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Tu amor entre dólares

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Blurb

Melissa White, estudiante de medicina y pequeña empresaria, nunca ha visto a su esposo, Elric Black, con quien lleva casada un año. La cláusula ha entrado finalmente en vigor y ella, es libre de solicitar el divorcio y al fin, separarse del hombre cuyo rostro desconoce; sin saber que con esa acción, ha despertado el interés de su marido, quien decide viajar a conocerla.

Elric, un hombre frío, con el dolor de la pérdida a sus espaldas, se ha cerrado al amor; hasta que encuentra en su joven esposa, aquello que no sabía que necesitaba. Melissa, marcada por el dolor y el sufrimiento que un amor pasado dejó en ella, no desea enamorarse; hasta que ese hombre, supuesto primo de su marido, comienza a ganarse su corazón herido.

Elric se ha hecho pasar por alguien que no es y ahora, no desea perder a la mujer de su vida; sin embargo, el destino ha traído de vuelta el pasado de ambos.

Un viejo amor, un terrible trauma y muchos secretos entre familias poderosas, que solo traerán dolor.

Una mujer que no tiene un precio, un romance nacido de la mentira, un pasado oculto en unos ojos idénticos a los de ella.

Un tornado de emociones por descubrir, porque el amor, no es un dólar.

Tu amor entre dólares,

de J. I. López.

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Solicitud de divorcio
Aburrida, esa era la palabra. Era otro hermoso día caluroso de verano, las copas de los grandes árboles que relucían en el extenso jardín, parecían brillar como el jade, era algo bastante agradable a la vista, debía admitirlo. El agua fresca y limpia de la lujosa piscina brindaba una sensación de alivio para mitigar el sofocante calor de las 3 de la tarde, si, otro día más estaba pasando como el agua que se resbalaba entre sus dedos...de prisa, agotador. Hacía un año había contraído matrimonio con Elric Black, un magnate empresario cuyo nombre era bien sabido y temido en cada continente, ella aún tenía 20 años cuando se convirtió en la perfecta y joven esposa de un multimillonario, su matrimonio, arreglado por el hombre que la acogió cuando niña junto a su pequeño hermano, era algo que nunca le agrado del todo, pero, aquel sentimiento de deuda que sentía hacía Michael White, finalmente le hizo ceder, su querido padre los había acogido a ambos cuando una joven Melissa tenía apenas 8 años y el pequeño Maddox no rebasaba los tres. Una terrible tragedia en forma de un conductor ebrio les había arrebatado a su madre y había dejado paralítico a su pequeño hermano, su padre materno al no soportar la noticia del fallecimiento de su única hija, murió poco después al detenerse su corazón, habían sido golpes terribles, sin una familia que se hiciera cargo de ellos terminaron finalmente en un orfanato de gobierno que el viejo Michael solía visitar para hacer donaciones, el anciano había quedado conmovido con la historia de los hermanos, Melissa se rehusaba a ser adoptada si la familia en cuestión no adoptaba de igual manera a su hermano menor, se dedicaba enteramente a cuidar del pequeño, nadie quería saber de Maddox al conocer el estado del niño y las pocas posibilidades que había de que alguna vez volviera a caminar, era, sin duda algo duro de soportar para un par de pequeños. Finalmente, el anciano Michael decidió adoptar a ambos pequeños para que nadie pudiese separarlos, y así, la joven azabache y su pequeño tesoro se mudaron a la mansión del nuevo padre que tendrían, Melissa se demostró como una niña inteligente y sobre saliente, logrando ingresar a la universidad de Nueva York que destacaba por ser para jóvenes promesas y para personas de altos recursos. Había pasado por mucho para hacerse de un lugar en tan prestigiosa universidad, y estaba firmemente decidida a cumplir con cada una de sus metas…aun así, nunca olvidaría aquel día...el día en que su querido padre le pediría casarse para ayudarlo a salvar su compañía...solo tenía que firmar aquel papel y estaría casada...no hubo grandes mesas decoradas, un enorme banquete ni melodías románticas que amenizarán la velada...ni siquiera hubo un novio con el cual bailar el vals de los recién casados...solo un insulso papel que ya contenía la firma del que sería su esposo: Elric Black. Melissa White era una hermosa y joven mujer con grandes sueños y aspiraciones, de carácter gentil pero también poderoso, sus ojos de cielo reflejaban la pureza de sus sentimientos, su cabello era tan n***o como la noche, azabache, su figura de diosa era perfecta en sus curvas, un rostro perfecto y perfilado le daban un aire de gentil inocencia, labios pequeños y rosados podrían ser una verdadera tentación para más de uno, era una verdadera belleza sin igual…una belleza poco común. — Señorita, su nuevo semestre comenzará en una semana, me tome la libertad de comprar los materiales adecuados para un apropiado regreso a clases — decía un hombre anciano de agradable y tierna mirada. Melissa observo al hombre sin prestar demasiada atención a sus palabras, no se sentía con ánimos para discutir sobre gastos con el anciano sirviente que sabía demasiado bien lo mucho que ella detestaba que se gastaran recursos que no fuesen los de ella misma. — Adam, has que alisten mi coche, estoy bastante aburrida aquí, iré a ver a Rebecca — dijo la hermosa joven de cabellera azabache. El hombre la miro con resignación, apreciaba profundamente a su ama, sus días habían dejado de ser grises y sombríos desde que llegó a la vieja mansión Black, su amo casi nunca se encontraba en el lugar y el hermano más joven tenía años sin aparecer en el sitio desde que se graduó y se fue a vivir a la vieja España, sin embargo, la joven ama era una alma rebelde, a menudo se hallaba aburrida y su única alegría en el mundo era su pequeño hermano inválido y su mejor amiga... realmente era terrible que el amo no se hubiera presentado un solo día en el año que ya llevaban casados, para ver a su hermosa esposa. — Está bien mi Lady, ordenare que se prepare su auto — dijo el viejo mayordomo. Melissa observo al viejo sirviente y durante algunos segundos guardo silencio. — Dime algo Adam...el señor Elric...¿Porque jamás ha venido a verme? Esto es una locura, ¿Como puedo ser esposa de un fantasma? ¿Realmente es tan grandioso como siempre dices que es? — pregunto la hermosa jovencita encogiéndose de hombros. Adam lo pensó por un momento, su amo era un hombre respetable y temido, lo había visto crecer y siempre estuvo a su lado desde que el gran señor Jericho Black se retiró de los negocios y se fue a vivir a Suecia para disfrutar de sus días, el joven señor Elric era un alma noble que había sufrido mucho, por eso se le tenía en gran estima y toda la servidumbre, principalmente el, realmente le querían y respetaban, aun así, no entendía el porqué de la actitud de su amo...dejando sola a su esposa. — El amo Elric es un hombre honorable mi Lady — respondió el anciano como única respuesta, dejando a Melissa sola sumergida en sus pensamientos. La brisa que ondeaba su larga cabellera azabache le ayudaba a refrescar sus muchos pensamientos, la carretera, siempre rodeada de aquellos bellos paisajes y verdes praderas, era una verdadera delicia para la retina, las flores se habían multiplicado en miles de formas y variados colores desde la última vez que salió de la vieja mansión Black para visitar a su querida Rebecca , usualmente Adam ordenaba traer a su pequeño hermano y a su mejor amiga para que no estuviera mucho tiempo sola en la enorme mansión, pero, a últimas fechas la estadía en el enorme recinto se hacía por demás insoportable... siempre sola, rodeada solo de algunos sirvientes, recorriendo cada rincón de los amplios jardines y cada corredor que llevaba a uno y cien cuartos, muchas veces se preguntó si había algunos que fueran secretos y estuvieran ocultos detrás de viejos estantes llenos de libros polvorientos como en aquellas películas de terror que le gustaba ver con su hermano...aun así, ya no soportaba estar encerrada en ese lugar, sola y olvidada por el hombre que se suponía, era su esposo, y por ende, quien debía acompañarla en lugar de hacerla sentir en perpetua soledad. Sabía bien que al viejo Adam no le agradaban sus ya rutinarias salidas de la mansión, pero sentía necesitar el aire fresco y diferente que había en el exterior...pues sentía morir lentamente. Finalmente la carretera revelaba ante su vista la mansión de su amiga Rebecca Anderson, hija de una prominente familia cuya amasada fortuna se habría obtenido por la exportación e importación de finas tazas de té, coleccionables y únicas, aquellas que solo era posible encontrar en las finas estanterías de familias igualmente prominentes y acaudaladas, aún a pesar de ser una chica bella y rica, Rebecca siempre fue noble y sencilla, no la despreciaba a pesar de saber sus humildes orígenes, ni ella ni su familia, Carlos, primogénito de la familia de su mejor amiga y su hermano mayor, era un joven audaz y bastante serio, del que alguna vez Melissa se sintió atraída, pero al casarse abandono por completo aquel "crush" juvenil que tuvo hacía el chico. — ¡Meli! — saludaba una bella jovencita de cabellos lacios y negros, bonitos ojos color almendra y porte fino. — ¡Rebecca! Lamento venir repentinamente y sin avisar, pero en realidad no soportaba más la idea de permanecer otro segundo más en la mansión...— decía Melissa tratando de disculparse. Rebecca sonrió con ternura. – No tienes que preocuparte, siempre eres bienvenida con nosotros, además, tengo buenas noticias, sobre aquel favor que me pediste...tengo los papeles, August me ayudó a tramitar el divorcio necesario para ti, después de todo, es un año ya el que has estado casada con ese desalmado y ni siquiera ha sido capaz de visitarte una sola vez — dijo Rebecca visiblemente molesta. Los ojos de cielo de Melissa brillaron como un par de diamantes, finalmente sería libre de esa farsa llamada matrimonio, había hablado con su padre y hermano, incluso con Adam, y todos, a excepción de este último, habían decidido apoyar a la jovencita, después de todo, el contrato de matrimonio estipulaba que tan solo debía cumplirse un año y la joven podría ser libre de ello. — Son maravillosas noticias — dijo Melissa con una sonrisa. Al ingresar en la mansión Anderson, Melissa pudo observar la figura de un hombre de piel color canela e imponentes ojos de miel, sus rasgos eran finos, aunque rudos, su porte lucía agresivo y de cierto modo elegante, ambos se sostuvieron la mirada unos segundos hasta que Rebecca hablo. — Meli, él es August Harris, es el abogado de la familia, fue quien me hizo el favor de ayudarme y a quien le entregué tu papelería, como vez es muy eficiente — dijo Rebecca con tranquilidad. El moreno se acercó a la chica con tranquilidad y beso gentilmente su mano, Melissa se sonrojo levemente al sentir los calientes labios del hombre sobre su piel. — Es un placer conocerla al fin señorita White, la señorita Anderson me ha hablado mucho de usted, no debe preocuparse, nadie sabrá de esto y no habrá necesidad de hacer un escándalo, su divorcio está tramitado, solo tiene que firmar y me encargaré personalmente de entregarle los documentos al señor Black, en cuanto su firma y la suya estén aquí plasmadas usted será libre — dijo August con tranquilidad. Melissa observo aquel papel que representaba su libertad, podría volver a su viejo hogar junto a su hermano y padre, podría estudiar con tranquilidad y terminar su carrera de medicina, y quizás...conocer a alguien de quién poder enamorarse y que la amara de vuelta, aunque, por supuesto, muy en el futuro, estaba más que cansada de ser la esposa de un hombre sin rostro...no importaba que esté fuera multimillonario y poderoso, no le interesaba el dinero, tan solo quería de vuelta su libertad. Segura de sí misma y totalmente decidida, la hermosa azabache tomo aquel papel y plasmó su firma en él sin demora alguna. — Está hecho señorita, con mucho gusto me encargaré de notificar al señor Black sobre su decisión, usted será libre de nuevo, es una promesa — dijo August con una sonrisa. Melissa se dejó caer en un sofá cercano, era casi imposible de creer que solo un poco más y recuperaría la calma que le fue arrebatada en el momento en que se casó, Rebecca comenzó a masajear con cariño los hombros de la chica. — Lo has hecho bien Meli, ya ha sido más que suficiente — dijo la azabache con ternura. August observaba a la hermosa azabache, sin duda el heredero Black había perdido mucho...y no dejaría pasar la oportunidad para conocer personalmente a la hermosa Melissa White. El camino de regreso parecía bastante lejano, las nubes del atardecer se coloreaban de tonalidades que iban del rosado al más rojo carmesí, su viejo auto parecía no tener mucho más para dar, Adam le había insistido mucho para que comprara uno nuevo y más lujoso, pero ella estaba feliz con aquel beetle color turquesa que le había regalado su padre Michael en su cumpleaños 16, además, no quería tocar el dinero de su "esposo" aún guardaba intacta aquella tarjeta American Express centurión, que su flamante marido le había autorizado y enviado para su uso personal, dándole carta abierta para usarla como mejor le viniera en gana hacerlo, el plástico n***o seguía guardado en la habitación marital acumulando polvo, prefería usar el dinero que aún conservaba del fideicomiso que dejó su madre para ellos, mismo que había podido usar al cumplir los 16 y que invirtió sabiamente en un pequeño negocio en el centro de la ciudad que le retribuía ganancias suficientes para vivir bien. Las verdes praderas ahora lucían oscuras y levemente tenebrosas, la enorme y vieja mansión Black se levantaba solemne e imponente sobre los verdes campos y las vastas tierras de la poderosa familia, aquel panorama le recordaba levemente a la descripción del tenebroso castillo que Bram Stoker narraba en su famoso libro del conde Drácula...solo que en la mansión, no había temibles vampiresas o un sanguinario vampiro que no dudaba en derramar sangre inocente...solo estaba Adam, y algún otro sirviente...además el hogar de los Black no era tan aterrador...era en realidad muy bonito con sus extensos jardines y patios...detuvo su auto a la orilla de la carretera, quería admirar por última vez lo que había sido su hogar durante un año enteró, saco su celular y comenzó a tomar fotografías, una tras otra sin detenerse, deseando guardar un pedacito del lugar que la había protegido todo ese tiempo. Dos días habían pasado desde que Melissa entrego a Adam los papeles de divorcio, aún era desagradable recordar la reacción del viejo mayordomo, había soltado en llanto, totalmente inconsolable, el anciano no quería que la azabache se divorciara de su amo, le suplico mil veces reconsiderarlo, jurando sobre su nombre que Elric Black era un hombre honorable que la amaría cuando llegasen a verse...Melissa, solo pudo reír ante esto último, ¿Cómo era posible que la amara si ni siquiera conocía su rostro? No hubo visitas, flores o tan siquiera una simple llamada...nada, absolutamente nada que no fuera silencio e indiferencia...y ella no podía seguir viviendo de esa manera. La noche caía lentamente por los vastos valles, Melissa nuevamente había salido de la mansión, había pasado todo el día buscando un departamento cercano a la universidad, le dolía dejar a Adam atrás, le había ofrecido mudarse con ella pero este se negó rotundamente y nuevamente le suplico darle una oportunidad a su amo, los papeles habían sido finalmente entregados al líder de los Black y tan solo era cuestión de tiempo para que estos regresarán a sus manos ya ostentando ambas firmas, se sentía aliviada, finalmente sería una mujer libre de nuevo y está vez haría las cosas a su manera. Los cielos tormentosos presagiaban lo que parecía ser una tormenta, las nubes se arremolinaban alrededor de la imponente mansión pintando en varias tonalidades de grises el hermoso panorama, Melissa no pudo resistirse y bajo de su auto para nuevamente tomar fotografías, el viento soplaba más fuerte y la jovencita decidió volver a su viejo auto, sin embargo, este no arrancó. Molesta, descendió nuevamente del vehículo para revisar que era lo que estaba fallando, abriendo la capota se ayudó con una lámpara para finalmente observar que las terminales de la batería parecían desgastadas y no hacían el contacto adecuado, molesta, saco un pequeño cepillo de dientes y comenzó a limpiar, aunque no con buenos resultados. Las luces altas de un muy elegante y lujoso auto la deslumbraron por completo, haciendo que está se tallara los ojos por la molesta luz que la había cegado por un momento, sin embargo, una potente voz masculina la sacó de sus pensamientos. — ¿Se encuentra bien señorita? ¿Hay algo en que la pueda ayudar? — pregunto aquella profunda e imponente voz masculina. Melissa se dio la vuelta para poder observar al dueño de esa enigmática voz, solo para descubrir al hombre más hermoso que hubiese visto jamás...frente a ella un sumamente apuesto hombre de cabellos negros oscuros que ondeaban en el viento, tan alto como una montaña en comparación a sus pequeños 1.65 mts, este hombre fácilmente pasaba los 1.90 mts, su rostro era hermoso, parecía una obra de arte, como un ángel...su mirada color zafiro era tan temible, extraña y seductora como ninguna que hubiese visto antes...era sin duda la viva imagen de la perfección. — Yo, bueno, parece que las terminales de la batería están sucias y no hacen buen contacto...— respondió Melissa algo tímida frente al hombre más bello que había visto. El adonis pelinegro observo a la jovencita frente a él, su rostro era muy hermoso, fino, digno de una princesa de la realeza, sus cabellos eran negros, como el ébano y sus ojos competían con el celeste del cielo más limpio que regalaba a la vista una larga noche de lluvia...aun cuando sus mejillas estaban sucias por la grasa de auto, era sin duda, la visión más hermosa que sus ojos de oro habían visto. — No podrás limpiarlas adecuadamente con tu cepillo de dientes — rio el apuesto pelinegro. Melissa se avergonzó, y escondió tras de sí el ya maltratado cepillo. — No es mi cepillo de dientes, este siempre lo traigo conmigo por si se llega a necesitar, es perfecto para ocasiones como está — refunfuño la azabache. El pelinegro río, ¿Qué clase de chica llevaba un cepillo de dientes de emergencia para arreglar con él un viejo auto?. — Ya veo, quizás yo también debería cargar con un cepillo de dientes de emergencia — dijo el pelinegro haciendo que la jovencita se sonrojara y sonriera. — Mi nombre es Melissa White, me dirigía a la mansión Black que se encuentra más adelante — dijo la chica sin más. El semblante del pelinegro se tornó serio...esa hermosa, alegre y ocurrente jovencita, era su esposa, a quien no se había dignado en conocer hasta que le llegó la solicitud de divorcio...aquello lo había desconcertado...¿Qué tipo de mujer le pediría a EL un divorcio? Renunciando así a las riquezas, lujos y comodidades que pudiese tener...él era Elric Black, el playboy y magnate billonario, había aceptado su matrimonio con una desconocida por solicitud de su padre y el anciano Michael...pero jamás tuvo la intención de conocer a su esposa, la mujer en cuestión al haber aceptado sin protestar, le hizo suponer que no era más que una mujerzuela interesada y se olvidó de ella, al final de cuentas, si solo le interesaba el dinero, no tendría problema alguno con ella, ya que tenía de sobra...sin embargo, cuando Adam envío aquellos papeles por fax se desconcertó y decidió revisar el estado de cuenta de la tarjeta de crédito que envío a su esposa, su sorpresa fue mayúscula al encontrarla totalmente en blanco, el plástico no había sido utilizado ni una sola vez desde que lo envío, ¿Cómo era posible aquello? Intrigado, decidió finalmente visitar a la mujer con la que contrajo matrimonio. — ¿Sucede algo? — la voz de Melissa lo saco abruptamente de sus pensamientos. — No es nada, yo también me dirijo a la mansión Black, tuve mucha suerte de encontrarla entonces — dijo el apuesto pelinegro. — ¿En verdad? ¿Quién eres? — pregunto Melissa con desconfianza. Elric pensó en decir su nombre, pero al hacerlo perdería por completo la oportunidad de conocer bien a la joven sucia frente a él, y aquella simpleza y sinceridad lo habían cautivado, además, deseaba indagar en la vida de la joven. — Mi nombre es Jason Black, soy un primo de Elric y Johan, me han pedido que me quedé en la mansión para cuidar de ella — respondió casi en automático el apuesto pelinegro. Melissa sonrió complacida. — Me da mucho saber que la mansión no se quedará sin un amo, yo me mudare en unos días, la semana entrante estaré comenzando un nuevo semestre en la universidad y recién me estoy divorciando del señor Black, así que en verdad es un alivio saber que Adam no se quedará solo — dijo la jovencita con alivió. Elric observo el semblante de la joven, ¿Quién se preocuparía por Adam? Solo era el mayordomo, sin embargo, aquel gesto lo intrigo aún más. — Es una pena saberlo, suba a mi auto, mandaremos una grúa para que lleven el suyo a algún taller, aunque, sabiendo que es esposa de mi primo pensé que tendría un mejor auto — dijo con un deje de sarcasmo el pelinegro. Melissa río. — Mi viejo auto aún puede llevarme al fin del mundo, no lo cambiaría por nada, le tengo mucho cariño, aunque no sea un auto tan lujoso como el suyo señor Jason — dijo entre risas la joven haciendo sonreír a Elric. — Dígame algo señorita White, ¿Porque solicito el divorcio? Pudo tener una vida muy lujosa al lado de mi primo — pregunto el pelinegro visiblemente intrigado. El semblante de Melissa se ensombreció un momento. — Eso no importa, desde el día en que me case no me ha visitado jamás, puede ser el dueño del mundo si así lo desea, pero el dinero no es algo que me importe...soy de la creencia de que el amor no tiene precio, es algo que debe nacer y cultivarse, mi madre me enseño así, así que puede tener millones en el banco, pero si no conozco un rostro no existe posibilidad de que me pueda enamorar...— dijo la joven con una sonrisa. Elric sintió sus mejillas arder, aunque mantuvo su semblante sereno...¿Que había hecho? Estaba a punto de perder a una mujer única en verdad...aunque algo era seguro, si su joven esposa en realidad no era una farsa como muchas otras, no la dejaría irse tan fácil. La soberbia y el desdén nos hacen perder oportunidades valiosas e irremplazables, ¿Que destino les aguarda a dos almas tan distintas entre sí? Una nueva historia estaba por escribirse, un magnate billonario, una joven estudiante de medicina…un pasado doloroso por descubrirse, y sin un precio para el amor que nacería como el fuego.

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