Era una herida abierta. Las estructuras colapsaban una tras otra mientras los Avilés retomaban el avance, reorganizándose con precisión inhumana. El polvo metálico oscurecía el cielo, y cada impacto hacía temblar la tierra. —¡La nave está lista! —gritó la piloto por el comunicador—. ¡Pero no va a aguantar mucho tiempo! Nahraa cubría a Orión mientras retrocedían hacia la rampa. —¡Corré! —le ordenó—. ¡No mires atrás! Orión obedeció… hasta que escuchó el grito. —¡Orión! Se dio vuelta. Rock estaba más atrás, enfrentando solo a dos Avilés. Su cuerpo chocaba contra el metal, pero seguía en pie. Cada golpe que daba era para ganar segundos. Solo segundos. —¡Rock, no! —gritó Orión, intentando volver. Nahraa lo sujetó con fuerza. —¡Si volvés, morís! Rock miró hacia ellos. Sonrió. La misma sonrisa de cuando eran chicos. —¿Te acordás del pacto? —gritó—. ¡Juntos… siempre! Un Avilés se lanzó sobre él. Rock lo embistió con todo su peso, lanzándolo contra una torre oxidada que colapsó en una explosión de chatarra. —¡Suban a la nave! —rugió—. ¡YA! Orión forcejeó. —¡No te voy a dejar! Rock lo miró por última vez. —Vos tenés que jugar ese torneo —dijo—. Los dos… aunque yo no esté en la cancha. Antes de que Nahraa pudiera reaccionar, otro Avilés cayó desde lo alto. Un campo de contención se activó alrededor de Rock como una jaula de energía. Rock intentó moverse. No pudo. —Objetivo secundario capturado —dijeron los Avilés—. Activo con alto valor emocional. —¡ROCK! —gritó Orión. El campo se cerró. Nahraa activó el despegue de emergencia. —¡Despegando! —avisó la piloto—. ¡No puedo esperar más! La nave se elevó entre explosiones, atravesando el polvo y el fuego. Orión cayó de rodillas dentro de la nave, mirando por la rampa abierta. Vio a Rock, inmóvil dentro del campo de energía, rodeado de sombras. El planeta se alejaba. —Lo siento… —susurró Nahraa—. Ese sacrificio nos dio una oportunidad. Orión apretó los puños hasta sangrar. —No terminó —dijo, con la voz rota—. Él sigue ahí. Nahraa lo miró. Y comprendió algo definitivo. Rock no había sido capturado por error. Había sido tomado como mensaje. Muy lejos de allí, Varhlok recibiría la señal. Y el Torneo de las Mil Galaxias… acababa de cobrar su primer precio real.
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