Más y más tragedias

1282 Words
La visita a a casa de mi padre casi se ve empañada por los constantes comentarios de Alicia, viven mejor que nunca con la mesada que le entrega el Duque, pero ella quiere más. Yo solo espero que con la llegada de esos hombres no se complique todo, solo quiero vivir tranquila con mi hijo, no pido más. -¿Dónde estabas? Seguro buscando marido.- Ya no sé dónde ir, en mi supuesta casa me ofenden y llego a la del Duque y Lady Leila está lista para soltar su veneno.- -No me hace falta ¿desea que lo haga?- -Por supuesto, así te marcharás de aquí.- -¿Y quien se hará cargo de la casa?- -Yo por supuesto.- -Sigue soñando Lady.- Pasé a revisar mis pendientes, el Duque me asignó mi propio despacho así que ahí pasaba la mayor parte del tiempo. Había llegado el primer día de clase, mi pequeño hijo iría al instituto, fui personalmente a llevarlo a la puerta, todos llegan con sus guardias, pero Aarón llegó con su madre, un beso en la frente y miles de deseo de fortuna llevaba en esa pequeña maleta. Los días de ir al pueblo eran contados así que los aprovechaba al máximo, siempre me escapaba un momento para ir a la biblioteca, un amigo lector siempre me esperaba. -Príncipe.- mencioné recorriendo los grandes estantes, hoy vendría por un libro nuevo.- -Elizabeth, pensé que no vendrías.- -Debe disculparme pero me es difícil salir.- -Lo sé, hoy que me recomendaras.- mencionó saliendo, por fin se dejó ver, siempre me divertida ver las prendas que usaba, trataba de pasar por clase baja pero la elegancia a la hora de hablar lo delataba.- -Hamlet, ese será tu libro para hoy.- -¿De qué trata?- -Básicamente de un príncipe que viene a cobrar venganza por qué su tío mató a su padre y se casó con su madre.- Mencioné entregándole el ejemplar.- -Ya me lo contaste, no sé para que quieres que lo lea.- -Quiero que entiendas el trasfondo de esa historia, la complejidad de los humanos, como luchamos con lo que es inmoral, la venganza y nuestra identidad, después me agradecerás.- -Bien, lo leeré, siempre me recomiendas libros buenos.- Recorrí el lugar un par de minutos hasta que encontré algo de literatura para mi, como es de saberse una dama no podía leer ciertos temas así que usaba el nombre del Duque, ojalá me perdone. -¿Cuando te veré?- -Al finalizar el libro que te veré y me darás tu reseña.- -Entonces lo terminaré rápidamente.- -¿Por qué tanta prisa?- -Para volver a verte.- -Harás que me sonroje.- mencioné -Juegas conmigo, eres la mujer más ruda que he conocido, ni siquiera ofreciéndote mi biblioteca real accedes a darme una cita.- -Sabes que no está bien que nos vean juntos, dañaría tu reputación Ian.- -Me encanta cuando me llamas por mi nombre, deberías hacerlo más a menudo.- -Podría morir ¿lo sabes?- -Yo no lo permitiría.- -Cuando seas rey podrás hacer tus leyes, por ahora evita llevarme a la horca.- -Eres una mujer difícil, lo bueno es que tengo paciencia, algún día seré rey y haré mis reglas.- -Se que si.- Mi tiempo había culminando, lo mejor era marcharme, no quiero que alguien nos vea y comiencen las habladurías, no negaré que amaba estos espacios, no habían etiquetas entre nosotros, éramos iguales. Volví a la casa del Duque cargada de lectura, era mi distracción, al finalizar la noche me sentaba cerca al fuego de mi chimenea, el sonido de las brazas ardiendo me acompañaba. Días, noches, semanas y meses, todos va pasando y ni cuenta nos damos, mi pequeño hijo que al principio estaba renuente de ir al instituto, ahora solo habla de ello, ha encontrado amigos y es muy feliz, yo por el contrario solo tengo un amigo, Ian el príncipe, aunque jamás podremos hablarnos y vernos en público. La puerta suena con fuerza, aun es de noche, no entiendo qué pasa. -¡Elizabeth! Debes levantarte.- Era Ruth quien entraba, la vi alistarme un vestido.- -¿Qué pasa?- -La caravana de los hijos del Duque fue vista entrando al reino.- -Así que ya vienen, mi querida Ruth es posible que hoy sea mi último día en este lugar.- -No digas eso, haz dirigido el Ducado muy bien, no creo que te hagan a un lado.- -Sabes que digo la verdad.- -Anda sal ya de la cama que el Duque te necesita.- Contra toda mi voluntad me puse de pie, un baño rápido con agua helada ya que no había tiempo de preparar la bañera, maldecía que llegaran tan temprano, solo llevaba dos horas de sueño cuando Ruth llegó. Me puse un vestido, Ruth recogió mi cabello y salí, todo el mundo ya estaba despierto, los escuchaba correr y gritar que estaban cerca, yo me dirigí al despacho del Duque seguro estaría allí. -Se te acabó tu reinado aquí, ya vienen los herederos.- mencionó Lady Laila pasando por mi lado.- Las puertas del despacho estaban abiertas, el Duque como siempre sentado en su silla, pensé que estaría feliz pero su rostro decía lo contrario. -Duque ¿sucede algo malo?- -¡Elizabeth! ¿Que haces despierta a esta hora?- -Bueno quien puede dormir con este ruido, me informaron que sus hijos vienen llegando.- -Así es, ya vienen.- -¿No está feliz mi Lord?- -Querida Elizabeth, es cierto que mis hijos vienen pero no como desearía.- mencionó con unas lágrimas salieron de sus ojos.- -¿Puede decirme que pasa?- ¡Ya están aquí! Escuchamos gritar. -Hija acompáñame a verlos, así entenderás por qué mi llanto.- Con cuidado lo ayude a poner de pie, siempre camina con su bastón, los dos llegamos hasta la salida, podíamos ver como los carruajes llegaron, al menos unas 20 personas venían custodiándola. Unos militares se bajaron de sus caballos, abrieron el carruaje más grande, de ahí bajaron un féretro, no entendía que estaba pasando, quién era el que estaba ahí. -Señor.- mencionaron los militares haciendo una reverencia.- -Mi hijo, mi pobre hijo.- mencionó el Duque, tuve que sostenerlo con fuerza para que no cayera.- -¿Qué está pasando? ¿Quién a muerto?.-mencionó Lady Leila.- -Presentamos nuestros respectos al padre del comandante Reinols, queremos decirle que lamentamos la pérdida.- Vi como ingresaron el féretro, después de otro carruaje bajaron a alguien herido, al parecer era otro hijo, todos corrían de un lado a otro, ayudaron a descargarlo y llevarlo a una habitación, el médico real fue llamado para una revisión. -¿Ahora entiendes mi llanto? Sabía que mis hijos venían en camino pero uno yace en los cielos, el otro se debate entre la vida y la muerte.- No me quedó más que abrazarlo, él lloraba como un niño desconsolado, que triste la vida del Duque, tres hijos, dos fallecidos y uno que está gravemente herido. Un año ha pasado desde que volví a este reino y solo he visto tragedia, siento como si mi vida está marcada, donde yo estoy alguien muere, supongo que las teorías de la viuda negra son ciertas, yo todo lo que toco fallece. -Confiemos que su hijo se recuperará, Dios no puede ser tan cruel con usted mi Lord.- mencioné ayudándolo a sentar, con cuidado le serví un té, hice que se lo tomara.- -Mi corazón ya no aguanta más, sé que pronto Dios me llamará, lo bueno es que me reencontraré con mi esposa y mis hijos.- Pasé por la habitación del herido, el médico ya había llegado y hacía su revisión, la cantidad de sangre que salía de su cuerpo era aterrador, yo solo pensaban en el Duque, pobre hombre con tan gran dolor.
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