Norman cubrió su boca con la palma de su mano. Sintió la sangre posarse en sus mejillas. Ella lo estaba citando en su departamento… salió del salón y caminó hasta el estacionamiento, por la hora, Richard ya no estaría en la facultad, sin embargo, lo llamó para asegurarse.
—¿Qué pasó? ¿Ya hablaron? ¿Te marcó? —Richard, al parecer, esperaba su llamada.
—Acabo de tener una reunión con ella…
—¿Lo hicieron?
—¿Qué? No, claro que no. Expuse mi trabajo.
—¡No me jodas! ¿Le excita eso?
Norman se lo pensó. Tal vez a ella le gustaba el poder que tenía sobre los demás. Era de esas personas que encontraban un placer morboso en humillar a otros.
—No lo sé, honestamente. Quiero decir… necesitamos hablar. ¿Dónde te veo?
—Estoy en la biblioteca.
—Voy, espérame en la entrada.
Norman cortó la llamada y cruzó medio campus para llegar a la biblioteca, cuando se encontró con Richard, estaba sonrojado y sudado.
—Wouu te dejó frito, creo que hasta te succionó más que el colágeno, te succionó el cerebro, amigo.
Richard soltó una sonora carcajada, que como todavía no estaba dentro del recinto, nadie podía decirle que guardara silencio.
—No seas idiota, no hicimos nada, fue la carrera, del auditorio hasta acá.
Todavía riéndose, Richard condujo a Norman rumbo al estacionamiento.
—Pensé que íbamos a buscar un libro, Richard.
—Ya lo tengo, aquí amigo —dijo Richard y dio un par de palmadas a su morral, señalando que ahí tenía el libro—. ¿Qué pasó?
En ese momento llegaron hasta el vehículo de Richard, cuando estuvieron dentro Daniel respiró profundo relajándose inmediatamente. No se había dado cuenta del estrés que la situación le provocaba.
—Nada ella, me llevó a un aula y le expuse el trabajo.
—Vamos por partes, Norman. ¿Qué pasó en la cita?
—Pues llegué puntual, la camarera me dijo a donde estaba mi cita y… ¡Diablos! Todavía sigo incrédulo. Discutimos y vaya, me sorprendió que me buscara. Todo decía que me fuera al diablo. Técnicamente, le supliqué, ella me mandó al demonio, no le importó que yo le explicara mis razones por las que estaba rentando mis servicios. Además, de qué siempre puso en primer lugar que yo era su alumno.
—Pero el semestre ya está acabando. Lo que los profesores hagan fuera de la institución es asuntó de los profesores y de los alumnos. A nadie debería importarle.
—Se lo dije, pero ella dijo que todavía sería mi profesora el siguiente semestre.
—¡Oh! ¿De verdad?
—Sí. Me humilló como nunca antes lo han hecho, me ha dicho que no sirvo para la carrera…
Richard negó con la cabeza, él que siempre era muy alegre y veía el lado positivo a las cosas le molestó que la bruja de Thompson se aprovechara de su noble amigo.
—¡Oh, no, no, no! ¡Espera, Norman! ¿No le has creído, verdad?
Daniel bajó la mirada.
—¡Mierda, Daniel! No le creas a esa bruja, perra mal nacida. ¿Cómo se ha atrevido a decirte eso? De todos los que estamos ahí, Norman, eres el más capaz. Te lo juro amigo. Tienes potencial. No dejes que esa loca te dañe el cerebro.
Richard encendió su auto y comenzó el camino hacia el departamento de Daniel..
—No se trata de que le crea o no, Richard. El caso es que no tengo para solventar la carrera, ni mis gastos. No puedo depender de ti como una sanguijuela.
Richard sonrió.
—No lo harás amigo, yo te lo cobraré, amigo. Hoy por ti, mañana por mí.
—Claro, claro. Entonces, luego de exponer… Mira, para ser honestos, yo creí que ella me dejó exponerle porque no quiere que se sepa que frecuenta esos sitios web.
Richard soltó a reír escandalosamente.
—El caso es que… —Norman le mostró la nota en su cuadernillo.
—¡Aww! Se lo pensó mejor. Maldita loca inestable. Pero le gustas.
—Ella no busca un novio, solo está buscando a alguien que se haga pasar por novio. Ante su familia.
—Ya voy entendiendo. ¿Entonces no quiere sexo?
—No.
—Mmmm.
—Creo que, si me ha citado, es porque me dará el empleo.
—Sí, lo hará. Pero ya que estamos hablando de alguien que puede perjudicarte o bueno, ambos pueden hacerlo, yo creo que deberían hacer un contrato de confidencialidad o algo así, ¿no lo crees?
—Entonces… qué hago, ¿cómo consigo uno?
—Primero asiste a la cita, escúchala… si quiero sexo, acuéstate con ella, tal vez sea una cosa de una vez, pero… si es algo más entonces pongan todo bajo contrato.
—Ok. Ella no quiere sexo…
Richard comenzó a reír…
—A las mujeres, como a los hombres, les gusta tener sexo. Y si tiene que contratarse a un hombre para hacerse pasar por su novio… definitivamente es una frustrada s****l.
—Ok. Tienes un punto con eso.
—Dos. Anda ve a tu casa, descansa y ve esta noche a su cita, cuando llegues a tu departamento, si es que llegas hoy… me llamas y me cuentas.
—¿Qué tenemos que hacer hoy de trabajos, para mañana?
—No te preocupes, Daniel, yo lo hago por ti, tendré la tarde libre. Ve y arregla eso.
—Está bien. Gracias, te llamaré.
Daniel bajó del auto de Richard y lo despidió con la mano. Entró a su edificio y subió al elevador para llegar a su piso. No sabía cómo iba a lidiar con la angustia de no saber lo que pasaría cuando volviera a ver a su profesora. Bajó del elevador y fue hasta su departamento para esperar la hora en que se reuniría con la profesora.
Era una tortura, la verdad. Esperar, caminar dando vueltas en la habitación de su departamento como un León enjaulado, ver el reloj de tanto en tanto. Cuando ya casi era la hora, tomó una chaqueta negra de cuero, cepillo sus cabellos con las manos, se puso un poco de loción y desodorante, y salió para reunirse con ella en su departamento.
Bueno, no estaba seguro de lo que ocurriría y no saberlo lo aterraba, ¿qué tal que sí terminaba haciéndolo con ella? ¿Y si no le gustaba…? ¿Todavía le pagaría? Se dijo así mismo que debió ver una película para darse una idea o algo así. No es que fuera inexperto… Sí, lo era, razonó él. Solo había tenido una novia y lo hicieron dos o tres veces en su garaje, pero, había sido todo.
Se preguntó porque no había andado con la chica promiscua del pueblo. Tal vez su experiencia ahora lo ayudaría a él. Pero argh tenía que ser tan mojigato… Paró un taxi y dio las indicaciones para ir con ella. A medio camino, se le secó la garganta, cuando bajó del auto, le temblaron las piernas. En esa ocasión, notó que era mucho peor, porque ahora que sabía quién lo esperaba… eso lo aterraba.
Entró al edificio y subió por el elevador, cuando llegó al quinto piso y estuvo de pie frente a su puerta, olió su aliento, y tomó unas pastillas de menta. Peinó su cabello y tocó el timbre.