1. LA LUZ DEL DESASTRE.

2098 Words
Narra Keyra World Bajo un pesante dolor de cuerpo, abrí mis ojos lentamente. «¿Y esa luz tan resplandeciente a lo lejos? ¿Será que ya estoy por morir? No veo ni siento mis piernas, pero es como si tuviera la posibilidad de avanzar.» Opto por aproximarme a esa sofocante luz. Alzo la mano, como si eso me ayudara a apresurarme. Sin embargo, es en vano, cada vez se aleja más. «¿Qué está pasando? ¿es un sueño o es real? En definitivo no se siente nada bien.» Todo improvisamente se vuelve borroso de nuevo… y creo que no tengo fuerzas para luchar más. *** Un brusco movimiento junto olores extraños, me hizo despertar de mi profundo sueño. Me sentía fatal, todo me daba vueltas. Los mareos no me dejaban tranquila... Se escuchaban muchos rumores. Como si tantas personas en pánico estuviéramos en una sola habitación. «Esto no es un sueño ni tampoco estoy muerta. Es real.» pensé sosteniéndome de la cabeza, mientras probaba alzarme con dificultad. El lugar donde me encontraba echada era frío y húmedo. Era claro que no me encontraba en mi habitación. Con lentitud logré finalmente sentarme. Traté de ignorar el dolor de cabeza que me fastidiaba a morir. Inicie a observar todo a mi alrededor. Debido a que recién me despertaba veía un poco borroso, por eso pestañé tantas veces como pude para poder reaccionar de mi atontamiento. Una vez que se aclaró mi vista, pude detallar con más precisión lo que sucedía. La sorpresa me invadió cuando me di cuenta de donde me encontraba. O para ser realista, no la sorpresa, si no el terror. El terror carcomió cada espacio de mi ser al constatar lo que detallaban mis ojos. Era espantoso lo que pasaba en ese instante. Yo… yo prácticamente estaba dentro de un tipo de jaula enorme, como si de un animal tratase. No podía estar pasando algo así. ¡No lo comprendía! —¿Por qué estoy encerrada dentro de estas barras de hierro? —apenas susurré confundida. Demasiado nerviosa me asomé a esas barras heladas y terminé de darme cuenta de que no era la única. Podía distinguir también varias jaulas iguales a la mía. «¡Dios mío!» grité en mis adentros, cubriéndome por completo la boca. Debía ser una pesadilla. ¡Una horrible pesadilla! Las lágrimas salieron de inmediato. Como era de esperarse, comencé a llorar desconsoladamente. Estaba en completo shock. A los minutos, después de haber tomado un poco de calma. Suspiré y me acerqué de nuevo a las barras. Presioné mi rostro entre ellas. Mi cuerpo temblaba, pero tenia que buscar respuestas. El lugar no se veía tan claro. Pero podía ver que eran jaulas donde cómodamente cabía una sola persona. Volviendo en mí, inicié a prestar más atención a los sonidos que se sentía ligeramente dentro de la oscuridad. Escuchaba lamentos, sollozos de resignación. Ya sea, niños, hombres o solo mujeres, estábamos siendo tratadas muy inhumanamente. Había movimientos. Movimientos de todo el lugar. Podía sacar la conclusión que no estábamos sobre tierra. El olor a mar y peces en descomposición, me confirmaban que nos llevaban en una especie de contenedor; en uno muy grande por supuesto. No sabía a donde íbamos, pero esa barca seguramente tendría un horrible destino. Después de pensar tanto respecto a lo que debería de hacer, decidí hablar. Pensé que alguna de ellas acudiría a mi auxilio, o al menos me daría alguna respuesta del porque estábamos de esta forma horrenda. —Po… por favor—finalmente pronuncié palabras—. ¡Alguien respóndame! En efecto, nadie respondía. El silencio de ellas o ellos me iban poniendo más nerviosa. De pronto, después de varios gritos exigiendo respuestas, de la jaula que se encontraba exactamente en frente mío, apareció alguien asomándose por delante de la densa oscuridad. Era una chica muy joven. Era una jovencita de cabello corto de más o menos mi edad. Por la poca contra luz del lugar, podía distinguir sus ropas desgarradas y en muy mala condición. Parecía que la habían golpeado con tanta brutalidad, que los moretones que la rodeaban eran del color casi n***o. Tenía una cara seria, amargada, pero a la vez muy desconsolada. Su mirada era totalmente fría, sin color de vida. Dudé si decirle algo, estaba impresionada de su estado. Sin embargo, debía actuar fuerte antes de entrar en más pánico y no obtener nada de ella. La chica se encontraba en la misma situación que yo. Y, tal vez, ella sí sabía que era lo que nos estaba pasando. Necesitaba respuestas. —Disculpa... —proseguí. Apreté mis manos en los fierros—. Puedo… ¿Puedo hablar contigo? La chica realizó una media sonrisa irónica y me mostró sus enormes ojos blancos, después de hacerlos girar antipáticamente. —¡Lo que me faltaba! —se quejó más para ella que para mí. Aquello no me importó, yo seguí. —Escucha… no entiendo. No entiendo que sucede y no sé qué hago aquí. ¿Sabes dónde nos encontramos? —pregunté—. ¿Qué quieren hacer con nosotras? La chica sin ningún remordimiento me mostró un chasquido de fastidio. Se cruzó de brazos y giró su rostro a un lado. —¿Me ves lo suficientemente amigable, como para responderte? Pregúntale a alguien más. Era claro que no quería hablarme. Mi corazón se llenó de más angustia, entonces inicié a sollozar con impotencia. Obviamente era una niña muy asustada. –Yo, solo..., solo quiero saber que sucede. —Lloré, lloré desconsolada. No podía ocultar mis nervios. A los minutos de que la desconocida escuchara mi pesar, regresó al improviso su mirada en mí. No dijo nada para calmarme, solo comenzó lentamente a analizarme con la mirada. Contemplaba, al parecer, mi vestimenta. Estaban un poco sucias, pero se podían distinguir que eran finas y de prestigiosas marcas. Ella arrugo su entrecejo y rápidamente balbuceo señalándome con el dedo. –Espera... ¡Tú! ¡Tú eres una de las nuevas! —dijo en tono burlón—. ¿Verdad, que sí? ¡Claro! ¡la riquilla! Tanto fue su simpleza y tranquilidad que automáticamente su actitud me distrajo de mi lamento. —¡Impresionante! —exclamó luego de una risita sarcástica—. Obviamente eres diferente y especial comparándote con nosotras, pero no te tratan como tal. ¡¿Eh?! Al parecer aquí eres una simple mortal, principesa. Me quedé mirándola. No comprendía su actitud relajada. Y peor no me salían las palabras para afrontar sus burlas. —Escuché a los idiotas esos hablar de ti. ¿Sabes? Incluso vi cuando te traían desmayada en la camioneta que nos metieron a todas. Por un momento reaccionaste y luego te desmayaste otra vez. Obviamente estabas bajo los efectos de las drogas. —¿Drogas? —Sí. Es por eso por lo que no has podido reaccionar adecuadamente hasta tu llegada. Si estás despierta ahora, es porque ya pasaron los efectos. —¿Dro-drogas? —repetí desconcertada. —¿A tu edad nunca has consumido alguna? —No. Es por eso por lo que siento aún el cuerpo entumecido. Esto, esto... no se siente nada bien. Me sentía muy disturbada. Comencé a imaginar que tipo de cosas me han podido hacer, o, mejor dicho: Me hicieron. La chica pese mi disturbo, derramó una carcajada. —Inicia acostumbrándote querida, porque esto te lo harán siempre. Como a cada una de las que ves aquí. —¿Qué? La joven solo sonrió intensificando su frialdad, luego se asomó más a las rejas para verme con firmeza a la cara. —Veo que eres una chica con un perfil refinado. Mmm… eres delgada, pero demasiado atractiva y de aspecto delicado. Tienes una mirada única y tímida; señal de pureza. Te sacarán provecho al máximo. ¡Ya verás! Tom no perdona a nadie. Eres una joya. Te dará al mejor postor. —¿Postor? —repliqué con angustia, ella solo asintió. —Qué lástima que hayas terminado aquí, pronto acabarás como todas. Lo lamento por tu familia y más por ti, porque después de todo lo que te obligarán a hacer ya nada de tu vida tendrá sentido. Tú ya no serás dueña de ti misma y lo único que querrás es morir en este puto lugar, sin poder volver a ver a los tuyos. Sus palabras eran tan duras, pero a la vez con mucho pesar. —La has pasado muy mal aquí ¿Cierto? —me atreví a decir. Aunque su tono era áspero sentía que hablaba propio de sí misma—, pero al menos en esta terrible situación de mi vida, quisiera decir al menos "Pobre mi familia". No lo diré. En mi caso no es así. En casa nadie me espera. Estoy segura de que ni se preocuparán por mí. No… —Suspiré—. Eso es más que seguro. Ella solo me miró con gran desasosiego y se giró viendo a otra parte mostrando su clara incomodidad. Con sentimientos y pensamientos encontrados, seguí mi relato deprimente. –… Sin embargo, es verdad, provengo de una familia adinerada, pero ¿de qué vale todo eso?, si estoy completamente sola. Y también, cabe recalcar, que tampoco soy dueña de mí misma. Soy huérfana y sin amigos. Tengo muchos miedos debido a la forma de crianza que tuvo mi tío conmigo. —Tomé un poco de aire, mientras ella mostraba la misma expresión—. Pese de que él exista, literal, siempre estoy en mi soledad, quizás por eso fui un punto fácil para que me secuestraran. —¡Ja! —realizó una risita. —¿Sabes?, también tuve un sentimiento parecido con la muerte, así como tú. Sinceramente mi vida no es tan maravillosa. Tengo mi propio infierno, aunque no sea exactamente igual como el de ustedes, pero día a día lo he sobrevivido. Un silencio nos invadió a ambas. Yo por la vergüenza de mi vida y ella, al parecer, porque quedó un poco impresionada de lo que le contaba. Ella, a los segundos, carraspeó recomponiéndose y luego tornó a esa cara de burla. —Pff… es cierto que tienes tu propio mundo, pero al final no puedes compararte a ser una esclava de nuestra posición. Siempre has tenido todo. Nunca has sufrido de las cosas primordiales, como hambre, enfermedades, frío, etc. ¡Dios mío! ¡Ja! que importa sufrir si te pudres en plata y después puedes hacer lo que deseas. —No es así… —Ay… basta niña. Fuera de tu historia de telenovela trágica, me queda la duda de una cosa. Imagino que siendo tú tan rica y con alta seguridad de por medio. ¿Qué podría ser tu tío para que puedan secuestrar a su querida sobrina de todos modos? ¿Y la traigan a este tipo de lugar? —No entiendo... Era una pregunta que salía de la nada. Pero aquello me disturbó más. —Es obvio que hay algo turbio en todo esto. Es la primera vez que veo que traen a alguien de una posición alta. Es un hecho que corren riesgo, pero aun así lo hicieron. —La chica reflexionaba como si de un caso importante se tratase. Al momento no había pensado en nada, pero luego de eso, mi cabeza se iba llenando de más preguntas sin respuestas—. Creo que estás en medio de un conflicto entre ellos. Por lo que pude entender, los jefes están en guerra con otra mafia. ¿Quizás esa mafia será tu familia? —¿Mafia, dices? Yo que puedo centrar en todo esto. Claro, somos de dinero, pero no creo que mi tío sea un mafioso. Nunca he visto algo fuera de lo normal en mi familia. —¡Jaa! ¡que ingenua! para mí esa es la suposición más cercana, porque en realidad, no tendría caso que se metan en problemas y te traigan aquí solo por gusto. —No, no lo sé… —susurré. Todo estaba demasiado confuso para mí. –¡Tss!, se nota que no sabes nada. ¡Eres tonta! Mientras estábamos con nuestra charla, un hombre con un idioma que no podía reconocer pasó a lo lejos golpeando las jaulas, como tratando de silenciarnos. Las dos nos quedamos pasmadas. Solo pasó y desapareció. Yo, comencé a recordar de la gravedad del problema. —No-nosotras ¿Qué hacemos aquí? —¿Tu mundo era de rosas cierto? ¿Acaso no sacas tu conclusión después de todo lo que hemos hablado? Todas somos propiedad de la mafia, es claro. Específicamente somos el producto de ellos. Somos víctimas del trato de blancas.
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