Por increíble que parezca Beatriz había traído mi vestido pero no fue del todo amable, al revisarlo noté que las costuras estaban rotas, los adornos de su pecho estaban destrozados, no tuve más opción que llorar por un rato sobre el, no entiendo que le pasó a mi hermana, esa niña buena que corría por la casa, ahora es una copia de Alicia. Estoy en el balcón, el viento pega con fuerza, no quiero bajar a desayunar, no quiero ver a nadie. -Elizabeth.- escucho, me doy vuelta para ver a Rafael, él intenta caminar por mi habitación, veo como pone sus manos para no chocar.- -Se que estás aquí, siento tu olor.- Respiro profundo, seco mis lágrimas y fui por el, lo tome de una mano para llevarlo hasta el sofá. -¿Qué haces aquí Lord?- pregunté -Te espere en el desayuno, ¿por qué no bajaste?-

