5. Luz al final del túnel

1580 Words
El actuar del chico sorprendió a Lina que no reacciona al instante, sino que lo hizo luego de unos segundos soltándose del amarre y separándose de él. Lina tenía el ceño fruncido y sus ojos denotaban confusión. ― ¡Perdón! ―exclamo el doctor apenado, luego de ver el rostro de la chica. ― ¡Está bien! Solo te pido que no lo vuelvas hacer ―subrayo la chica―. Para mí eres un gran amigo el cual estimo y quiero mucho. Las palabras de Lina no sorprendieron a Pablo, porque entendía que de la noche a la mañana ella le correspondiera, así que a partir de ahora lo que iba a hacer era ganarse su cariño para luego expresarle su amor. Lina no podía negar, lo guapo que era el doctor, ya que desde que lo conoció le llamo la atención. Flashback ― ¡Iré por un café Ròse! Necesito que estés pendiente por si llega a despertar ―informo Lina abriendo la puerta de la habitación donde se encontraba su mamá. ―Tranquila, estaré muy al pendiente. Lina caminaba por los largos pasillos de aquella clínica, llego al cafetín y pidió dos cafés para llevar. Cuando le dieron el café se marchó de inmediato, puesto que necesitaba hablar con ella de lo ocurrido. Iba casi trotando, con un café en cada mano y por ir distraída en la llamada que le entro a su teléfono, no se percató que al pasar la puerta venía un doctor, derramando así el líquido caliente sobre su humanidad. ― ¡Quema, quema! ―grito el doctor al sentir lo caliente del líquido. ― ¡Perdón, perdón, perdón! ―exclamo avergonzada al ver lo que había hecho. El doctor ingresó inmediatamente al cafetín, necesitaba quitarse la ropa y lavarse. Lina siguió al médico apenada. Cuando estuvo adentro fue directo al baño y se quitó la ropa, luego empezó a echarse agua. ― ¿Le puedo ayudar en algo? ―pregunto la chica quien se encontraba afuera. El doctor se sorprendió al escucharla. ―Que tenga más cuidado a la hora de caminar con dos cafés calientes. ― ¡Lo siento! ―reitero avergonzada. ― ¡Tranquila! A cualquiera le puede pasar ―comento el doctor saliendo del baño con el torso desnudo. Lina quedó viéndolo embobada, por inercia se mordió el labio inferior al ver aquel hombre esculpido por los mismos dioses. El doctor sonrió al ver que ella no reaccionaba. ― ¿Te gusta lo que ves? ―inquirió arqueando una ceja y viéndola a los ojos. Lina apartó los ojos de inmediato con un leve rubor en sus mejías, en ese momento deseo que la tragara la tierra, encima que le derramo el café, la descubre viéndolo. El doctor Ramírez se colocó su bata y camino hacia la salida. ― ¡Espere! El médico detuvo su caminar. ―Nuevamente, le pido disculpa por lo ocurrido ―Expreso Lina avergonzada. ―Fue un accidente, tranquila ―dijo el doctor girándose para quedar frente a la chica. ―Pablo Ramírez ―se presentó extendiéndole la mano. ―Lina Vázquez, un gusto ―respondió dándole la mano. Fin del flashback ―Si quieres dejamos el entrenamiento otro día ―sugirió el médico al ver a la chica perdida en sus pensamientos. ― ¡No! Solo estaba pensando en mi madre y lo difícil que será llevarla a un psicólogo ―mintió, por ningún motivo le contaría que estaba recordando el día que lo conoció y que se lo comió con la mirada. El médico asintió. Siguieron entrenando durante media hora más, después fueron a los vestidores, se dieron un baño y luego salieron ya cambiados. ―Vamos, te invito a un helado, luego te llevo a conocer un amigo que es psicólogo y que estoy seguro podrá ayudar a tu madre ―propuso Pablo con su bolso en mano y apuntando hacia la salida. ―Está bien, vamos ―dijo Lina caminando hacia salida. Mauricio, el amigo de Pablo, era un psicólogo muy reconocido, después que su madre sufriera de ataques de ansiedad y nervios a causa de los maltratos físicos y psicológicos por parte de su esposo, un millonario prepotente que se acostaba con cuanta mujer se le ponía en frente. Luego que Mauricio terminara su carrera en Italia, regreso a Los Ángeles y fue cuando se enteró de los maltratos que sufría su mamá por parte de su papá, como su mamá no quiso denunciarlo, solo le advirtió que no volviera a aparecer en sus vidas, dado que si lo hacía, esta vez sí lo pondría tras las rejas. Con lo que obtuvo del divorcio más el dinero que tenía, Mauricio abrieron NUEVA VIDA, una fundación donde principal objetivo era representar, defender y prestar apoyo a mujeres víctimas y supervivientes de violencia de género y a sus hijos. También trabaja por la dignidad, defensa de los derechos y el empoderamiento social de las mujeres. Cuando llegaron a Ice Cream, la heladería que se encontraba en el centro de la ciudad, Lina se bajó emocionada, pues tenía mucho tiempo de no probar un helado. Cuando estuvieron frente al mostrador ella pidió uno de vainilla con chispas de chocolate y el médico uno de ron con pasas, luego se fueron sentar a una mesa que estaba contiguo a la ventana donde se podía observar las personas y los carros que transitaban. ―Gracias por el helado ―comento Lina, después que salieran del local. ―Tranquila. Ahora te llevaré a NUEVA VIDA la fundación de mi buen amigo Mauricio ―anuncio abriéndole la puerta del auto para que entrara. Pablo condujo a una velocidad considerada por la carretera, cuando llegaron Lina se sorprendió al ver lo bonito que se veía el lugar. Bajaron y se adentraron al sitio, el doctor empezó a darle un recorrido y luego fue a la oficina de su amigo. Mientras tanto, en el casino Maximiliano se cargaba un humor de perros, ya que la mercancía que esperaba proveniente de Colombia, habían perdido comunicación y ya llevaban una hora de retraso. Tristán había intentado comunicación por la otra línea alterna, pero a esta tampoco respondían; pasaron una media hora cuando Max recibió una llamada que lo altero más de lo que ya estaba. ― ¿Cómo que la guardia costera? ―grito el mafioso enfurecido. El mafioso siguió hablado, pero esta vez lo hizo en ruso. ―Llámame a Spencer Jones ―pidió luego de finalizar la llamada. Spencer Jones, era el jefe mayor de la policía de Los Ángeles, un policía corrupto que había hecho un acuerdo de silencio a cambio de mucho dinero. Tristán asintió sin decir nada. Entendía el reaccionar de su amigo, pues no solo era la cantidad de droga que se transportaba, sino la calidad y demás mercancía importante que traía. Max abre una cajetilla de cigarro para empezar a fumar, pues es lo único que lo hace mantener la calma en situaciones como esa. ―Está en la línea ―comunico señalando el teléfono que estaba en el otro escritorio. ―Si no alejas a tu gente de mi mercancía, me olvidaré del acuerdo y esta misma noche tú y tu hermosa familia no vivirán para contarlo ―amenaza furioso, luego cuelga la llamada sin esperar respuesta alguna. Maximiliano camina de un lado a otro, está rojo, casi echando humo por las orejas. ― ¡Maldito, hijo de puta! Más le vale que mi mercancía esté completa y en buen estado. Max da la última calada a su cigarrillo para luego tirarlo al cenicero. ―Avísale a Bob que reúna a todos los hombres, yo mismo iré a recibir la mercancía ―comunico tomando su arma. Tristán arqueó una ceja. ―Quiero todo listo para el sábado ―exigió caminando hacia la puerta. El sábado en el casino se haría un evento para promocionar la velada boxística que se realizaría para celebrar el aniversario del casino Royal. ― ¡Ah! Y que no se te olvide que mañana quiero a primera hora el expediente de la chica, sin errores ―advirtió saliendo de la oficina. Tristán resopló, a veces no soportaba el carácter de su amigo, pero a pesar de todo estaba muy agradecido, ya que si no fuera por él ya se hubiera muerto en aquel lugar donde Max lo rescato, en otras palabras le debía su vida. ― ¿Cuál es el costo de la mensualidad para internarla en este sitio? ―pregunto Lina, luego de enterarse de todas las cosas a las que su madre tendría acceso. Mauricio le había explicado a Lina que su mamá ameritaba ser ingresada de inmediato en la fundación debido a sus problemas psicológicos. ―Es una fundación, por lo tanto, no se cobra ni un centavo ―explico el joven psicólogo. Lina asintió emocionada. ―Eso sí, tienes que comprometerte a estar con ella en cada paso que dé, no dejarla sola. El psicólogo buscó entre las gavetas de su escritorio unos panfletos y se los entregó a la chica. ―Gracias, prometo estar muy al pendiente de ella ―dijo levantándose de la silla. ―Está bien, avísanos unos días antes para tener todo listo cuando ingrese tu mamá. Lina asintió, se despidió del psicólogo y luego salió de la oficina con su amigo, el doctor. Llego emocionada a la clínica donde se encontraba Ròse y Lalo, se acercó a ellos y empezó a contarle sobre la fundación donde ingresaría a su mamá.
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