Cuando Maximiliano vio a la chica, supo que era el momento indicado para pedirle disculpa e iniciar con su plan de conquista. En cambio, Lina quería que en ese momento la tierra se la tragara, jamás pensó volverse a encontrar al engreído y sobre todo pedirle un favor después de cómo lo trato, pero en su defensa diría que se lo merecía por imbécil.
―Hola ―respondió sonriendo, ya estaba ahí y no se iba a echar para atrás, necesitaba el dinero.
―Yo los dejo solo, tengo otros asuntos que atender ― informo Tristán, saliendo de la oficina, pero antes de salir le guiño un ojo a su amigo.
―Maximiliano Kozlov ―dijo tendiéndole la mano.
―Lina Vázquez ―respondió dándole la mano.
Max sintió las manos suaves de la chica.
―Un gusto en conocer a tan bella dama.
Sus miradas se conectaron y la chica solo sonrió.
― ¡Siéntate! ―dijo señalando con la mano la silla que tenía al frente.
Lina tomó asiento bajo la atenta mirada del hombre.
―Antes de hablar del asunto que te trajo a esta oficina, quiero pedirte disculpa por cómo te trate el otro día, a veces tanto alcohol en mi organismo me hace perder la razón y la cordura ―explico fingiendo estar apenado.
Lina, entre cerro los ojos, no se tragó ese cuento, pero si él le estaba pidiendo disculpa se las aceptaría, puesto que lo más importante en ese momento era conseguir el dinero.
―Entiendo y acepto su disculpa, el alcohol pone más menso a los hombres de lo que ya son ―dijo sonriendo.
Max arqueó una ceja, no le respondería a ese insulto, por el momento necesitaba mostrarse gentil con ella. Esta chica no tiene pelos en la lengua… ¡Me encanta! Pensó.
―Ya aceptadas mi disculpa, dígame ¿Qué es lo que necesita? ―pregunto sentándose en su silla reclinable de cuero.
A Lina se le hizo extraño que no le contestara el agravio, pero no le tomo más importancia.
―Mi mamá tuvo un accidente y necesitaba saber si me podía dar parte del pago de la pelea, ya que me toca pagar la cuenta de la clínica porque dentro de unos días será dada de alta ―explico sin más preámbulo.
― ¡Claro!... ¿Cuánto necesitas? ―pregunto buscando su chequera de entre los cajones de su escritorio de madera.
La chica arqueó una ceja, al ver que él cedió rápido ante su pedido, con eso dio por sentado que algo traía entre manos.
― ¿Con esto suficiente? ― subrayo mostrándole el cheque.
La chica abrió los ojos como y levanto ambas cejas al ver la cantidad reflejada en el pequeño papel.
―Con un tercio de esa cantidad suficiente.
Lina se sentía incómoda encerrada en la oficina con aquel hombre extraño, porque eso era para ella un extraño que solo había visto una vez y el encuentro no había sido el más grato. El hombre le volvió a dar el cheque eta vez con una cantidad más moderada, según él.
― ¡Muchas gracias! ―dijo Lina tomando el papel y levantándose de la silla.
Antes de que la chica saliera de la oficina, Max le hablo.
―Puedes contar conmigo para lo que sea ―dijo sonriendo.
Lina solo asintió, luego salió de la oficina a toda prisa. Cuando estuvo afuera Lina exhaló varias veces tratando de calmar su acelerado corazón, después se dirigió al salón donde se realizaría la ceremonia de pesaje.
Apenas Tristán estuvo fuera de la oficina de su amigo, fue a buscar a la chica que tanto había llamado su atención, la diviso a pocos metros y de inmediato se acercó.
― ¡Hola! ―saludo nuevamente mirándola a los ojos.
―Hola ―respondió tímidamente apartando la mirada.
― ¿Así que tú también boxeas? ―pregunto apenado al ver que era obvio.
El nerviosismo que estaba sintiendo Tristán no lo dejaba actuar normal, cada segundo miraba su reloj de mano y luego observaba a todos lados.
―Si, ¿quieres tomar algo? ―pregunto Ròse tratando de aligerar el ambiente, pues lo había notado nervioso.
Tristán tomó valor y empezó a escanear la figura de la chica que tanto llamaba su atención. Le gustaba lo que veía y ahora entendía su actuar, no era como las modelos que acostumbra ver en el casino, era pequeña de estatura, pero hermosa, senos pequeños y una cintura apenas definida. Unos labios carnosos que daban ganas de morderlos y esos bellos ojos grisáceos que tanto llamaban la atención.
― ¡Claro! ―respondió haciéndole señas con la mano a unos de los meseros para que se acercara con las bebidas que andaba ofreciendo. Cuando el mesero llego Tristán tomo una de las bebidas.
―Yo quiero un té verde helado ―menciono Ròse al ver que el mesero solo llevaba tequilas.
―Enseguida se lo traigo ―dijo el mesero retirándose.
― ¿Así que tú trabajas aquí? ―pregunto observándolo.
Ròse no podía creer que estuviera hablando con semejante escultura de hombre, esa hermosa sonrisa que cada cuanto le regalaba y esa barba que lo hacía ver más sexi.
―Sí, soy asistente personal por si decirlo de Maximiliano, el dueño de este y la mayoría de los casinos de la ciudad ―contesto dándole un trago a su tequila.
―Por tu acento puedo asegurar que no eres de acá ―comento la chica entre cerrando los ojos.
―No, soy Italiano ―aclaro con una leve sonrisa.
Tristán sacó una cajetilla de cigarros de su bolsillo, tomo uno de los cigarros y se lo coloco en la boca, eso era lo único que lograba calmar sus nervios.
―Entonces vives aquí con tu familia ―quiso saber ella.
El mesero llegó con bebida y enseguida se la dio, luego se retiró.
--Vivo solo, mi mamá, mi papá y hermanos aún viven en Italia ―aclaro enseguida, quería que supiera que era soltero.
A Ròse le gusto escuchar eso. Debes en cuando daba sorbos a su bebida.
― ¿Y tú? ―pregunto interesado en saber su situación sentimental.
―Vivo con mi hermano en un pequeño departamento cerca del gimnasio donde entrenamos con Lina ―explico acomodándose el cabello con la mano izquierda.
Tanto Ròse como Tristán eran personas poco sociables, no se involucraban así por así en una relación. Eran de las que les gustaba ganarse las cosas con su propio esfuerzo.
Dieron aviso por los micrófonos que pronto iniciaría la ceremonia.
―Me tengo que ir, Lalo debe estar buscándome ―dijo la chica caminando hacia donde se suponía estaba Lina.
― ¡Espera! ―dijo tomándola del ante brazo― ¿Quieres salir a tomar un café uno de estos días? ―pregunto con una mirada esperanzadora.
― ¿Es una invitación? ―pregunto arqueando una ceja y un brillo en su mirada.
Tristán asintió, luego soltó su brazo.
―Te parece mañana a las tres de la tarde.
Tristán jamás había sentido tanta emoción al recibir una respuesta.
―Dame tu número para saber dónde te puedo pasar a recoger mañana ―pidió emocionado dándole su teléfono para que guardara su número.
Ròse tomo el teléfono y luego de escribir su número se lo devolvió.
―Ese es el mío ―indico luego de marcarle al número de la chica para que lo registrara.
Cada quien tomo caminos diferentes después de despedirse con un cálido apretón de mano.
Después que Lina salió de oficina, Maximiliano fue al minibar que estaba al lado izquierdo de su oficina, tomo una copa de whisky y nuevamente se sentó. En cada trago que daba analizaba su siguiente jugada, sabía que la chica era de armas tomar y que no caería tan fácil, pero no imposible, por eso analizaba cautelosamente su siguiente paso.
Salió de la oficina rumbo al lugar donde sería la ceremonia de pesaje, diviso a lo largo a su amigo, quien le debía una explicación acerca de la identidad de la chica. Se acercó a pasos ligeros y con la mano derecha le dio un zape en la cabeza.
― ¿Por qué no me dijiste la identidad de la chica si ya sabias cabrón? ―pregunto con fingida molestia.
―Te dejé el expediente de la chica en tu escritorio, no es mi problema que no lo hayas revisado ―respondió encogiéndose de hombros.
Maximiliano le lanzo una mirada asesina.
―Está bien… se me paso por alto. Pagaría por volver a ver la cara que pusiste al ver a la chica ―comento con una sonrisa burlona.
―Agradece que estamos entre tanta gente si no te pegaría un tiro entre ceja y ceja por burlarte de tu jefe ―sentencio con una sonrisa maliciosa.
―Olvidemos eso y concentrémonos en el evento que te dejara miles de dólares ―aseguro con obviedad.
Tristán hizo señas a uno de los meseros para que les llevara unas bebidas. Mientras tomaban de su tequila observaron cómo subió la primera chica a la báscula dando con el peso establecido, todos aplaudieron, en especial Tristán, ya que se trataba de Ròse. Maximiliano de inmediato vio el interés de su amigo en la chica y empezó a molestarlo con bromas que solo ellos como viejos amigos sabían darse.
Le tocó el turno Lina de subirse a la báscula y todos empezaron aplaudir, pues era muy reconocida; al igual que su amiga dio con el peso y todos volvieron a aplaudir. Ambas contrincantes se vieron cara a cara y la diferencia de estatura entre ellas fue notable, Lina era la más alta y con mayor experiencia.
Maximiliano miraba maravillado a la chica que lo había insultado más de una vez, pero eso no le importó porque sabía que pronto tendría su merecido, no meramente en otra cosa sino en la cama.
Lina vio a lo lejos a Maximiliano y sus miradas se cruzaron, observándolo bien, la chica logro ver bien lo apuesto y sexi que era aquel hombre engreído, como las mujeres que tenía a su alrededor se lo comían con la mirada; Lina bajo del lugar bajo la atenta mirada de Maximiliano, luego se perdió de entre la gente.
Ambos amigos caminaron en busca de las chicas boxeadoras, cuando las encontraron pudo verse en sus miradas un brillo especial.