No estás sola

1029 Words
―¡Buenas noches! ―saludo ―Hola ―respondió Lina, apenada al saber que el doctor pudo haber escuchado algo de lo que dijo. ―Hola, Lina, ¿No te vi hoy por acá? ―pregunto observándola con cierto interés. ―Hola, Rose ―saludo el médico. Rose le sonrió. ―Estuve entrenando ―mintió, Lina no le iba a contar que estuvo en un casino y lo que le había ocurrido desgraciadamente ahí. Lina y el doctor Ramírez se conocieron en la cafetería del hospital cuando ella accidentalmente derrama su café sobre él. ―¡En serio! Me gustaría entrenar un día contigo ―comento el doctor. ―No se hable más, mañana nos vemos en el gimnasio a las tres de la tarde ―aseguro la chica riendo ―¿Le parece? ―Excelente, hasta entonces ―dijo el doctor despidiéndose de ellas y retirándose. Desde el día que se conocieron, se volvieron amigos. Rose carraspeo varias veces, luego que el médico se fue. Lina rodó los ojos, la tomó de la mano a su amiga y la halo hasta afuera del lugar. ―No se te ocurra decir algo ―advirtió su amiga. Rose levanto las manos en son de paz. Llegaron al parqueo de sitio, luego cada una se subió a su motocicleta y condujeron rumbo a su casa. Al día siguiente, como siempre, Lina se preparó para entrenar, luego de una hora fue a desayunar para después ir a ver su mamá. Ella vivía con Lalo detrás del gimnasio en un lugar que acondicionaron, había dos cuarto, una cocina con desayunador, una sala con sus respectivos muebles; un baño y un cuarto de lavado. Lina, aparte de ser boxeadora, ayudaba a Lalo con la contabilidad del gimnasio. Lalo era un reconocido entrenador de boxeo y gracias a eso el sitio mantenía lleno, por lo consiguiente tenía buenas entradas económicas para sacar a flote el negocio y cubrir los gastos de la casa. Rose llego al gimnasio, ya que siempre iban juntas al hospital. Rose vivía con su hermano mayor, un hombre que se dedicaba al narco menudeo. Sus padres fallecieron cuando eran niños, quedando bajo la custodia de su tía una señora de unos cincuenta años, al recibir maltrato de su parte huyeron de casa. Como Omar, el hermano de Rose tenía dieciocho años, logro conseguir trabajo en un taller de autos, alquilaron un pequeño cuarto en los alrededores de la ciudad, en un edificio con muy mala infraestructura. Como no ajustaban con lo que ganaba Omar, Rose decidió buscar trabajo, pero al ser menor de edad nadie la contrataba hasta que llego al gimnasio donde conoció a Lalo y le conto su situación; este sintió pena por la chica y decidió contratarla de limpieza para que le ayudara a Lina. Así fue como se conocieron Lina y Rose, desde entonces fue creciendo entre ellas un gran amistad, volviéndolas inseparables. Lina y Rose, llegaron al hospital y luego de estar más de dos horas con su mamá, se marchó con su amiga de aquel lugar. ―¿Qué pasa? ―pregunto Rose al ver a su amiga pensativa― Es por tu mamá ¿Verdad? Lina asintió. ―Desde que le dije que denuncie a Julio, no me habla ―comento viendo al cielo para que sus lágrimas salieran. ―Dale tiempo, verás como se le pasa y luego te habla ―dijo segura. ―No creo, para ella Julio lo es todo y ahora que sabe que está tras las rejas según ella por mi culpa me odia ―contó con lágrimas en los ojos. ―¡Hay amiga! Tu mamá necesita ayuda psicológica de inmediato. Esa codependencia y ansiedad es malo. Rose abrazo a su amiga. ―Sabes que cuentas conmigo para lo que sea. Lina sonrió, estaba agradecida con la vida de tener Rose a su lado. ―Vámonos, que llegara Pablo a entrenar ―anuncio Lina, se separó de ella y luego subió a su motocicleta. Rose igual que su amiga, subió a su motocicleta. Ambas eran amantes de la adrenalina, la sensación que les producía conducir a toda velocidad, les hacía olvidar un poco su dolor y lo jodida que estaban sus vidas. Pablo llegó en su auto deportivo al gimnasio a la hora acordada, bajo y luego ingreso al local. Lina lo estaba esperando. ―¡Hola! ―saludo cuanto estuvo frente a ella. Lina respondió al saludo dándole un beso en la mejía. ―Me alegra que hayas venido ―expreso, Lina sonriendo. ―No podía perder la oportunidad de entrenar contigo ―contesto el doctor guiñándole un ojo. Lina lo guio por el pasillo hacia la zona de calentamiento, cerca de los vestidores. ―Aquí puedes cambiarte ―señalo la puerta a la derecha. Pablo le agradeció, luego ingreso con su bolso en mano. Lina realizaba ejercicios de calentamiento cuando el médico llego cambiado con su respectiva ropa deportiva. Después de media hora de ejercicios, fueron a la zona de entrenamiento de fuerza y pesas libres y por último subieron al cuadrilátero. Se colocaron su casco protector en la cabeza y guantes de boxeo. ―Es importante saber que el boxeo trabaja todo el cuerpo. Al golpear, se trabaja el pectoral y los tríceps ―explico Lina mientras se movía y lanzaba golpes a su contrincante. ―Al proteger el rostro con los puños, ejercitas el músculo deltoides, el cual se ubica por encima del hombro, recubriendo al resto de la estructura y mantiene la funcionalidad del hombro. Lina estaba concentrada explicándole, cuando el médico le dejo ir un golpe que la hizo retroceder y quedar acorralada entre las cuerdas. Lina sonrió de lado al ver tal acción del chico, pensó que no sabía nada de boxeo, pero se había equivocado. Esta vez fue ella que le dejo ir un derechazo, pero que el doctor esquivo fácilmente. Lina se aturdió al ver que todos los golpes que lanzaba él lo esquivaba, Pablo negó con la cabeza al ver la desesperación de la chica; la amarro y sin pensarlo dos veces le dio beso en los labios, esos que había deseado probar desde que la conoció.
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