Aquella noche en la que ambos sellaron su amor con aquel beso, también abrieron las puertas del dolor. Luciel no podía soltar a Aurora no quería hacerlo pero debía.
-Tranquilo- Susurro Aurora, él no lo comprendió hasta que comenzó a escucharse solo, estaba agitado y tembloroso, se avergonzó de que Aurora se diera cuenta, por lo que desvío la mirada
-No lo entiendo- Dijo Luciel miro sus manos temblorosas, -¿Qué es esto?- Se pregunto
-A eso se le llama miedo, príncipe- Dijo una vos detrás de él, Bel su más confiable seguidor cuidaba que solo sean ellos en aquella área
-¿Miedo?- Luciel solo conocía un miedo y estaba claro que era su padre
-¿Miedo a que?- Aurora miro a aquel demonio
-No parece ser miedo a ser castigado, más bien parece ser miedo a lo que le pueda suceda a usted- Dijo Bel quien la miro fijamente
-¿A mí?- Luciel se acerco a Aurora y sin que ella lo notara la beso mientras le colocaba un collar con una pequeña piedra roja, -¿Qué es?
-Me ayudará a encontrarte si algo sucede- Contesto Luciel, se acerco al oído de Aurora, -Mañana te espero al caer la noche- Susurro aquel demonio
Aurora sonrió y asintió sus mejillas estaban rojas, -Debo irme, pronto amanecerá.
-Cuídate- Dijo Luciel, aquellas palabras sorprendieron a Bel quien jamás solo visto preocuparse por alguien más, ni siquiera trataba así a sus hermanos menores
-Tú también- Aurora extendió aquellas hermosas alas que llamaban la atención de Luciel y voló hacia el cielo, junto a ella se unió aquel ángel guerrero que en un principio se había alejado de ellos.
-Bel- Dijo Luciel
-Dígame amo.
-Necesito quitarme el aroma de Aurora, ¿Cómo lo hago?
Bel miro la aldea de los humanos, -Mate a uno de ellos y bañarse en su sangre.
-Bien- Luciel bajo a la aldea silenciosamente entro a una pequeña casa donde un hombre dormía solo en una pequeña cama, ni siquiera lo pensó solo extendió su mano y fue directo a los órganos, después de unos minutos volvió bañado en sangre
-Ya no siento el aroma del ángel, espero que su madre tampoco- Dijo Bel mientras un portal se abría ante ellos
-También lo espero- Luciel cruzo el portal al momento de llegar al infierno noto que Keves lo estaba esperando
-¡Hermano!, Debiste divertirte mucho para tardar tanto- Se acerco y sintió su aroma, -¿Fue divertido matar a aquel humano?, Creí que matarías al sucio ángel.
-Matar demonios es más entretenido- Contesto Luciel, esas palabras alejaron a Keves de él su hermano menor estaba furioso por el simple hecho de permanecer en el infierno y no salir a su antojo a menos que sus hermanos mayores se lo permitieran.
-¿Por qué no puedo salir a voluntad como ustedes?- Pregunto furioso Keves a Luciel
-Heres débil y estúpido, no es difícil comprenderlo- Luciel se dirigió a sus aposentos dónde lo esperaban varios demonios masculinos y femeninos, eran tiempo lujuriosos para los demonios no solo en el infierno, también en el plano terrenal al entrar los vio a todos envueltos en una orgía en sus pisos, su expresión tranquila cambio de repente al verlos su cuello, rostro, brazos todo estaba marcado por aquellas gruesas venas, estaba furioso, -¿Qué carajos es esto?
-Recuerde, usted solicito que una gran orgía lo esperara en sus aposentos siempre- Dijo Bel
-Los quiero fuera o matarlos, no me importa, pero saca a estos cerdos de aquí- Luciel noto que uno de ellos tomo una pequeña caja a un lado de su cama, dentro de esa caja estaba la pluma de Aurora, él demonio tomo su espada, -Los matare yo mismo- Dijo Luciel los demonios al escucharlo se levantaron rápidamente y comenzaron a salir bajando la cabeza, pero aquel demonio que solo tocó la caja no saldría con vida de ese lugar, Luciel lo tomo del cuello cuando intento pasar a su lado lo miro fijamente y lentamente comenzó a ejercer fuerza, Bel escuchaba la pequeña y silenciosa lucha del demonio por no ser asfixia hasta que el último sonido que produjo fue su cuello al romperse, -Destruye su corazón y arroja su cuerpo por la ventana los perros se lo comerán- Luciel era la viva imagen de su padre, Lucifer no solía mostrarse ante los demonios debido a todo el trabajo que debía cargar en aquel infierno, pero solo Luciel tenía sus ojos rojos, su cara y su furia todo de su padre, aquellos hermanos que tenía eran hijos de otras mujeres demonios, solo él era hijo de Lucifer y Lilith, rey y reina del infierno.
Aún así, Lykoy, Mors y Keves morirían bajo el mando de Lilith quien no quería bastardos que quisieran usurpar el trono de su hijo, pero Luciel los tomo bajo su tutela y los cuido convirtiéndolos en sus hermanos pero estableciendo una línea muy marcada con ellos.
-He oído rumores pero no creí que los confirmaría con mis propios ojos- Dijo Mors al entrar en los aposentos de Luciel
-¿Qué quieres?- Luciel lo miro, estaba furioso
-Padre quiere verte- Contesto Mors
Luciel frunció el seño, pero por dentro tenía miedo, -¿Y si lo descubrió?- Pensó Luciel, Aurora estaba en peligro y el no podría hacer nada, -Bien- Mientras Luciel se marchaba Mors se acerco a Bel
-¿Él está bien?- Pregunto Mors
-Nada que el futuro rey no pueda manejar- Contesto Aquel demonio, Mors solo lo miro, sabía que algo le estaba pasando y las señales eran muy evidentes pero por ahora solo se mantendría al margen se marchó sin más
Luciel se dirigió a la torre más alta y oscura los guardias lo observaban mientras Luciel caminaba hacia esas enormes puertas custodiadas por los sabuesos infernales se abrieron ante Luciel quien entró a aquel oscura habitación infinita y fría, miro hacia adelante y vio a un ser oscuro con dos enormes alas y cuernos, sus ojos eran rojos como la sangre, dirigió su mirada a su hijo.
-Tienes un aroma peculiar- Dijo Lucifer, el corazón de Luciel latió con fuerza, intento mantener la calma
-Mate varios humanos- Dijo Luciel mientras apretaba con fuerza sus puños
-Has ido mucho al plano terrenal.
-Quiero conocer el plano que gobernaré.
-Así que aceptas gobernar el plano terrenal.
-Si.
-Luciel, tu nombre proviene del mío, eres mi sucesor.
-Lo se padre.
Lucifer camino hacia Luciel y coloco su mano en la mandíbula apretando las mejillas de Luciel y clavando sus uñas en sus mejillas, -¡No seas idiota, no te forjará la grandeza y la fuerza, lo ara el dolor y el miedo recuérdalo bien y conoce tu lugar!- A Luciel le era imposible controlar su corazón, -Respeta las reglas que rigen los planos o aquel ser desaparecerá ante tus ojos- Lucifer lo soltó, solo una palabra paso por la cabeza de Luciel, Aurora, -Lárgate- Al escucharlo Luciel se alejo lo más rápido que pudo de su padre las puertas se abrieron y las cruzo, mientras se cerraban lentamente escucho las últimas palabras de su padre, -No confíes en nadie- Luciel estaba sorprendido y las puertas se sellaron con fuerza, Luciel sabía de quienes hablaba, lo sabía bien.
Luciel estaba en aquel oscuro y frío pasillo su mente parecía un mar en caos, -¿Qué se supone que debo hacer?- Se pregunto Luciel, -Él ya lo sabe- Lucifer lo sabía todo, fue extraño pero lo sabía y aún así lo dejo pasar con una advertencia, Luciel fue a su aposento donde Bel lo estaba esperando.
-¿Lo sabe?- Pregunto Bel
-Si, lo sabe- Se recostó sobre su cama, -Dijo que ella desaparecería ante mis ojos.
La expresión de Bel se oscureció al escucharlo -Me recuerda al mito.
-¿De que carajos hablas ahora?
-En el infierno existen diversos mitos pero entre ellos uno destaca.
-¿Y cuál es ese maravilloso mito con el que jodes tanto?
-El amor entre un demonio y un ángel.
Luciel se sentó rápidamente sobre la cama y miro a Bel, -Cuéntamelo.