Mi esposa estaba de vuelta, la mujer que amaba estaba aquí, solo ella sabe cómo entregarse en cuerpo y alma, sé que mi esposa no dimensiona cuánto la amo, lo importante que es para mí. Pero siempre algo debe alterar nuestra felicidad, mientras que tomó a mi esposa y calmó mi lujuria un intruso nos observa, el hombre que se obsesionó con mi esposa, un príncipe que está sumido en una oscuridad de la cual no desea salir. -Vamos a casa.- susurró Elizabeth Habíamos hecho un desastre en este despacho, no pensaba quedarme un minuto más aquí así que que rápidamente nos vestimos, tomé de la mano a mi esposa y comenzamos a correr, sé que la gente nos veía extrañados, pero no nos importaba. En el carruaje Elizabeth se sentó en mis piernas, yo pasaba mis manos por su rostro, me gustaba obsérval

