4. La nota II

1304 Words
Bien vestido, peinado y perfumado, se dirigió a la universidad en un taxi. ¡Caramba que debería estar ahorrando dinero!, pero no quería darle tiempo a la mujer de arrepentirse, de pensar mejor las cosas. Cuando llegó a la universidad. llevaba en mano su trabajo no revisado por la señorita Thompson, caminó hasta la oficina de orientación para preguntar por el horario de la profesora. Al entrar a la oficina una de las secretarias estaba hablando por teléfono. —Sí, profesor. —… —Claro. Norman se quedó de pie esperando a que la mujer terminara su llamada, vio de tanto en tanto su reloj de pulsera. Intentó recordar donde podría encontrarla a esa hora… No lo sabía. Nadie quería saber nada de esa odiosa profesora. —Sí, joven ¿en qué puedo ayudarte? —¡Oh! Amm —de pronto no sabía qué preguntar—… Busco a la profesora Thompson, pero no sé dónde encontrarla. La mujer revisó en su ordenador los horarios de los profesores. —Se encuentra en el auditorio dando una conferencia —dijo sin mirarlo. —¿Auditorio? —Sí, en el otro edificio. ¿Qué nunca vas a las juntas? —preguntó ella con el ceño fruncido. —Sí, sí… Gracias, señorita. Disculpe. —Date prisa, chico o no llegarás. Norman salió de la oficina de orientación maldiciendo por dentro. Como la conferencia estaba por terminar, corrió lo más rápido que pudo para llegar allí. No fuera a pasar que la profesora se fuera y ya no la encontrara. Entonces tal vez, perdería su oportunidad de trabajo. Cuando llegó al auditorio, se quedó escondido en la parte de atrás del pódium, la conferencia había terminado y algunos profesores se encontraban hablando con ella. Cuando vio que ella se dirigía hacia una de las salidas, caminó rápido intentando esquivar a uno que otro alumno. Cuando logró alcanzarla, ella estaba caminando por uno de los pasillos en compañía de dos de los directivos del plantel. Mantuvo su distancia para que no fuera detectado y cuando ellos dieron vuelta al pasillo notó que los directivos siguieron de largo mientras que ella entraba al baño de mujeres. Decidió esperarla escondido, no pensó que ella fuera a ir en dirección contraria, pues, el estacionamiento en donde los profesores estacionaban sus autos estaba en dirección a él y no a la contraria. Cuando ella salió del baño y Daniel escuchó su taconeo aproximándose, sonrió de medio lado. La profesora Thompson dio vuelta en el pasillo topándose de lleno con el pecho de Daniel. Debido a los tacones y el piso resbaloso, ella tuvo que frenar de lleno su paso estrepitosamente, pero no fue lo suficientemente hábil para evitar resbalar hacia atrás. Daniel solo alcanzó a sujetarla por los brazos atrayéndola en el proceso hacia su pecho. Pero, así como la había sujetado, la soltó apenas la estabilizó. Ella era de cuerpo extremadamente esbelto, notó él y pequeña, pues apenas le llegaba a la barbilla y olía a violetas. Él conocía el aroma de la flor porque su hermana mayor producía jabones artesanos. Tenía una tienda en línea y en ocasiones, cuando la carga de trabajo era demasiada, él solía ayudarla cuando vivía todavía con sus padres. —Profesora Thompson… Richard me dijo que estaba buscándome para la entrega de mi trabajo. Ella parpadeó un momento, todavía desorientada, supuso Daniel por el susto de casi caerse. —Sí, sí, yo… entréguemelo —ella estiró su mano esperando el trabajo. Su rostro más serio que antes. Él sacó el cuadernillo de su bolso de libros y cuadernos y se lo ofreció a ella. En ese momento dos profesoras llegaron por el pasillo contrario y se detuvieron a conversar frente a la fuente de agua. Una de ellas bebió agua, mientras que la otra hablaba y hablaba. La profesora y él las miraron de lejos. Era obvio que ella quería hablar de algo más con Daniel que de su trabajo. —Le agradezco que… —Trató de hablar en voz baja, pero ella lo silenció. —No agradezca nada. La profesora comenzó a ojear el trabajo, de su bolso sacó un plumón azul, y comenzó a revisar algunas partes del cuadernillo que él le entregó. —Siempre me pregunté si los profesores realmente leían todo lo que nos piden que escribamos. Ya veo que no —dijo él asombrado. Ella estaba pasando las hojas rápidamente, revisando que las partes del trabajo estuvieran completas. —No, el truco está en la página principal, en la central y la última. —Genial… —¡Venga conmigo! Ella caminó por delante de él, liderando el camino obviamente. Hasta que por fin llegaron a un aula vacía. La profesora sacó el duplicado de las llaves de los salones y entró, no esperó a verificar que él la siguiera. Daniel pasó de largo dejando la puerta abierta, no estaría bien si cerrara la puerta. No había ninguna razón para eso. Daniel se mantuvo de pie frente al escritorio. La profesora giró el rostro hacia la puerta del aula, las dos profesoras habían pasado por ahí. Ahora, sintiéndose más segura, le habló: —Cierre la puerta, va a exponerme su trabajo. Daniel caminó de regreso por donde había llegado, cerró la puerta y aunque ella no mencionó si quería que pusiera el seguro todavía, sí que lo puso y corrió la cortina de la ventana. Cuando se dio la vuelta, ella estaba sentada en la primera fila esperando a que él comenzara con su exposición. Norman se dio cuenta de que la espalda de la profesora estaba recta como una tabla, también le pareció que ella siempre estaba muy rígida, tensa, con la guardia siempre en alto. Se la imaginó en sus tiempos de colegio, asegurando que tal vez ella era la mejor de su clase, con un espectacular promedio y la sabionda antipática a la que todos odiaban. Se dijo a sí mismo que tal vez por eso, era tan amargada. Daniel nunca fue un mentiroso, por lo que sabía perfectamente de lo que hablaba su trabajo y se lo expuso como quien dice a Capella, sin material expositivo. Pero intentó ser claro con su discurso. Y explicar detenidamente las partes más importantes. Ella hojeaba el trabajo y realizaba anotaciones en los párrafos en donde él hacía mayor énfasis. Para el final, ella realizó algunas preguntas que él pudo responder fácilmente. —Bueno, eso sería todo mi trabajo. Hay algo más que desee preguntar, Profesora. Ella asintió y se puso en pie para comenzar a caminar hacia el escritorio de nueva cuenta. Allí, frente a él encendió su laptop y calificó su exposición. No fue exactamente una calificación baja pero tampoco excelente. —Es una lástima que no haya expuesto a tiempo. Es una de las mejores exposiciones e investigaciones del tema. Su información es muy completa, señor Daniel. Daniel levantó las cejas y asintió. Todavía impresionado por su halago, tan… ¿Honesto? —Gracias, Profesora. —Espero comprenda que por estar fuera de tiempo no puedo calificarlo como a los demás. Por eso le he calificado con la calificación acorde al trabajo. —Sí. Ella le dio la calificación global de la clase. —¡Felicidades, señor Norman! Ha pasado mi clase. —Gracias, profesora. Ella se puso en pie, guardó sus cosas y por último le entregó su trabajo en las manos. —Revise la nota al final. Y con eso, salió de la habitación bajo la mirada atenta de Daniel. Y cuando él se quedó solo, se sentó en donde ella había estado unos minutos atrás y verificó con diversión las observaciones de cada tema. Y cuando llegó a la última abrió la boca, asombrado… ella había puesto en el trabajo, debajo de su calificación… Su dirección, una hora, la fecha de ese día y un: «No falte».
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