Apuesta

1101 Words
Maximiliano aún se retorcía de dolor en el suelo. ―¡Maldita loca! ―expreso molesto―. Pagarás por lo que acabas de hacer, nadie se burla de Maximiliano Kozlov y sale ileso. Como pudo logro sentarse en el sillón, movió la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y dio bocanadas de aire. ―¡En serio! ¿Y qué harás al respecto? ―quiso saber unos de los socios― Está claro que esa chica tiene un carácter… uff salvaje. ―Eso está más que comprobado por el gran Maximiliano ―dijo otro de los socios soltando una risita. Maximiliano lo fulmino con la mirada. ―Si su forma de ser es así, imaginen como será en la cama ―comento otro de los socios de cabello rubio―. Es una indomable, ella misma lo dijo. ―Será muy rebelde y todo lo que quiera, pero aquí encontró quien la dome ―expreso Maximiliano riendo con malicia―. Esa chiquilla traviesa será mía―afirmo mordiéndose el labio inferior. ―¿Por qué estás tan seguro? ―quiso saber el mismo socio de cabello rubio. ―¿Cuánto quieres apostar? ―pregunto, en cambio, Maximiliano. ―El contrato con los Japoneses ―propuso el susodicho riendo con malicia. ―¡Trato!―dijo estirándola mano para sellar la apuesta, acto que fue correspondido por el hombre. ―¿Apostarás uno de los negocios más importante que has tenido por una mujer? ―preguntó Tristán, quien había estado escuchando todo desde la puerta. ―¡Si! ¿Por qué no? Soy Maximiliano Koslov, quien jamás en su vida ha perdido una puesta ―aseguro sonriendo orgulloso―. Además, si gano me dejarán el camino libre con los Italianos, ¿cierto?, en cambio, si pierdo les doy el contrato con los chinos ―explico con obviedad. Todos los socios se observaron entre sí, luego asintieron. Estrecharon las manos en señal de pacto, conocían bien a Maximiliano, un maldito egocéntrico que siempre le gustaba salirse con la suya, sí o sí. Luego siguieron tomando y conversando entre ellos hasta que cayó la noche y tuvieron que irse, pues la celebración había terminado. Maximiliano era un mafioso perteneciente a la mafia rusa, nunca aceptaba uno por respuesta y cada movimiento lo calculaba bien. Su propósito con esa apuesta no solo era vengarse de la chica, sino también ganar limpiamente el contrato con los Italianos, ya que estaba seguro de que ganaría. Por su parte, Tristán, no podía creer lo que había visto y escuchado, estaba cien por ciento seguro que ese acto sería el peor error de su amigo, de alguna u otra manera tenía que hacérselo ver. De la mente del hombre no salía la imagen de la chica caminando hacia él, esa mirada penetrante, esos labios carnosos que estuvo a punto de probar y ese cuerpo de infarto que se gastaba; aumentaba el deseo de conocerla y probarla. Jamás en su vida había sentido la necesidad de querer estar con una mujer, pues solamente un chasquido de dedos tenía a la mujer que quería en su cama. Lina llegó al hospital y subió directo a la habitación donde se encontraba su mamá, esta se encontraba dormida y Lina agradecía que fuera así, pues lo que menos quería en ese momento era discutir con ella. Una hora después salió de la habitación hacia la sala de espera, en ese momento se topó con Lalo quien traía un café en la mano derecha. ―¡Toma! ―dijo entregándole el vaso desechable con café. Lina asintió agradecida. Luego se fueron asentar en las sillas que estaban al frente. ―Fui a dar el primer abono a la cuenta, es poco lo que queda para cancelar ―habla Lalo dándole un sorbo a su café. ―Con lo que me den el día de la pelea cancelo ―comunico Lina impaciente. ―Sí, y si tienes suerte con las apuestas, tal vez ganamos un poco más. Lina dejó de escuchar lo que su entrenador le decía, pues lo que había ocurrido en aquel lugar con aquel apuesto hombre no salía de su mente. Por más que quisiera borrar la imagen de ese individuo no lo lograba, había algo en el que le llamaba la atención. ―¿Pasa algo? ―pregunto Lalo sacándola de sus pensamientos. Lina negó con la cabeza. En ese momento llego Rose, Lina se sitió aliviado al verla, necesitaba contarle todo lo que había sucedido o se volvería loca. ―¡Hola! ―saludo la chica. ―Lograste comer algo ―quiso saber Lina. Rose asintió. Como había estado cuidando a la mamá de Lina no había logrado comer, hasta que llegaron ellos fue al kiosco del hospital por algo de comida. ―Me retiro ―anuncio Lalo levantándose de la silla. ―Está bien, me quedaré un rato más con Rose. Lalo asintió, luego se marchó. Lina toma la mano de su amiga y la halo para que se sentara lado. ―¿Qué pasa? ¿Por qué te siento tensa? ― pregunto Rosa con el ceño fruncido. Lina dio varias bocanadas de aire. ―Hoy en el casino me sucedió algo ―comento Lina masajeándose la cien. Rose arqueo una ceja. ―¡Suéltalo de una vez chica! ―dijo entrecerrando los ojos. Lina comenzó a relatarle todo lo ocurrido en el casino con aquel hombre engreído. ―Debe estar buenísimo para que lo llamaras don exquisito ―dijo la chica haciendo comillas con los dedos. Lina rodó los ojos fastidiada. ―No lo puedo creer, de todo lo que te conté es lo único que se te ocurre preguntar. ―Te conozco bien y sé que por algo lo llamaste así ―comento la chica riendo con malicia. ―¡Está bien! No te voy a negar que tiene lo suyo, pero no es mi tipo ―expreso sin emoción alguna. Kate soltó una carcajada que tapo de inmediato con la mano izquierda al recordar que estaba en un hospital. Lina le dio un leve golpe en la cabeza. ―No sé por qué terminamos hablando del físico de ese idiota, si lo que quería que supieras era lo irrespetuoso que había sido conmigo y como lo puse en su lugar al imbécil, ese ―comento con rabia. Rose iba a responderle cuando en ese momento apareció el doctor que estaba atendiendo a Judith. Hola mis queridas lectoras, si la historia es de su agrado no olviden agregarla dándole al ❤️ y de dejar su comentario que con gusto lo estaré leyendo ?
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