La tristeza

1654 Words
Un castillo de ilusiones fue lo que construimos, teníamos tanto que aprender el uno del otro pero la vida no me permitiría ser feliz, el mundo es despiadado y carnívoro, te arranca pedazos de tu cuerpo, comenzando con el corazón, desea verte llorar y sufrir, si… es justamente lo que me está haciendo a mí. El día es como debería estar en esta situación, las nubes negras, cargadas de agua suenan una y otra vez, una tormenta se avecina, la más fuerte jamás vista. En mi mano una rosa blanca se tiñe de rojo, la presión que ejerzo sobre ella hace que las espinas se claven hasta mi alma, no hay llanto, no hay dolor, solo un sentimiento de soledad y abandono me alberga. ¿Por qué? La misma pregunta me la hago una y otra vez, no entiendo qué maldición tengo sobre mí para que la felicidad no se me conceda, por lo visto no soy digna. Los rostros de los presentes son sin expresión alguna, el color n***o se confunde con la oscuridad del día, a lo lejos veo a mi hermana, ella llora al verme, ha pasado tanto tiempo que casi no la reconozco, ahora es una mujer. A su lado mi padre y la baronesa, ella como siempre tratando de sobre salir, su vestido que aunque es n***o es muy indecoroso para la ocasión. Escucho los susurros, soy la viuda negra, todos dicen que será de mí ahora, ya soy una mujer sin valor marcada por la tragedia, que crueles son, hoy sepultó a mi esposo, su cuerpo aún jo se enfría y ya todos hablan a sus espaldas. Dirijo mi vista al cielo, el viento helado mueve mi velo oscuro, siento como si Andrés se despidiera de mí, un beso que indica que todo llegó a su final. -¿Papá volverá verdad?- escucho decir. -El se fue al cielo, Dios hizo su llamado.- -¿Ya no lo veremos más?- -No mi amor.- “Cinco años duró nuestro matrimonio, diré que fui feliz, quizás una falsa felicidad pues ahora me destroza el alma, Andrés me ha dejado como recuerdo un hijo el cual concebí en nuestra noche de bodas, Aarón es idéntico a su padre, un rubio de sonrisa encantadora que te alivia las penas, si es cierto que todos tenemos un propósito en la vida el de mi esposo fue enseñarme el mundo y darme un legado”. -Vamos a casa.- menciona el Duque.- Un puñado de tierra negra lancé sobre el féretro de mi esposo, una sonrisa amarga que las lágrimas cubren. -Gracias por todo esposo, nos veremos en el paraíso.- mencioné Ahora solo queda seguir con nuestra vida, la cual no sé cómo será, desde que me casé abandoné el reino, habíamos decidió vivir nuestra propia vida lejos de las responsabilidades. Andres se esforzó por llenarme de conocimientos, fue un esposo devoto aunque había mencionado que seguiría con sus aventuras, soy testigo de su cambio, hasta el último día me amo solo a mi. Pero una maldita enfermedad tenía que arrebatármelo, sus años de exceso y descontrol había afectado su hígado, cuando los doctores lo descubrieron era muy tarde, Andrés falleció a los 26 años, era joven aún, tenía una vida por delante. Las puertas de la gran casa se abrieron, todos los empleados bajan su cabeza al verme llegar, soy la viuda Reinols, una mujer con 21 años que perdió a su esposo, en una situación como esta solo me queda vivir de la caridad de los Reinols pues no soy digna de ser desposada por otro hombre, tampoco se me permite ser solo baronesa y encargarme de mi casa, siempre debe existir un hombre a mi lado. -¿Aquí viviremos?- mencionó Aarón asombrado, era la primera vez que veía la casa paterna, también hoy conoció a su abuelo el gran Duque, del cual debo decir que ya está avanzado de edad.- -Querido nieto, eres bienvenido igual que tú madre a esta casa.- Las empleadas me llevaron a la que sería la habitación de mi hijo, era la que alguna vez fue de Andrés, a mi me asignaron una más grande, según mencionaron yo era la señora de esta casa por el momento, algo que no entendía. -Mamá todo está hermoso, no sabía que pertenecíamos a la nobleza.- -Tu abuelo es un Duque, el más importante de este reino, todo lo que ves aquí te pertenece.- Aarón revisaba cada mueble de la habitación, también su armario y caja de juguetes, quería ver que todo estuviera aquí. -Mi señora, el Duque desea verla en su despacho.- escuché a una mucama hablar.- -Hijo mío quédate aquí, en un momento vuelvo.- -Si madre.- Abandone su habitación iniciando la ruta hacia el encuentro con el Duque, habían sido tantos años lejos que casi no recordaba su rostro, lo poco que sabía de este reino era por medio de las cartas de Bea, ella siempre ha sido mi mejor aliada. Las grandes puertas doradas se abrieron, hice una reverencia de agradecimiento a su personal e ingrese, el Duque estaba sentado en su silla, habían tantos documentos que requerían su atención. -Me ha llamado mi Lord.- mencioné -Así es Elizabeth, por favor toma asiento que debemos hablar.- Me senté como lo indicó, una taza de té dejaron a mi lado, yo la tomé agradecida, creo que no había comido nada en un día. -Por mucho tiempo estuve enojado con mi hijo y contigo, no entendía por qué no quisieron regresar de lo que sería una luna de miel, siempre me enviaba cartas y tenía una misma respuesta, ahora entiendo el por qué.- -Mi esposo deseaba una vida lejos del yugo de un título y responsabilidad.- -Es lo sé, pero había algo más, él siempre deseo una vida buena para ti Elizabeth, sabía muy bien que tú no querías estar aquí.- -Soy consciente de eso y mi disculpo si eso alejo a su hijo de su amor.- -No son las condiciones que desearía para tenerlos aquí, anhelaba a mi hijo a mi lado, sé que era el menor y su linaje no era tan puro pero lo amaba como a ninguno.- La voz del Duque flaqueaba, podía ver como su mano temblaba, el dolor que sentía por la muerte de su hijo lo estaba mortificando. -Por favor perdóneme por nuestra ausencia estos años, no debimos ser tan injustos con usted.- -Eso no importa y no hay nada que perdonar por qué mi hijo era feliz, cada una de sus cartas mencionaba lo afortunado que era, me daba gracias por traerlo a la vida y darle todo, pero al terminar las cartas decía que la decisión de casarlo con la hija de los Mayorga había sido el mejor regalo que un padre pudo darle a su hijo, él estaba seguro que yo lo amaba más que a ninguno.- Mis lágrimas salían sin poder evitarlo, ese era Andrés, un hombre que no negaba sus sentimientos, era capaz de expresar lo que sentía sin temor a nada. -Cuando estaba en sus últimos días me envió una carta final, él me preparaba para su despedida, pero si te soy sincero todas las frases decía lo mismo, protege a mi esposa y mi hijo, yo le juré que lo haría, así que por eso estas hoy aquí.- -¿Qué desea de mí Duque?- -Te quedarás en esta casa y la dirigirás como si fueras la Duquesa.- -Pero ese es el título de su esposa.- -Sabes que Leila jamás lo tendrá, nuestro matrimonio no es convencional.- -Aún así ella tiene el derecho, yo solo soy la viuda de su hijo menor, una baronesa.- -Y seguirás teniendo ese título ante la nobleza, solo te pido que dirijas el lugar, ya no puedo hacerlo yo, poco a poco mi vida se está apagando.- -Mi lord, ¿qué hay de sus otros dos hijos?.- -¿Qué pasa con ellos?- -Bueno es sabido que el mayor al casarse será el nuevo Duque y su esposa la Duquesa ¿aún no encuentra pareja?- -Así debe ser pero no creo que pase; Bernardo y Rafael se dedicaron a luchar por el reino, todos los días siento miedo de que llegue una carta diciendo que cayeron en batalla.- -Aún así hay una esperanza de que vuelvan.- -Quiero aferrarme a esa esperanza pero debes ser consciente que si ellos fallecen, mi nieto será mi heredero, debo prepararlo para eso ¿lo entiendes verdad?- -Lo entiendo mi Lord.- -Ahora Hugo te mostrará el manejo de la casa, quiero que seas tú la encargada de absolutamente todo, se muy bien que tu corazón al igual que mío está muriendo por el dolor pero, es mejor que encuentres una distracción para llevar la agonía.- Abandone el despacho del Duque con mil preguntas en mi cabeza, jamás pensé que tendría tal responsabilidad, ¿manejar una esta casa? Es como tener un mini reino, estoy seguro que hay más de 200 personas a cargo, sé que el Duque me brinda esta responsabilidad por la memoria de Andrés, los dos sabemos que una viuda queda en el olvido en este reino, son muy pocos los hombres que desposan una, lo hacen solo por títulos y fortunas. -Mi señora por favor sígame, le indicaré todo lo que respecta al cuidado y manejo de esta casa.- -Si.- “Un nuevo inicio para mi hijo y para mi, sé que no es la vida que anhelaba pero debo asumirla, cada que me resisto a algo resulta mejor de lo que pensé, empezando por el matrimonio, moría de pánico el día que ante Dios dije acepto, pero eso me llevó a tener cinco años de felicidad y un pequeño hijo que amo con toda mi alma, tomaré este cargo por la memoria de mi esposo, también le daré lo mejor a Aarón, si él ha de ser el gran Duque yo lo apoyaré, que el destino se apiade de mi.”
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