POV ALEX:
Habían pasado ya tres días desde que descubrí mi embarazo, tres días desde que mi estado anímico se había convertido en una montaña rusa, subidas y bajadas, no supe jugar bien mis cartas, lo estropeé todo, las lagrimas se acumulan en mis ojos de tan solo imaginar mi futuro ¿que puedo hacer? No puedo criar un niño yo sola, no, si puedo pero lo cierto es que no quería hacerlo, lo necesito a él para continuar con esto, pero él no me quiere a mi, tal vez esto me hizo darme cuenta realmente que Derek no está hecho para mi, que realmente no me ama como él estúpidamente juraba, mentía, es un maldito mentiroso.
— Dime ¿ahora que haremos tu y yo? — pregunto mirando mi vientre plano, como si realmente pudiera responderme.
Mi garganta duele por el nudo que se forma en el, como ya es normal, lloro maldiciendo mi suerte, escondo mi cara entre mis brazos como si estuviera protegiéndome a mi misma, odio las malditas hormonas, me odio a mi misma por haberme enamorado de ese personaje, odio con todo mi corazón a Derek. Y como si lo estuviera llamando, ese particular olor llega levemente a mis fosas nasales, automáticamente levanto la vista solo para confirmar mis dolorosas sospechas, allí está el, camina hacia mi mientras seco las lagrimas rebeldes.
— ¿Que haces aquí ?— pregunto enderezándome, opto por adoptar una postura "profesional", esa que le dedico especialmente a mi vida laboral.
— yo...
Intenta decir algo pero fracasa estrepitosamente, no sé a qué vino, no me interesa, no necesito siquiera saberlo, solo quiero que me dejen tranquila con mis hormonas alborotadas.
— la verdad es que no tengo ganas de que me insultes, hoy no Derek, así que tengo que pedirte que te vayas — hablo con voz dura sin dar cabida a réplica.
Con la mirada estudia mis movimientos, estoy a la defensiva, lo sé, pero no sé qué esperaba y espero realmente que se vaya, no me gustaría tener que acudir a mis guardias de seguridad,
— ¿de cuánto tiempo estás embarazada?.
Enarco ambas cejas sorprendida, realmente no me esperaba eso, puedo jurar incluso que hasta el mismo está sorprendido por esa osada pregunta, si no recuerdo mal, fue él quien dijo que no quería saber nada.
— A ti que te importa — contesto con brusquedad, molesta.
Suelta un suspiro cansado, pero ese gesto no hace más que aumentar mi mal humor, no sabe donde se esta metiendo, pero él luce como un niño confundido, perdido en medio de sus problemas, no me interesa.
— Claro que me importa, quiero saber si él está bien, teniendo en cuenta que no hace mucho te excediste con el alcohol y...
— ¿Insinúas que soy una mala madre?
Sé que no quiso decirlo de esa manera, pero honestamente, ahora mismo solo tengo ganas de abofetearlo, no tiene derecho a hacerme ese tipo de preguntas, si bien es cierto que es padre de este niño, después de lo sucedido, él no debería de actuar como "padre" protector, es hipócrita.
—¡No! Por Dios Alex, solo intento disculparme- dice rascándose la sien con nerviosismo.
Nunca había visto a Derek disculparse por nada, o al menos intentarlo, eso hace que suelte una sonora carcajada, no me lo trago, esto es una broma, sin borrar la sonrisa me acerco a él, de pie a unos cuantos centímetros de mi escritorio, esta tenso, pero sé toma la libertad de mirarme de pies a cabeza, sin embargo no dejo que eso me afecte en lo absoluto.
— Disculparte ¿Tu?— me burlo arrogante — pierdes el tiempo, querido.
Me gustaría poder perdonarlo, hacer como si nada hubiera pasado, pero mi orgullo me lo impide, no dejare que vuelva a humillarme como lo hizo el otro día, si realmente quiere mi perdón, tendrá que currárselo mucho, esta tan acostumbrado a tenerlo todo servido en bandeja de plata que le repatea que no haya vuelto a sus brazos corriendo,¿Que esperaba? ¿Que le rogase para que reconociera a su hijo? Eso no pasará, el solo quiere todo lo que no puede tener, y ahora para el, después de lo sucedido, soy como la manzana prohibida del edén.
— Estoy de tres semanas, casi cuatro — hablo después de un largo silencio.
Suelta un suspiro de alivio, tal vez esa es la prueba que él necesitaba, sus ojos azules brillan de ¿felicidad? Intenta cogerme la mano pero con rapidez esquivo ese movimiento, retrocedo un paso agrandando la distancia entre nosotros, no quiero que me toque, seria mortal para la frágil barrera que tengo montada en su contra.
— Alex, yo me asuste ¿sabes? — confiesa en voz baja — no pensaba todo lo que te dije, no quiero perderte a ti, mucho menos a mi hijo, por favor no me lo quites — me pide casi suplicante.
Su mirada refleja ese miedo, no sé siquiera como se lo ocurrió pensar algo como eso, luce tan inseguro y vulnerable que por un segundo siento ganas de consolarlo, ni siquiera me molesta que piense eso, es normal y puedo entenderlo.
— No voy a quitarte a tu hijo — lo tranquilizo con voz tranquila, es cierto — La semana que viene tengo revisión, puedes venir si quieres, así comprobarás que tu hijo está en perfecto estado — le informo y sé que me voy a arrepentir de esto — mi secretaria en los próximos días te enviara información sobre la hora y el sitio de encuentro.
Su consultorio en realidad no está en el hospital, de hecho esta bastante cerca de aquí, Derek asiente con una sonrisa en los labios, su postura sin embargo sigue siendo del mismo magnate frío y calculador, dueño del mundo, de mi mundo.
— Ahora si me disculpas, necesito comer algo — le digo caminando hacia la puerta.
— ¿Te puedo acompañar? — pregunta con cautela.
Lo miro sin comprender muy bien sus intenciones, de hecho pensaba comer en la seguridad de mi despacho, pero su propuesta me hace tomar un camino diferente, accedo dispuesta a que se involucre en el crecimiento de este bebé. Caminamos por las calles en un silencio algo incómodo, observo distraído como cada mujer se voltea a ver al hombre que camina a unos centímetros detrás de mi, con su habitual traje y ese aura magnética, no pasa desapercibido, tiene una belleza extraña, atrayente, pocas eran las suertudas que no lo hallaban atractivo, ni siquiera la camarera del restaurante oculta la admiración que siente por este hombre, mientras ambos caminamos hacia la única mesa vacía, observo por el rabillo del ojo como la camarera se atiza el pelo y alisa su ropa asegurándose que luce "presentable". Suelto un suspiro cansada, no puedo evitar sentirme insegura.
Sin celos no hay amor.
Esa frase se repite en mi cabeza como disco rayado. Cuando la camarera se digna porfin en tomarnos nota, decido comer lo mismo que comí el otro día con Ian, anota todo con la vista clavada en el castaño, siento la primitiva necesidad de hacer un numerito, pero me contengo, tengo que repetirme mentalmente que él y yo ya no somos nada y eso no hace más que suba mi mal humor.
— Y tu guapo ¿Que vas a pedir?— pregunta moviendo las pestañas con coquetería.
— Solo pediré ensalada — dice y sonríe de tal forma que haría que cualquiera se postre a sus pies, incluso yo, lo odié.
Debería tranquilizarme el hecho de que ni siquiera la mira ella, pero eso no me tranquiliza y para ella eso no supone ningún problema, Derek es con diferencia más atractivo que Ian, al menos para mi, sus ojos son más claros y llamativos, se te hace imposible no girarte a verlo aunque sea por un segundo, sin contar su trabajada figura, esta en un término perfecto, no tiene músculos grandes y redondo, tampoco está delgado, está en un término medio, perfecto.
— ¿Eso es todo? — pregunta cambiando el tono de voz, casi sonrío.
Derek eleva la vista y lo clava en ella con cierta molestia, no le gusta las mujeres insistente y con esa mirada se lo deja claro, incluso a mi me gustaría estar a kilómetros bajo tierra, la chica traga con pesadez antes de marcharse con la poca dignidad que le queda.
— No te recordaba tan glotona — comenta divertido.
Enarco una ceja ante su comentario, se que está intentado con todas sus fuerzas que esta comida no sea incómoda, pero en lo que a mi respecta no necesito tener una conversación fluida con el, no quiero en realidad.
— lo cierto es que no me recordabas embarazada — le recuerdo con voz dura.
Su sonrisa poco a poco se va apagando, no se lo voy a dejar tan fácil, tengo dignidad y tal vez hacer que él pierda la suya sea una buena opción, pero lastimosamente no soy de ese tipo de persona, solo quiero que esto pase rápido.
— Me lo vas a poner difícil ¿Cierto?— pregunta frunciendo el ceño.
En respuesta sonrío algo divertida, ponerle las cosas más difícil puede llegar a ser hasta cierto punto divertido, sorprendiéndome él me devuelve la sonrisa, quiero preguntarle a qué se debe esa sonrisa, pero como si me hubiera leído la mente, responde a mi pregunta no formulada.
— tu sonrisa es preciosa — dice con tono meloso.
No puedo evitar ruborizarme ante ese halago tan directo, un poco incómoda desvío la vista hacia la calle, por suerte nuestra mesa está alado de la cristalera que tiene como pared, al otro lado de la calle una figura llama mi atención, no puedo ver con claridad de quien se trata, el sombrero que lleva le tapa el rostro, alargado, delgado, lleva puesto una gabardina negra hasta las rodillas, pantalón del mismo color, no puedo ver sus ojos pero puedo jurar que me esta mirando a mi, un escalofrío recorre mi cuerpo entero incomodándome, achino los ojos intentando ver algo más que ayude a identificar a ese desconocido pero la llegada de la camarera desvía mi atención.
— Aquí tiene.
Deja lo que pedimos sobre la mesa pero no sé va, se queda ahí parada jugando con un bolígrafo nerviosa, decido no prestarle más atención y me vuelvo a girar en busca de aquel hombre, pero ya no está, ha desaparecido y no queda rastro de él. Suelto un suspiro, tal vez me estoy volviendo loca.
— Tal vez suene atrevido, pero me permite tener su numero de teléfono— pregunta con vos dulce .
Ni siquiera me molesto en mirarla, mantengo la vista pegada en la ventana, pero aun así siento la insistente mirad de Derek en mi costado, me da igual si se lo da o no.
— Lo siento, estoy con mi esposa — responde con voz educada aunque se puede leer "lárgate, no nos molestes" entre líneas.
Oigo como la chica suelta una pequeña risita divertida, curiosa me giro a verla, tengo que admitir que la chica en cuestión no es fea, tampoco es alta, tal vez unos centímetros menos que yo, delgada, cabello rojizo con las raíces negras, ojos oscuros con muchas pecas en el puente de la nariz, pómulos y frente, labios finos y perfectamente pintados de color rojo, a juego con su delantal de camarera, su dentadura parecía pedir a gritos un dentista experto.
— Es curioso, porque "tu esposa"— dice eso último con cierto sarcasmo — El otro día vino con otro hombre — le informa y se que lo está disfrutando.
Esta muy equivocada si cree que eso hará que este hombre le regale su numero de teléfono, se nota que no es muy avispada, ella me lanza una mirada acusadora, el cuerpo de Derek se tensa y yo no puedo hacer más que sonreír divertida.
— ¿te gusta mi marido?— su ceño se frunce confundida, no se esperaba esa pregunta y puedo jurar que ahora se siente hasta algo incomoda — El está fuera del mercado cariño, pero dado que te gusta los hombres que me acompañan, tal vez pueda hacer algo por ti — finjo amabilidad.
Sonríe aun sin creerse todo lo que le estoy diciendo, asiente efusivamente cayendo en mi juego, lo que voy a hacer se lo achaco a mis hormonas alborotadas y la falta de juicio provocado por mis celos para nada infundados. De mi bolso saco mi chequera y un bolígrafo, bajo la mirada expectante de ambos, escribo una cantidad bastante considerable, arranco el cheque y se lo tiendo, sorprendida abre los ojos en plantos e intercala miradas entre el trozo de papel en sus manos y yo, Derek por otro lado no sabe lo que está sucediendo.
— Es para qué soluciones eso — señaló su cara con un dedo y se que me he pasado de la raya.
La pelirroja palidece al ver la cantidad, no parece ofendida por mi comentario y eso hace que me sienta un poco mejor, tal vez para ella sea mucho, pero para mi no lo es, que haya decidido vivir en una "caja de zapatos" no significa que no puedo permitirme una vida mejor que esa, soy millonaria, tengo más dinero del que me gustaría, pero siempre he tenido claro que el dinero no compra la felicidad.
La camarera movida por la insana necesidad de poseer grandes riquezas, me sonríe agradecida, casi siento pena, pero una vez más me recuerda que cada persona tiene un precio, acabo de reírme de su aspecto físico, pero ella solo es capaz de ver los ceros escritos en ese cheque.
— Yo-Yo no sé qué decir — dice con los ojos brillosos.
— Solo quiero comer tranquila — comentó mirando esos platos que ya empiezan a enfriarse.
Oigo sus pasos alejarse, suelto un suspiro y empiezo a degustar esa comida que por alguna razón ha perdido sabor, no está tan buena como la recordaba.
— Me gusta cuando marcas territorio — dice Derek con una sonrisa.
Lo miro con el ceño fruncido y una patata en la boca, realmente esa no era mi intención, bueno, quizás un poco.
— No se a que te refieres.
Me encojo de hombros desentendiéndome del tema, no quiero que se haga ilusiones o si quiera que piense que todo está volviendo a su cauce, no es así.
— Te he dicho ya que me gusta tu lado celoso y...
— No son celos — lo interrumpo ahora molesta por su insistencia — Si quieres puedo darle tu numero de teléfono — hablo cortante.
Niega con la cabeza aun divertido, finjo que no me molesta esa estupida sonrisa y continúo con mi comida, evito preguntarle porque solo eligió una simple ensalada, no quiero que piense que me preocupo por el, aunque así es.
— ¿Con quien viniste el otro día? — pregunta finalmente.
Estaba tardando demasiado en preguntar sobre la identidad de aquel desconocido, casi sonrío, es tan predecible.
—creo que se llama Ian Mikelson—le respondo dándole otro bocado a mi hamburguesa
— No te acerque a él, es peligroso — me advierte con tono demandante.
— ¿crees en serio que tienes derecho a ordenarme nada?— hablo intentando sonar tranquila.
Ambos nos retamos con la mirada, la cual ninguno está dispuesto a ceder.
— Hablo en serio Alex, aléjate de él — ordena.
Lo miro desafiante, no quiero pelear, pero por alguna razón siempre terminamos así, discutiendo por tonterías, estoy cansada de eso, enserio es agotador, sabiamente decido no seguirle el juego y presto total atención a mi comida.
— Vaya Derek ¡que sorpresa!— escucho la voz de una mujer, por el rabillo del ojo veo como se para a nuestro lado, siento ganas de maldecir — no pensé que este sitio fuera de tu estilo — se ríe.
Levanto la vista de mi plato algo molesta por las interrupciones, veo a una mujer bastante guapa mirar a Derek con una perfecta sonrisa, le toca el hombro con demasiada familiaridad, no es muy alta, cabello n***o y rizado, piel morena, ojos avellanas, pestañas largas y rizadas, labios gruesos, al verla no puedo evitar preguntarme ¿será ella una de sus amantes? De pronto clava su mirada sobre mi sin borrar esa bonita sonrisa, me sorprende siquiera que haya notado mi presencia.
— Tu debes de ser la famosa Alexia, Derek me ha hablado mucho de ti — dice ignorando la mirada asesina del castaño — ¿Cómo llevas tu embarazo?— pregunta con un guiño.
En seguida me tensó y clavo mi mirada acusadora sobre el castaño, este me mira y sabe que ha metido la pata, yo no sé qué decir.
— Se supone que es confidencial— responde molesto.
— Oh venga, no pasa nada, es tu exmujer— dice como si no fuera la gran cosa.
Ahora estoy más que segura que es una de sus amantes, sin poder soportarlo más, me levanto dispuesta a marcharme pero lo que hace me toma desprevenida.
— Déjame tocar.
Sin previo aviso posa su mano sobre mi vientre aun plano, ensancha su sonrisa como si pudiese sentir algo allí.
— ¿Cuanto tiempo tiene?— pregunta sobando esa zona.
De un manotazo alejo su mano, esta me mira por un momento sorprendida pero enseguida vuelve a esa sonrisa que parece nunca querer desaparecer, a mi sin embargo nada de esto me causa gracia, sino más bien humillación.
— Ahora entiendo porque te enamoraste de ella — dice con un guiño.
¿Acaso se está burlando de mi? Ella parece ajena al enfado que crece dentro de mi, pero Derek ya empieza a notarlo pero antes de que pueda decir nada, me adelanto.
— ¿Tu quién eres?— pregunto cortante.
— ¿No le hablaste de mi? Eso duele — dice llevándose la mano al pecho dramáticamente, como si de verdad le doliese mientras que con la otra le acaricia la mejilla con ternura.
Esto es la gota que colma el vaso de mi paciencia, cojo en un puño el cuello de camisa perfectamente blanca, tiro de ella hacia mí acortando las distancias, no parece asustada, es más ni siquiera borra esa sonrisa y yo ya he empezado a llamar la atención del resto de comensales.
— No me importa si te acuesta con él o no, pero vuelve a tocarlo delante de mí y no habrá cirujano que pueda reconstruir tu rostro de lo deformado que pienso dejártelo — siseo a centímetros de su cara.
Su sonrisa se le borra automáticamente, no soy una mujer especialmente agresiva ni celosa compulsiva, no soy de esas que no quieren que tenga amigas, pero las "amigas" que Derek tiene en cuestión, no son solo eso, y lograba sacar lo peor de mi.
— Cariño, te equivocas, yo ya estoy casada — dice mostrándome su anillo de bodas — yo solo soy su psicóloga.
Tras terminar de decir eso, la suelto de inmediato, no sabía siquiera que iba a un maldito psicólogo, retrocedo un paso avergonzada, no quiero ni pensar lo que estará pensando.
— lo lamento mucho — me disculpo incapaz de mirarla.
Miro a Derek apenada antes de salir de ahí como alma que lleva el diablo "ahora entiendo porque estás enamorado de ella" eso que dijo ¿será verdad? Sé que ya me lo había dicho antes, pero honestamente me negaba a creerlo, pero que lo haya dicho su psicóloga hace que mi corazón tiemble.
De pronto alguien me coge de la mano, tira de mi y pega sus labios labios en el proceso, calientes y húmedos, se abre paso entre los míos, no me hace falta abrir los ojos para saber de quien se trata, solo me dejo hacer guiada por este primitivo deseo, introduce la lengua, frota, la saca y vuelve a introducirla, gimo como si no pudiera más con el dolor. O placer. Para mi era las dos cosas, el roce cálido de su lengua en mi boca, era como si me follara despacio y con dulzura, rítmico, suave, hábil, con el coqueteo justo de pasión desatada. El suelo vacilaba bajo mis pies de manera que tuve que agarrarme a él para no perder el equilibrio, aferrándome a sus muñecas. Protesté cuando se separó de mí sintiendo mis labios doloridos e hinchado, el sexo húmedo de deseo.
— No te vayas — murmuro incapaz de resistir el roce de sus labios con los míos una vez más — por favor.
Curvó la boca en una media sonrisa y ahuyentó las sombras. No me había dado cuenta, pero esto es todo lo que necesitaba.