Advertencia de contenido: Incesto. El invierno ha llegado, cada perímetro de aquella ostentosa y casi deshabitada mansión estaba cubierta por una delgada manta color blanco puro. El frío yermo congela mi cuerpo y cruzo mis piernas, dejando aquella carta recién abierta sobre el buró para tomar mi taza de té y admirar fijamente aquel cuadro que era el único en esta habitación, un silencioso cuadro en el que se plasmó la figura delgada y un poco triste de un chico con la mirada perdida en una ventana mientras el mismo invierno congelaba su cuerpo. *** — ¡¿HAY ALGO QUE SIGUIERA PUEDAN HACER BIEN?! —grita con histeria mi madre. Estaba de rodillas frente a la chimenea con la cabeza baja y las manos caídas sobre mis muslos. A mi lado, mi hermano hipaba y lloraba cual bebé, sosteniendo en sus

