2- Engreído.

1551 Words
Lina había dejado a su mamá al cuidado de su amiga Ròse, ya que ella tenía que asistir a la comisaria a levantar una formal denuncia en contra de su padrastro. Su abogado, que era uno de los chicos con los que entrenaba, la ayudo en todo el proceso. Luego de salir de la estación policial, acompaño a Lalo al casino Royal uno de los mejores que estaba ubicado en el centro de la ciudad. Se bajaron del auto, al pasar por seguridad indicaron que tenían una cita con el señor Tristán, ellos les mostraron la oficina del susodicho. ―Es mejor que te quedes afuera en lo que yo hablo con él ―dijo antes de tocar la puerta. ―Está bien, mientras daré una vuelta por el lugar ―anuncio dándose la vuelta. Lalo asintió, toco la puerta y cuando escucho un adelante entro. Las paredes de la oficina eran oscuras, el escritorio de madera pulida y bien ordenado; al lado izquierdo se encuentra un minibar. ―Hola, soy Eduardo Parra, entrenador de boxeo y representante de la boxeadora Lina Vázquez ―comunico extendiéndole la mano. ―Hola, Tristán Caruso ―dijo extendiendo la mano para responder al saludo. Tristán lo invito a sentarse y le ofreció un trago de whisky. Lina observaba con detenimiento todo el amplio sitio, todos los juegos de azar llamaban su atención, pero en especial uno llamado blackjack, se acercó un poco más y detenidamente observaba como el croupier revolvía con agilidad las cartas y las repartía a los jugadores. Ya había pasado un buen rato y Lina no dejaba de observar a los jugadores, en especial una pareja que ya llevaba un buen dinero ganado. Era tanta la alegría en aquella mesa que no pasó desapercibida por el dueño del casino y sus amigos. Mientras observaban atreves del vidrio de su oficina que estaba en la parte de arriba, vio a una morena hermosa, ojos, color miel, sobresalir de entre la gente con su linda sonrisa y su cabello n***o en el cual llevaba un par de trenzas. Vestía unos leggings en color n***o y un crop top blanco de una manga y sus infaltables converse, la cual hacían lucir su hermosa figura. ― ¿Te gusta la chica? ― pregunto uno de sus socios al ver que no apartaba la mirada de ella. ― ¡Es muy hermosa! ―exclamo dándole una calada a su cigarrillo. El socio sonrió de lado. ―¿Por qué no la invitas a salir? ―comento su amigo dándole un trago a su bebida. Maximiliano era el dueño del casino, un ruso muy apetecible para las mujeres por su espectacular figura esculpida por los mismos dioses. Sus ojos azules profundos cautivaban a cualquier chica, era uno de los millonarios más codiciado de la ciudad. ―Eso haré ―dijo levantándose su silla. Ellos creían que la mayoría de las mujeres que llegaban al lugar, era en busca de un hombre para disfrutar de los juegos y pasar una noche de placer. Cuando Maximiliano salió de su oficina se encontró con su mano derecha y mejor amigo Tristán, de inmediato se le vino una idea a la cabeza. Luego de saludarlo le indico que le llevara un trago a la chica morena que llevaba trenzas en el cabello en su nombre y que la invitaba a su pent-house a pasar una noche increíble. ― ¡Estás loco! Esa chica no es como las que acostumbras a salir ―aseguro observando a la joven y cruzándose de brazos. Maximiliano odiaba los compromisos, acostumbraba a usar a las mujeres a su antojo, le gustaba tenerlas cuando quería y como quería, luego las desechaba. ―¡Solo haz lo que te digo! ―ordeno fingiendo enojo. Tristán rodó los ojos. ―Después no digas que no te lo advertí ―dijo caminando a zancadas hacia el salón de juego. Maximiliano, regreso con sus amigos a esperar la respuesta de la chica. Tristán llegó a donde se encontraba Lina. ―Jovencita, aquí le envía esta copa de vino mi jefe y la invita a su pent-house a pasar una noche de pasión de la cual no se arrepentirá ―informo sonriendo. Lina frunció el ceño. ―Pienso que usted se ha equivocado de persona ―dijo confundida. ―No creo ―aseguro ― mi jefe dijo, la chica morena con hermosas trenzas y cuerpo de infarto. Lina formó una O con la boca. ―Además, aseguró que estaba como se la receto el doctor ―contó a punto de explotar en risa. ― ¿Qué es lo que le parece chistoso? ―pregunto furiosa. Tristán levantó las manos en son de paz. ―Le advertí, que usted no es igual a las chicas que frecuenta ―alego― me parece una falta de respeto hacia su persona, que mi jefe le envié ese tipo de propuesta, cuando siquiera la conoce ―dijo echándole más leña al fuego. ―Entonces porque vino a decirme todas esas cosas ―quiso saber. ― Porque sabía que con usted se toparía con pared ―afirmo dándole un trago a la copa de vino―, y lo mandaría a la fregada. Lina sonrió. ― ¿Cómo se llama su jefe? ―inquirió viéndose las uñas. ―Maximiliano, un hombre egocéntrico ―contesto dándole un segundo trago a la bebida. ― ¿Egocéntrico? ― Si, con decirle que aseguro enfrente de sus amigos, hacerla gritar su nombre de placer. Tristán se estaba asegurando que la chica, le diera su merecido a Maximiliano por engreído. La cara de Lina era todo un poema al escuchar todas las sandeces del aquel hombre. ― ¿Me llevarías con tu jefe? ―pregunto furiosa. ―Claro, vamos ―dijo guiándola. Lina lo siguió, él se detuvo y toco una puerta en color blanca a la izquierda del pasillo; después de varios toques abrieron la puerta. Lina se abrió paso entre Tristán como un remolino y entro enseguida. Todo en aquel lugar era lujo, ventanales grandes y espejados, paredes con tonos gris y blanco, pisos n***o reluciente; los muebles eran de diseños exclusivos y modernos con colores oscuros. Maximiliano se encontraba tomando, cuando vio entrar a Lina entre abrió la boca maravillado por la belleza de la chica, reacciono hasta que uno de sus socios le hablo y se levantó de inmediato. ― ¿Quién es Maximiliano, don exquisito? ―pregunto con una voz sensual. Tristán sonrió con malicia al escuchar hablar a la chica. Luego se retiró a su oficina, dejo la puerta entre abierta para ver el espectáculo. Todos los que se encontraban en el sitio estaban fascinados al ver a semejante mujer con esa figura excepcional. Al escuchar la pregunta de la chica, todos apuntaron hacia Maximiliano. Lina caminó entre los hombres de una forma sexi, contoneando las caderas. Cuando estuvo cerca de don exquisito, paso su mano por el abdomen y rozo sus labios con los de él. ―Me vas a hacer gritar tu nombre de tanto placer ―susurro al oído. Maximiliano estaba fascinado, la tomo de la cintura y la atrajo hacia él. ―Eso y más pequeña ―mascullo entre dientes. Lina sonrió de lado con malicia. La chica levantó lentamente la pierna derecha y le dio un golpe en la entre pierna que lo hizo doblegarse del dolor. Todos los socios abrieron los ojos como plato sorprendido, luego soltaron unas sonoras carcajadas al ver lo ocurrido al gran Maximiliano Koslov. ― ¿Quién te crees? ¡Idiota! ―grito colérica― te equivocaste conmigo, no vuelvas hacerme ese tipo de proposiciones. Maximiliano maldijo para sus adentros. Los amigos se burlaban de Maximiliano, a tal punto que casi se ahogaban de la risa. ―No ha nacido el hombre que me domine, mucho menos que me haga gritar de placer ―expreso mirándolo directo a los ojos. Lina se dio la vuelta, sus sienes palpitaban fuertes, todo era un caos en su cabeza. Salió de la oficina furiosa, odiaba al tipo de hombre que pensaba que solo por tener dinero podía tener a la mujer que quisiera como si fuesen objetos. Ella era temeraria, no se dejaba doblegar por ningún hombre y menos que creyeran que estaban por encima de ella. Se encontró con Lalo cuando llego a la sala de juegos. ―¿Dónde estabas? ¿Te sientes bien? ―pregunto al verla enojada y a punto de darle un colapso. Lina respiro profundo antes de contestar. ―Con unos amigos ―comunico encogiéndose de hombros. ―¿Amigos? ―Unos que acabo de conocer por casualidad ―dijo carraspeando― ¿A ti como te fue? ―Bien, firme el contrato y me dieron el adelanto que pedí ―contó alegre―. La próxima semana nos reuniremos para ajustar los últimos detalles de la pelea. Lina abrazó a Lalo por el cuello y le dio un beso en la mejía de la emoción. Ese abrazo la hizo sentir mejor, todo rastro de rabia se había disipado. ―Está bien, salgamos de acá que este lugar me hastía. Lalo asintió, luego ambos salieron del punto en su auto. Con lo bien que le había ido a Lalo a Lina se le olvidó el mal rato que paso con aquel hombre engreído.
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