Solo tuvo que oprimir el condenado botón del timbre para que inmediatamente saliera a su encuentro la profesora Thompson. Ella estaba con su habitual peinado de una coleta y cabello bien estirado, tanto que sus ojos se le rasgaban, sus anteojos rectangulares, el ceño fruncido y sus labios formados en una dura línea. Norman, pensó que ella no sabía sonreír. Y se preguntó ¿si alguna vez ella había sido joven?
Eran las ocho de la noche como ella dijo, entonces se preguntó, por qué se notaba tan furiosa. Tarde no había llegado.
—Pase —dijo secamente haciéndose a un lado para darle el paso a él.
Cuando entró no sabía qué esperar de su departamento, pero nunca imaginó que se vería limpio e inmaculado, también notó que le gustaba el billar. La profesora, tenía una mesa de billar en su sala. Ladeó la cabeza un poco cuando vio un cuadro con la imagen desnuda de una chica. Y entonces… sus ojos inevitablemente buscaron lentamente a su profesora que estaba en el minibar, sirviéndose una copa de whisky. Levantó una ceja, asombrado de que ella tuviera unos gustos culposos bastantes peculiares. Y como si ella le hubiera leído la mente se giró y lo miró como solía mirar a los alumnos que se atreven a alzar su voz mientras ella repartía su catedra.
—Siéntese —dijo entre dientes—. ¿Quiere algo de beber?
Y sin darle tiempo a una respuesta, se giró para darle la espalda y él vio cómo se masajeaba la sien con la punta de sus dos dedos. Mientras que susurraba para sí misma: ¿Si quiera tiene edad para beber? Y luego se acabó su bebida de un solo trago.
—No, muchas gracias —dijo Daniel mientras que tomaba asiento en el sofá.
Bueno hasta ahora había encontrado qué, a su profesora, le gustaba el billar —nunca lo pensó viniendo de una persona cuya imagen era la de la rectitud y pulcritud, esos juegos suelen aprenderse en sitios no de muy buen ver; mucho menos para una mujer. Supuso que después de todo si fue joven alguna vez hace mucho tiempo—. Otra cosa que descubrió era que le gustaban las mujeres desnudas, se dijo que tal vez por eso era tan cruel y amargada, ella era lesbiana y no había salido del closet, ante su familia y seguramente era la hija perfecta. Ahora iba entendiendo todo… Por eso el novió comprado. Luego su forma de beber tan brutal. Él no aguantaba ni siquiera dos cervezas y sin embargo ella… Puff ya iba por la segunda.
La profesora Thompson, caminó hacia la sala y se sentó en el sillón frente a él. Cruzó una pierna, con la seguridad de que Norman no le vería nada más que la tela de su falda larga y recta; con una mano sostenía su bebida y la otra estaba descansando sobre la orilla del respaldo.
Ella lo miraba atentamente por arriba de sus anteojos. Se habían bajado un poco por lo que si ella inclinaba la cabeza sus ojos lo podían ver directamente, si la elevaba lo vería a través del lente. Daniel Norman notó que sus ojos eran más aterradores cuando estaban desnudos de los anteojos. Su mirada… verde era intensa, dura, cruel. Ella sin duda alguna era un depredador.
¿Estaba intimidado?
Norman se dio cuenta de que nervioso si estaba, pero no intimidado.
—Desnúdese —ella ordenó.
Daniel Norman parpadeó, sin creer haber escuchado correctamente.
—¿Disculpe?
—Si quiere el trabajo, tendrá que pasar por la mirada de mi padre. Él intentará acabarlo, humillarlo. No haré el ridículo con mi familia llevando a casa a un niño llorón. Desnúdese Norman, porque mi padre te mirará como a una cucaracha rastrera, te preguntará tu profesión, tu procedencia y luego se burlará de ti. Te hará la vida imposible. Así que antes de continuar con esto, debe saber a que atenerse, debe estar seguro de que quiere el empleo.
Norman asintió. Pero antes de hacer nada:
—Si me quedo con el empleo quiero el trato por escrito.
Ella asintió… y luego declaró con voz sería:
—Quiero un contrato de confidencialidad.
—Yo también, señorita Thompson —la había llamado como señorita en lugar de profesora, porque en ese momento no era su profesora. Si la pensaba como su tutora… no podría desnudarse.
Norman se quitó la chaqueta, luego comenzó a desabotonar la camisa botón por botón, su mirada nunca abandonó la mirada retadora de la mujer sentada frente a él. Se sacó la camisa y luego la playera blanca. Sus manos viajaron hasta su cinturón el cual desabrochó y zafó de la cintura del pantalón. Lo jaló de un golpe y con fuerza, como si él fuera a quitarse el cinturón para azotar a la chica malcriada. ¡Ah! De pronto le habían dado ganas de azotarla con el cinturón una y otra vez. La vio relamerse los labios y llevarse la bebida a la boca. Ella dio un trago grande. Pero continúo mirándolo a los ojos.
Desabrochó el botón de su pantalón y lentamente bajó la cremallera. Ella comenzó a bajar la vista, primero por su cuello, luego vio su pecho y ella entreabrió los labios. Bajó hasta su abdomen y luego miró sus manos comenzar a bajar el pantalón.
—Es suficiente —dijo ella con voz extrañamente ronca. Norman pensó que era debido al whisky—. Puede vestirse.
Ella se puso de pie y caminó hasta su bar, pero antes la vio abrir sus fosas nasales, ella lo había olido al pasar y después torció la boca. Y mientras ella le daba la espalda Norman se olió a si mismo. Todavía olía bien. Pensó que tal vez le había molestado su perfume.
Norman se sentó de nuevo en el sofá y esperó a que ella se uniera a él.
Luego de que ella se bebiera dos tragos frente a su botella, caminó de regreso a su encuentro. Se sentó y comenzó a decirle de lo que trataba el dichoso trabajo.
—Es evidente que usted no se intimida fácilmente. Siempre que no se le agarre con la guardia baja, ¿verdad?
Norman asintió.
—El trabajo es simple, usted será mi novio el cual está, perdidamente enamorado de mí. Vendrá todos los días a mi departamento, deberé adiestrarlo…
Y ahí estaba ella hablando de tonterías, siempre queriéndolo pisar.
—Disculpe, señorita… ¿me va a qué?
—¿Sabe comer con los cubiertos?
—No como la carne con las manos… Ni que fuera un cavernícola.
Daniel quería gritarle que era una bruja snob.
—¿Conoce todos los cubiertos? ¿Ha siquiera asistido a un restaurante en el que su comida no tenga un costo de 2 dólares? ¿Ha bebido Champan? ¿Qué sabe de arte?, ¿De pintura, de escultura, de arqueología? ¿Sabe algo de política? ¿Sabe cuál es mi color favorito, mi comida favorita? ¿Si quiera tenemos fotos juntos?
—Ya entendí. Pero no me diga que me entrenará como si yo fuera un perro.
—Usted es un buen alumno, Daniel Norman. No le pondré la correa —dijo ella antes de carraspear—. A menos que quiera —murmuró lo ultimo.
Norman achicó los ojos, porque le pareció que ella le hizo una insinuación s****l. Pero no estaba seguro, así que ignoró lo último. Ella era sin duda una mujer extremadamente extraña.
Ahora, ella se colocó frene a Norman y volvió a ordenarle.
—Póngase de pie…
Norman era un hombre alto. Tal vez de 1.90 centímetros. Ella medía 1.70 centímetros. Cando verificó la altura de Norman…
—Espere aquí.
Daniel, comenzaba a pensar en mejor retractarse. Ella no desquiciaba. Pero el sonido del taconeo le dijo a Norman que llevaba zapatos altos, ella se había cambiado de zapatos, intentó recordar si alguna vez se había fijado en el tipo de zapatos que usaba y no, nunca se fijó en eso. Una vez estuvo de nuevo frente a él. Norman y ella ya podían mirarse a los ojos.
—Béseme, como si fuera la mujer de su vida, la mujer que más ama en el mundo —ordenó ella.
Norman levantó una ceja… Preguntándose si podría hacerlo.
—Si no hay química, señor Norman, no hay trato. Mi hermana va a…
Y, entonces, él rodó los ojos ya cansado de que ella lo tomara siempre con la guardia baja. Cansado de tomarse las cosas como si ella realmente quisiera tener algo físico con el porque le gustaba. Así que se obligó a pensar a grabarse en el cerebro que todo lo que pasara entre ellos era pura simulación . Así que la atrajo por la cintura y la calló con un beso.
Sus labios chocaron, pero ella había quedado tan pasmada por el movimiento audaz de él de robarle el beso que Norman tuvo que morder levemente su labio inferior para que la profesora Thompson abriera la boca.
Norman estaba cansado de las humillaciones que la mujer le daba, agotado de su mera presencia. De su boca maldita y ofensora y por eso la castigó mordiéndola. Cuando ella abrió la boca, él la ultrajó de forma poderosamente dominante. La mantuvo entre sus brazos fuertemente sin dejar ningún espacio entre sus cuerpos. El aroma a violetas inundó sus sentidos odiándola cada vez más. Recordó todas sus palabras hirientes, sus gestos despreciativos y su horrenda voz diciéndole que no valía nada, que no servía para ser médico. Él no permitiría que ella volviera a decirle que no servía para algo. Y por eso adentró su lengua dentro de la pequeña cavidad de ella. Y comenzó a realizar movimientos eróticos y vulgares para una señorita tan recta y de buena familia.
Bajó una de sus manos de su espalda hasta llegar hasta las pequeñas nalgas respingonas de la señorita Thompson y tras pellizcarlas la atrajo con fuerza hacia él. Sus pelvis chocaron, él, ni de chiste se excitaría con una mujer como ella, sin embargo estaba muy bien dotado por lo que ella sentiría su m*****o dormido, pero sentiría. Y su ego masculino se hincho cuando ella gimió entre sus brazos cuando le hizo el amor con la boca.
Ella que se había mantenido muy quieta de pronto llevó sus manos hasta el cuello de Norman y después jugó con los cabellos de su nuca. Los acarició y jaló cuando él la apretó más contra sí. Y de repente ella estaba pegada a la mesa de billar, y las manos de Norman estaba por todo su cuerpo y sus senos eran acariciados, estrujados con fuerza. Y cuando ella había comenzado a sacarle la camisa del pantalón y adentrado sus manos para tocar la piel de su espalda… él la soltó. Alejándose de ella, tan rápido como la había tomado.
—Bueno, señorita Thompson, esto muestra que somos capaces de fingir una buena química.
Ella se quedó recargada en la mesa, con las mejillas sonrojadas, los labios hinchados y partidos… pero bien vestida, sin ninguno de sus relamidos y engomados cabellos fuera de su lugar y sin embargo él, había quedado como un desastre. Lo cual quería decir, qué ella había perdido el control.
Daniel le dio la espalda y se sentó en el sofá, sin mostrar incomodidad, como si anteriormente no hubiera estado besando a su profesora ni acariciándola por sobre la ropa. Ella carraspeó y reacomodó su falda recta. Regresó a su asiento.
—¿Y bien señorita Thompson, cree que pueda con el trabajo?
—Pienso que es posible.
—Bueno, dígame entonces qué es lo que ganaría y lo que espera de mí. Además, me gustaría que el trato sea firmado lo antes posible. Ya que a ambos no nos conviene que salga a la luz esta relación, ya sea de noviazgo o comercial… Porque, realmente no quiero que la gente sepa que soy un… ya sabe qué. Y aunque no hagamos nada, la gente no lo verá de esa manera, no nos creería. Quedaríamos arruinados. Usted en su carrera profesional y yo… en la que podría tener en el futuro.
—Estoy de acuerdo. El trabajo real será en las vacaciones de verano. Un mes y medio, 50,000 dólares es el pago.
Norman se echó a tras y abrió la boca enormemente.
—Espere… espere… Quiere pagarme eso por fingir ser su novio y… solo fingir… ¿no tengo que hacer nada más?
—No, señor Norman. Créame, usted solo deberá fingir y si piensa que es demasiado el dinero, no se confíe. Mi familia es muy especial, por lo tanto, créame cuando le digo que usted se ganará a pulso cada dólar en su cuenta bancaria.
—Ok. Comprendo.
—Le compraré ropa, un celular y un auto. Le abriremos una cuenta donde le depositaré el dinero que le pagaré y con eso será suficiente para solicitar una tarjeta de crédito, ¿no tiene adeudos verdad?
—Solamente el crédito escolar —dijo tímidamente.
—Con esa tarjeta usted pagará todo lo del viaje, yo cubriré la cuenta en cuanto regresemos.
—Usted quiere que finjamos que yo me estoy haciendo cargo de los gastos de estas vacaciones… ¿verdad?
—Sí. Usted es el hombre perfecto, usted es el hombre con el que sueñan todas las mujeres en algún momento de su vida.
Daniel asintió y se preguntó si acaso, ella también soñó con un hombre así. Y si este nunca llegó o si lo hizo salió huyendo porque ella era esa clase de mujeres que eran demasiado para un hombre común. De esas que eran demasiado autoritarias y que daban miedo.
—Cuando regresemos, debo regresarle todo. Si algo se rompe… ¿va a descontármelo? —Norman quiso asegurarse, él siempre rompía sus teléfonos porque solía quedarse dormido con ellos en la mano.
—No voy a descontarle nada, porque no tiene que regresarme nada.
—¡Oh! Ok, pero… dijo que me compraría un auto, tendré que firmarle la factura del auto o deberé regresarlo a la agencia después, porque yo no puedo pagar ningún crédito.
—Dije que se lo compraría, señor Norman —respondió con los dientes apretados, Norman la estaba desquiciando.
—Pero ¿cómo se lo pagaré? —preguntó de vuelta él.
—Dije que se lo compraría no tiene que devolver o pagarme nada. Será suyo, señor Norman —dijo subiendo la voz.
—Espere, espere, espere… Solo para estar seguros…
—¿Quiere el empleo si o no, señor Norman? ¡Por Dios, señor Norman! Pensé que era inteligente.
—¡Solo para estar seguros! Cuentas claras, negocios exitosos.
Ella resopló.
—Dígame…
—Cuando volvamos de sus vacaciones, cuando yo regrese a mi humilde hogar… ¿volveré con mis dos riñones?
La señorita Thompson se atragantó de repente y comenzó a toser con fuerza. Norman estaba seguro de que ella había querido reír. Algo terroríficamente extraño. Porque ella nunca sonreía. No conocía la dicha, la felicidad, ni las bromas, ¿verdad?
—Sí, volverá con cada órgano vital en su respectivo lugar.
—De acuerdo.
Mañana a la misma hora en este lugar, firmaremos el contrato.
—Señorita Thompson, ¿realmente vale la pena perder todos sus ahorros en decirle a su familia una mentira?
—Usted es un empleado, si necesitara un consejo se lo solicitaría a mi terapeuta. Si no tiene ninguna pregunta más, puede retirarse y mañana traerme una lista con lo que le gusta y disgusta. Yo le entregaré la mía para que pueda estudiarla.
—De acuerdo. Si es todo me retiro.
—Fue lo que dije.
—Sí. Con su permiso.
Norman se puso en pie y pronto ella también lo hizo, acompañándolo hasta la salida.
Norman se dio media vuelta y le dio la mano a la mujer delgada y no tan pequeña. De pronto el miró sus labios y ella también.
—¿Sabe que es lo que pienso? Con todo respeto…
—Dígame.
—Pienso que deberíamos fingir el noviazgo desde ya, usted es muy huraña y yo muy malhumorado.
—Tiene razón.
Norman tomó su mano y la depositó un beso en ella.
—Buenas noches, te veré mañana por la noche.
Daniel dio media vuelta y caminó hasta las puertas del elevador, oprimió el botón y esperó su llegada.
—¡Señor Norman! —Él se giró antes de subir al elevador—. No falte a clase mañana.
—No lo haría. Profesora.